ozzy sez:

Ozzy rules!

1) I am almost ten years old. I am not a “kitten”.

2) You will bring me three of those delicious yoghurt you give me every morning.

3) The length and relative pointy-ness of my claws is just fine as they currently are.

4) You will pet my forehead and ears, gently front to back, until I indicate that am ready for you to stop. This should not be difficult for you to interpret, even considering the limited capacity for language that your species possesses.

5) You will remain quiet, still, and warm for a period of time not less than 30 minutes, and not more than 90 minutes.

6) Yes, OK. I love you. Just so. What? You… [sigh] must I always…? Oh, very well: Prrrrrr.

7) I believe one more yogurth or glass of red wine treat is in order.

Texto de acá. Gatito es mío, no se lo roben :P

hoy estoy enfadada

Si bien hay una característica que me define la mayor parte del tiempo, es que soy una amargada, pero no lo soy de manera gratuita. El problema más grande que he tenido que enfrentar desde que tengo uso de memoria es la intolerancia, en muchísimos niveles (nota que no viene al caso: como me quemé ayer el dedo en el comal -el cordial de la mano izquierda- se me resbalan las teclas, jiji).
Recuerdo una vez que quise ser voluntaria en una asociación de la cual no recuerdo el nombre, pero se dedicaba a organizar círculos de lectura entre alumnos de secundarias de escasos recursos. Me encantó la idea y estaba dispuesta a poner parte de mi biblioteca para tan noble causa. Pero oh sorpresa, la tipa que organizaba el evento me dijo “pero no puedes ir así con ese cabello rojo, te lo tienes que pintar”. Si yo hubiera sido un poco más grosera, le hubiera dicho “píquese la cola, vieja malagradecida”, pero en lugar de eso abrí muy grande la boca haciendo un gesto de “wtf?” y le dije: lo siento, pensé que lo que necesitaba era una persona dispuesta a regalar su tiempo y sus libros sin recibir nada a cambio más que la satisfacción de estar haciendo algo bien. Y abandoné la oficina.
Ejemplos como estos tengo cientos, miles, millones. Como cuando me corrieron de la prepa donde daba clases, como cuando me pusieron peros para contratarme en otra prepa (es que tengo dos aretes en una oreja y tres en otra… son mini arracadas, no son expansores ni nada llamativo) y tal pareciera que el color del cabello y/o la cantidad de perforaciones en el cuerpo influyen grandemente a la hora de demostrar brillantez.
Se me ocurren tantas cosas qué decir al respecto. Pero cuando trato de ser un poco más concisa, y si me esfuerzo un poco, en mi mente se proyecta una sola palabra escrita en mayúsculas y con luces brillantes: TOLERANCIA. A mi no me importa si tienes el pelo largo o te rapaste, si eres gordo o flaco, si eres del color que sea, si eres vegano (me da hueva su filosofía, pero eso no significa que no los voy a aceptar como son), si eres chairo (idem), si eres ateo o wicca. No me importa si eres swinger, si eres de la nacionalidad y de la ciudad que sea, si no puedes ver o no puedes caminar, si eres gay o eres bi o eres trans. El valor de una persona radica precisamente en que es PERSONA, única e irrepetible, valiosa e importante. Eso sí, no tolero conductas dañinas ni antinaturales: gente que golpea, mata, ataca a seres indefensos (como animales), contamina deliberadamente, está rodeado de oro y no da un puto centavo a caridad. Esas cosas (que no son personas) no merecen respeto sino todo lo contrario, que se ataque abiertamente su falta de integración a la sociedad, ese ente mítico en el que -se supone- todos debemos convivir en armonía.
Me molesta, y esto ocurre con relativa frecuencia, la gente que critica sin saber. Es muy del mundo de hoy, criticar ciertas personas físicas o morales, sólo porque está de moda. Nos tapamos un ojo, y como un miope haciéndose un examen de la vista, vemos un ganchito y ya estamos seguros de que es una G, o una C, o una R, todo depende del ojo con que se mire. Lo interesante es que ni siquiera nos molestamos en comprobar nada, vivimos un eterno teléfono descompuesto a través de blogs, de noticieros con reporteros mediocres, de periódicos amarillistas y llenos de anuncios (con lo que sacan de pura publicidad, el periódico bien podría ser gratis y todavía tener ganancias).
Matamos día a día haciendo aseveraciones sobre temas de los que no tenemos la más remota idea (¿quién dijo que todos podíamos opinar? estaba tan equivocado), acuchillamos a lenguetadas, gastamos saliva y dañamos a los que nos rodean. ¿Y cuál es el maldito punto? Quejarse por quejarse, hablar por hablar. Es más, hasta tenemos nuestros blancos favoritos; se me ocurre por ejemplo la iglesia católica. Que la han cagado, sí, sí, que la inquisición, sí, también, que el aborto, sí. Nadie ha dicho que sea perfecta, y nadie niega que cometió muchos errores y se siguen cometiendo (y cito, “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, o si quieren, “en todos lados se cuecen habas”. Pero nadie sigue hablando de las cacerías de brujas en las que murió más gente que en la inquisición… ah, es que esos no eran católicos, cierto).
Pero POR FAVOOORRRR, la gente se escandaliza con los “nuevos” pecados, que para empezar ni son nuevos y para seguirle ni son capitales. He leído infinidad de textos que los colocan al mismo nivel que los pecados capitales y NO son lo mismo. No hace falta ser católico, sólo tener un poquito de cerebro para adentrarse en textos bíblicos básicos y darse cuenta de que todo siempre es lo mismo, pero con diferente forma. Los tiempos cambian, las conductas y las redacciones también. Sólo piensen en aquél mandamiento que dice “no desearás la mujer de tu prójimo”: ni modo que sólo aplique para los hombres y las lesbianas. Duh. Las cosas son así de obvias, pero NOOOO, hay que hacer escándalo, hay que poner fotos de Ratzinger en todos los blogs, hay que decir “¿cómo se le ocurre?”. Señores, newsflash para ustedes: nada de esto es noticia nueva. Por favor, continúen en su lucha por un mundo mejor y bien informado, y por el bien de su misión dejen el tema por la paz.

