vampiros en la playa

El gótico se mezcla con todo (aparentemente). Yo pensaba que las gothic bellydancers era como ya el límite de lo mezclable (pregunta: ¿qué tiene que ver un derbake con Laibach?) pero esto es completamente inaudito: un crucero gótico. El crucero le incluye: VNV Nation tocando en vivo (por siete noches… o sea qué pedo), dos fiestas de barra libre, venta de chucherías góticas, libros, maquillaje, pasarelas de moda gótica, dj’s, y noséquémás. Lo chistoso: el barco tiene capacidad para cerca de 3 mil 700 personas, y al crucero gótico sólo van 600. ¿Y el resto? Deambulando por ahí.
También puede usted adquirir un camarote (¿o cuarto?) con balcón, agradablemente rosa. Para que su ropa de cama (negra) contraste feliz y armoniosamente.

cuarto con balcon

No olvidar llevar al crucero: 3 litros de bloqueador del 50, bikini victoriano y sombrilla de velo.

start the play

Tengo espejos de nuevo (lindo, muy lindo). Tengo las mejores chanclas del planeta (rojas con diamantina). Tengo hueva (mucho, mucho sueño). No hay muchas novedades, la nieve de yogurth que me comí hace rato sabía igual de rica que siempre. Mientras la comía vi un choque muy tonto, de esos por alcance. A la camioneta que frenó no le pasó nada, al tsuru que se embarró seguramente sí. La camioneta huyó (casi le dijo “lero lero” al tipo de atrás) y el tsuru blanco la siguió -inultilmente, supongo. Esto propició una reflexión más o menos profunda acerca de la naturaleza de las reacciones, y por qué la gente es tan grosera. A mi me molesta ser grosera con los desconocidos, ergo, me molesta que los desconocidos sean groseros conmigo. En un medio como este, en el que no se choca pero se está tan expuesto, sucede muy a menudo el insulto anónimo, la crítica sin fundamento, el juicio anticipado. Y claro, uno tiene la culpa por estar desnudando sus sinapsis así como así (ya sé que las sinapsis no se desnudan, y tampoco constituyen el pensamiento, pero pensemos metafóricamente) y exponiéndolas cual plato de carne cruda en charolita a la venta. El asunto es que yo creo en esa frase cursilinda de Gandhi que dice que tú debes ser el cambio que deseas ver en el mundo.
Llámenme idealista, al menos MI mundo es más hermoso si creo que estoy haciendo las cosas como Dios manda. Me fui de algo muy particupar a algo muy general, lo sé, pero resumiendo es eso, ahí está. Nomás hay que pensar en el karma. (Me acordé de la hija de un amigo que se llama Dharma, y me acordé de Karmita, la hija de ese padre hippie que salía en un cómic que no recuerdo cómo se llama…). El punto es: la nieve de yogurth sabe chida, y las reflexiones en torno a ella pueden o no carecer de fundamento, pero si ocurre un choque como este, el ejemplo fundamenta la reflexión.

O sea: tengo sueño y ya debería irme a dormir.

la vida sin mirar atrás

Le robaron los espejos al coche. Es difícil manejar sin utilizarlos cuando uno está tan acostumbrado a ellos, pero bueno. La impotencia, el coraje, el horror. Lo peor del caso es que los venden a media cuadra de mi trabajo, en ese redondísimo negocio donde también los roban. En peligro vaya y encuentre justo los míos.

zapatos viejos

El sábado fui a una boda. Luego de hacer malabares con las tres garras que tengo de ropa decente, encontré una combinación que me hizo feliz, pero que incluía dos elementos de uso bajo riesgo: la falda del vestido de mi graduación de prepa (long long time ago) y los zapatos que iban con ese vestido. Milagrosamente (o ni tanto, quizá un poco para mi desgracia), el vestido todavía me queda. El corsé un poco corto (supongo que crecí) pero de engordar, nada.
Primero se le cayó el botón a la falda, pero realmente eso no representó mayor problema. Ya iba yo muy ajuareada y acompañada de un hombre bastante decente (tan decente que hasta mi perra lo desconoció) y bueno, la noche pintaba para estar bien. Saliendo de la misa ocurrió el primer desperfecto: se despegó la plataforma frontal del zapato. No puede ser. No podía caminar, y todavía ni siquiera llegaba a la cena.
Mi hombre decente corrió a comprar un tubito de kola loka (¿así se escribe?) y en el coche intenté arreglar el desperfecto, que aparentemente tuvo compostura. Al llegar al lugar de la fiesta y apenas bajando del coche se rompió el otro zapato. No puede ser. Seguí avanzando, ya mucho más enojada e histérica (no se me dificulta, créanme) cuando de pronto, el primer zapato fallido se rompió de nuevo. Esto tiene que ser un chiste. Ambos zapatos destrozados, y todavía ni siquiera entraba al salón.

ex-zapatos
Evidencia no. 1

Así que llegandito a la mesa, decidí deshacerme de los zapatos y andar descalza toda la noche. Y así fue. Así bailé, fui al baño, caminé por ahí y al final, me sacaron en brazos -no, no por borracha, aunque hubiera sido divertido. De camino, nos encontramos con el pedazo faltante de mis zapatos, ahora abandonados debajo de la mesa de una boda.

evidencia no. 2
Esta es la evidencia no. 2

Supongo que es un círculo que se cierra: esos zapatos los usé el día de mi graduación de prepa, y era justo que se desbarataran en la boda de mi amiga de prepa. Y yo, descalza.

tarán
Fig. 3 Pie descalzo.

in the flesh

El concierto de Roger Waters estuvo, como diría el buen CC Kid: BRUTAL. Así, nadamás.

Pero yo sí extrañé a David Guilmour*.

*Recordé el comentario simpático y pendejón que puso el reportero de El Norte en la nota de hoy: “una de las sorpresas del concierto fue Waters haciendo dúo con una corista en “Mother”, cuando esa canción en su versión original la canta solo”. WTF.