no mentalices

No soy monedita de oro. No soy la persona más inteligente que conocerás, ni tampoco la más pendeja. Me gustan mucho los libros, más de lo que puedo leerlos, y en ellos encuentro mis más grandes enseñanzas. No soy una heroína de telenovela, ni mucho menos una buenaza de portada de revista. Sin embargo tengo sueños, muy tontos quizá, pero esos sueños me sirven para tejer la red en la que me duermo todas las noches. Quizá hay muchas cosas que no entiendo o no quiero entender, pero nunca dudo en aventarme si me apetece. No creo que algo sea una pérdida de tiempo, a fin de cuentas, todo es aprendizaje. No cambiaría mi pasado, absolutamente nada. No me arrepiento tampoco, simplemente no vuelvo a hacerlo, pero de no haberlo hecho nunca hubiera obtenido la enseñanza. Una vez que empiezo a beber café no puedo parar, y sueño secretamente con una gran boda y aventar el ramo hacia atrás y cantar a la víbora víbora de la mar. Soy cursi, pero también soy una perra criticona (la mayor parte del tiempo). Soy un montón de libretas en blanco. Soy un montón de discos gastados. Soy muchas otras cosas que todavía no conozco y por eso casi no me pongo límites. Pero me exijo más de lo que puedo tolerar. A veces lloro en las películas, aunque últimamente me aguanto para que no se me corra el delineador. Quizá soy un personaje odioso, quizá uno muy ñoño, quizá uno muy débil. Pero nunca, nunca me evito (en la medida de lo posible) la oportunidad de algo. Me conozco, y sé que cuando quiero algo me lanzo a por ello. Aunque al final haya accidentados. Quizá está mal, quizá debería pensar mejor las cosas. Qué se yo, ahora es muy tarde, tengo mucho sueño y me siento triste. Es mejor no mentalizar.

when your day is done and you wanna run, cocaine

Hoy tengo muchísimo sueño, ni siquiera puedo mantener bien abiertos los ojos. Soñé que andaba de parranda, con la Prístina y Herr Boigen. Y alguien más que no conozco, y tres bolsitas de cocaína. Wtf. Sólo recuerdo estar jugando con las bolsitas de polvo blanco, luego subirme a un coche con los ya mencionados, luego mi casa, luego eran las 4 de la mañana y yo sentía como si fueran las 11 de un domingo, luego alcohol, luego mareo, luego la vida borrosa y despertar en mi cama a las 6.50 am con mi alarma cantando “there is no you, there is only me…”. Y la dificultad para levantarme, como si me hubiera ido de fiesta hasta muy muy tarde. Pero sin cocaína, claro, de otro modo no me sentiría así de fumigada. Arrastrarme a la regadera, y descubrir que el corte de cabello sí surtió efecto después de todo: necesito medio litro menos de acondicionador que lo que regularmente usaba. Lo malo es que ya no me llega a la cintura. Observaciones super interesantes y trascendentales para un miércoles por la mañana.

Así que mejor sigo tomando café.

bad haircut day

Todo iba bien, hasta que se me ocurrió gastar el último dinero que me quedaba en un corte de cabello. Ya tenía rato de no cortarlo, como desde… mayo, no sé. Así que fui con “mi” estilista (la que me hizo el cabello magenta y los churros el día de mi cumpleaños) y bueno, confié en ella como en la primera vez. Pero no sé si es cuestión de humor, de clima o de quién sabe qué esotéricos factores para que el corte quede bien.

Y la verdad es que no quedó mal. Quedó… igual. Excepto por mi fleco punk-emo (a falta de mejor manera para describirlo) incesantemente sobre mi cara, haciendo una curvita ridícula hacia el exterior de mi rostro. Ughh. ¿Por qué es tan complicado? Sólo quiero un cambio de look, nada excesivo, algo que no me quite el largo del cabello pero lo haga más manejable y con piquitos y que le pueda poner mus, etcétera. Pero no. Queda un corte desparpajado, un entresacado salvaje y un kilo menos de cabello logrando absolutamente… nada de cambio. Lo peor es que no lo secó: lo dejó húmedo esponjado, onda si le metes los dedos se te enreda y si le pones mus queda seco y duro. Me quedé viendo mucho tiempo al espejo, pensando cómo arreglar el caos. Para mí el cabello es muy importante, y claro, un buen corte es esencial. De tanto que me quedé viendo al espejo, descubrí que el maquillaje se me hace grumos en el párpado, que si no lo cuido el delineador se mete en el lagrimal, que ya necesito sacarme la ceja y que por alguna razón mi cutis se ha vuelto reseco en algunas áreas y más propenso a los barritos en otras. Conclusión: never ever again cortarme el cabello. Es sólo caos.