Quizá, querido lector, usted me haya perdido el hilo. Quizá, y me disculpo. Quisiera retomar entonces la idea de la falta de tolerancia hacia todo y hacia todos. Otro ejemplo. Hay un blog que me encanta, que me divierte, que me da mucha risa. Hasta que hoy me topé con esto:
“Cuando estaban en su mero auge la colecta para el seminario (¿cómo se atreven?, ¿cómo osan a pedir dinero para los seminarios? Es como si dijeran: adopte a un pederasta…) el adolescentito que acercó su bote recolector a la ventana de mi coche se quedó de una pieza cuando le dije: “ni creas que daré un peso para seguir formando violadores de niños…” El chico me miró como si le estuviera hablando en arameo (ojalá supiera yo arameo, qué lujo). Incrédulo me increpó: “ahhhhh, ¿a poco?” Y soltó una risita socarrona. Y le dije: “no me creas, pero así de tu rodada les gustan a los padrecitos, así que aguas, váyase con el traserito pegado ala pared”. Y entonces avancé. Si no salvé un alma, espero no haber alentado una nueva vocación. Carajo…”
Me da tristeza. Y esto va más allá de que no podemos afirmar que el 100% de los sacerdotes sea pederasta, ni siquiera el 50%, y quizá ni siquiera el 10%. Es un ejemplo clarísimo de una falta de respeto, de tolerancia, pobre chavito él qué culpa tiene de lo que piense la chava. Ella es libre de creer lo que quiera, pero el chavito también. Y si él quiere hacer colecta para el seminario, que lo haga, y si no quieres dar, no des. Tengo amigas cuyas creencias espirituales están basadas en el wicca, y para mi el wicca no es una verdad universal pero para ellas sí, y las escucho con respeto y presencio sus ceremonias con respeto y hasta las acompaño en algunas fiestas. Que hay pederastas wicca sí, que hay violadores wicca sí, la religión -desgraciadamente- no siempre es el ingrediente definitorio de una conducta socialmente aceptable. Y ni siquiera defiendo al 100 de la población católica que conozco, mi queja y mi enfado va a una actitud en particular, no a una elección de religión.
Puede ser religión, color de cabello, género, cualquier cosa que ustedes quieran. No porque tenga amigas lesbianas con hijos yo estoy pensando en que se van a ir al infierno en todo momento, ni llego con biblias y rosarios en las manos. No. Porque el criterio es incluyente, somos una sociedad cambiante, carajo. Y así, con sus razas urbanas, con las preferencias de vestimenta, sexo o religión, todos vivimos en el mismo pedacito de tierra. Nada, pero nada nos cuesta aceptar y TOLERAR a los que son diferentes a mí.
Recuerdo otra anécdota: cuando mi directora de carrera no estaba muy segura de recomendarme para una beca a Madrid porque -otra vez- tenía el cabello rojo. Finalmente me la dieron, pero antes de irme me pidió que por favor no me llevara esas espantosas botas de plataforma y con hebillas. Cuando le dije que ya estaban en la maleta me dijo, bueno, al menos píntate el cabello de negro.
Y podría seguir y seguir. Y cuando me pasan cosas como esta, me da coraje, y me pongo a pensar en cuánto me caga la gente de cerebro chiquito -no ustedes, mis amados lectores, ustedes son otra cosa. Porque me entienden, porque los quiero con todo y sus críticas y sus porras, porque sé que no les da miedo la diversidad. Me refiero a la gente que no puede aceptar la diferencia, cualquiera que sea la forma que tome.
Bueno. Estoy cansada. Es tarde y me tengo que ir a dormir. La conclusión se las dejo a ustedes, pero eso sí: no voy a contestar, es más, no voy a dejar publicados comentarios de agresión, ni tampoco nada que hable de la iglesia -helllooou, búsquense otro tema. Hoy no queremos agresión. Hoy quiero un abrazo comunitario virtual, y la promesa (los que quieran hacerla) de que en serio tenemos que hacer de este lugar un lugar más habitable y pacífico. Namaste.

i love you to death

Pues las cosas no sucedieron exactamente como esperaba… en eso del showbiz nada sale como está planeado, te enojas, te desesperas pero una vez que estás arriba del escenario te olvidas. Puntos extras para mi manager el Piantao, que soportó estóicamente (al igual que mi hermana y su amiga-attachment) los retrasos de horas, las mil vueltas y la histeria.
De las dos presentaciones, esta fue la que me gustó mas. En expo tatuaje no pudimos usar el fuego por una tontería, pero bueh, qué se le hace.
Recuerden que es mi primer solo (o sea, sin banda de backup, sino que yo solita soy el chow) y fue muy, bastante improvisado, jiji. Espero les guste :)

La canción se llama “I love you to death” y viene en el más reciente disco de London After Midnight. (Ese “toma dos” que se escucha es del menso de Duque. Lo dejé porque… pos porque me dio flojera quitarlo, jaja).


nunca desprecié una causa perdida. nunca negaré que son mis favoritas.

El último post de LG, autora de nuestra blognovela Ciega a citas, me hizo pensar. Por una parte tiene la seguridad, la tranquilidad y el aburrimiento de un hombre llamado Ezquiel, que no le excita ni un pelo pero puede, como quien dice, “dormir con los dos ojos cerrados”. Por otra, tiene al encantador pero peligroso Matías, que además de ser un hombre inteligente y simpático, es guapo.

(spoilers de la historia a continuación)

Si no fuera por la cagada de Matías en la fiesta de año nuevo, creo que ambos seguirían juntos. Esto es bueno porque la historia tomó un rumbo completamente inesperado y a todos sus lectores -me lo imagino- nos hizo abrir mucho los ojos y llevarnos la mano a la boca en un gesto de ¡OH!. Es malo, porque ahora muchos de nosotros estamos tratando de convencerla de que le dé otra oportunidad, se nota que le encanta y es puro orgullo el que no le permite aceptar que debería estarle haciendo caso a Matías. No porque Ezequiel sea malo sino porque… es plano. Aburrido. Asexual. Es bueno, sí, pero más por la inactividad que por una verdadera constitución de bondad.
Esto me llevó a pensar en mis propias decisiones. Siempre he elegido al que me hace volar, al que me sacude, al que me golpea (metafóricamente), al que me saca de onda, al que me desespera, al que me hace ser feliz sintiéndome viva. La seguridad y la tranquilidad nunca fue una de mis elecciones favoritas… me gustan más las causas perdidas. Me gustaban, al menos. Es más bien la locura. Sí, me encanta la gente loca, intensa. Me aburre la gente pasiva, en cuanto a relaciones de pareja. Podría pensarse que es poco saludable, pero no: el chiste es encontrar (y qué ardua tarea) a una persona que sea el equilibrio perfecto entre locura y sensatez. Quizá sea la misma razón por la que no puedo imaginarme la vida con una familia tradicional, en una casa tradicional, con una decoración tradicional, con hijos tradicionales. Mi casa es bastante loca y somos muy felices así, y aunque a veces se nos dificulte “integrarnos” a la sociedad… pff, ni quién quiera, jaja.
El punto es: no, LG, no. No es cierto que “más vale un Marcelo en mano”, porque es mejor en los brazos de un Matías. Prefiero la felicidad intensa aunque sea breve, que la perpetuidad de una lápida en cementerio. Además estoy segura de que Matías te alcanza para el casorio: lo que pase después es cosa aparte y merecerá otro blog.