domingo rendidor

Ayer vi una película chida, Sympathy for Lady Vengeance. El director es Park Chan-Wook, el mismo de Old Boy. Vi Old Boy con una inquietante compañía (ajá) un día de mucho frío, el día que tocó Pearl Jam en el Fundidora y justo esperaba entrar a la función cuando tocaban “You’ve got to hide your love away”. El punto es que Old Boy me gustó mucho, pero Lady Vengeance me gustó más (o Señora Venganza, como le pusieron en español). La estructura narrativa es harto interesante, lo mismo que los ambientes y el uso de los colores, las figuras geométricas, los contrastes, etcétera. Definitivamente me gustó cómo está construída; la historia es buena -a veces muy fuerte, a veces trágica, a veces cómica. Y el personaje principal me cae muy bien. Al principio estaba un poco perdida, porque aparenta ser una película lineal con muchos huecos, hasta que empezamos a dar saltos, claro. Pero el acomodo no es, para nada, aleatorio como muchas de las películas que se jactan de ser “para pensar” o de “tramas complicadas”, o el socorrido punto que une diferentes historias.
Acabo de leer dos libros: La habitación secreta, de Emiliano González, y The wolves in the walls, de Neil Gaiman y Dave McKean. El primero llegó a mí por una de esas “casualidades” de la vida, y resultó ser muy interesante. No es un poemario, no es un libro de cuentos, mucho menos una novela. Es un universo distinto, es completar una historia o una sensación sin fijarte mucho en las estructuras ni en los géneros. Me gustó mucho. Y es brevísimo, fue como darme un respiro.

Del libro de Gaiman y McKean qué puedo decir: el primero es uno de mis escritores favoritos*, y el segundo es mi ilustrador favorito. Se trata de un libro para niños nada ordinario, con una historia nada ordinaria y deliciosamente presentada. Les invito a revisar la página.

Seguiré leyendo a Toscana. No me está gustando mucho el libro, aunque está muy bien escrito, y la prueba es que he tardado demasiado en leerlo. Como el libro de la Jelinek, que empecé hace más de un año y todavía no puedo terminar, ni terminaré nunca, por lo visto.

*Aunque sólo le he leído novela gráfica, sus novelas no-gráficas me dan huevita. Excepto Coraline.

nostalgia

Hoy hace un clima hermoso. Es el tipo de clima en el que mi gato busca recostarse contra mis piernas, debajo de las sábanas. Es el tipo de clima que te hace tener sueños profundos, en el que la comida te sabe mejor, en el que puedo levantarme  de la cama envuelta en sábanas y comer cientos de rebanadas de pan con nutella (y al mismo tiempo acordarme de aquella vez que me disfracé de Lisistrata para una obra en la escuela… dos veces fui Lisistrata, ja).

Pero también es el tipo de clima que me recuerda mis ciudades perdidas. Porque da la casualidad de que todas *esas* ciudades, las visité en invierno. O con lluvia, o con nieve, pero nunca con calor de 37 grados centígrados. Parece hecho a propósito, pero no. Madrid en invierno me resultó hermosa y perfecta, así como Praga con nieve, o Roma con lluvia o París con viento helado, o incluso Halifax, que a pesar de ser verano, para mí era como un otoño verde con el viento, la lluvia, el cielo nublado y el mar. Hay otras ciudades y otros recuerdos que siempre incluyen chamarras y bufandas y paraguas.

De unos años para acá, siento que la vida continúa en otro lado.  Que me encuentro dividida entre el querer quedarme como una persona “normal” y seguir echando raíces en este desierto, o querer irme a otro lado -no sé a dónde. Siento como si mi destino inevitable fuese irme, porque todo lo “normal” que quiero que pase no ocurre y mi vida da los twists más extraños cuando ni siquiera los estoy buscando. Así que en esas seguimos. Entre irse y quedarse pasa el día; mientras el aire frío entrando por la ventana y yo en una ciudad que hoy me es completamente ajena.

de canciones

Y claro, tenía que hacer esto que todo mundo está haciendo en sus respectivos blogs: el cuestionario que se responde con nombres de canciones de un mismo artista. Y por supuesto, como era de esperarse, elegí a Bunbury.

¿Eres hombre o mujer?
Luna

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Canto (el mismo dolor)

¿Qué sienten las personas cerca de ti?
Distinto

¿Cómo te sientes?
El aragonés errante

¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?
Los restos del naufragio

Describe tu actual relación con tu novio
Algo en común

¿Dónde quisieras estar ahora?
¿Dónde estás?

¿Cómo eres respecto al amor?
Con el alma en los labios

¿Cómo es tu vida?
Un poco de juego

¿Qué pedirías si tuvieras sólo un deseo?
Sácame de aquí

Escribe una cita o frase famosa
Que el amor no admite cuerdas reflexiones

Ahora despídete
Que tengas suertecita