Cuando estaba en secundaria tenía un compañero que se llamaba Edgar. Recuerdo que durante algún momento durante segundo de secundaria (¿o era tercero?) anduvimos quedando… sí, creo que fue como un mes de coqueteo que luego a la mera hora ni se concretó ni nada. Creo que éramos muy diferentes. Hablábamos muy seguido por teléfono: él me llamaba unas horas antes de entrar a la escuela (toda mi secundaria la hice en turno vespertino) y platicábamos cualquier tontería, y de pasada sobre si hubo tarea o no. Nunca le hice la tarea, que quede claro (sólo hacía tareas de los de sexto en primaria, cuando estaba en quinto, y les cobraba) pero hablábamos de música, de chismes, no sé, ya ni me acuerdo. Tenía los ojos verdes. Recuerdo una ocasión en particular en la que me la pasaba diciéndole que era un inmaduro. Muy tranquilo él me dijo “bueno hazme un letrero”. Le hice un letreo que decía “soy un inmaduro”; recuerdo que para hacerlo le dediqué un ratito de mi tarde, le puse cordoncito y todo el pex. Al siguiente día llegué y se lo colgué. Y se lo dejó TODO el día. Yo me moría de la pena (mía y ajena) porque a todos los maestros les decía que yo se lo había hecho. Ya no sabía que hacer para que se lo quitara, jaja, qué tonterías.
Pues bueno. El otro día me lo encontré en los tacos. Lo vi a tres mesas de distancia, sentado con una chava que aparentemente era su novia. Era el mismísimo gesto, los mismos ojos. Pero no estaba completamente segura de que fuera (digo, nomás han pasado como diez años desde la última vez que lo vi). En algún momento de la cena él me miró, pero estoy completamente segura de que no me reconoció (ahora uso gafas de pasta, y el cabello de un color nada parecido al de origen). Toda la noche estuve con la cosa de ir a preguntarle si era o nomás se parecía, pero ya cuando el Piantado y yo nos íbamos, pues me dio pena y ya no le dije nada. Y me fui.
meeztli
Estoy muy contenta porque se acaba de vender un Dalí en la tiendita Meeztli (yeeeey). Para los que no sepan, tengo una tiendita en Etsy, que es un site en el que puedes vender cosas hechas a mano. Meeztli es una línea de productos realizados por una gran amiga y su esposo. Su fuerte es la joyería de ámbar (de Simojovel, Chiapas) pero también tienen libretas de papel amate pintado a mano, y unas piezas de madera loquísimas que se llaman Dalí. Las cosas, la verdad, están muy baratas a comparación del valor que tienen en el mercado “de aparador”, por decirlo de algún modo. Si no me creen, vayan a ver cuánto cuesta un collar de ambar Ruso, y eso que el ámbar ruso no es tan bello, ni tan antiguo como el mexicano. Sólo hay cuatro países en el mundo que tienen yacimientos de ámbar, y México es uno de ellos. El ámbar mexicano es apreciado por su variedad de tonalidades (hay de negro a amarillo muy clarito), la posibilidad que éste tiene de albergar pequeños pedazos de plantas, insectos, etcétera, y para aquellos que creen en eso, tiene propiedades energéticas y curativas.
En pocas palabras, vayan y échenle una visita. Si tienen alguna pregunta sobre el envío, el precio, las características, pregúntenme. Apenas estoy subiendo nuevos productos; en el álbum de flickr iré subiendo otros que ya no están a la venta pero se pueden reproducir.


gatitos que bailan!!!
No puedo soportar tanta ternura!!!
tanguera
I.
Hoy fui a ver a Trío Contempo. Es un trío (duh) que toca tango, compuesto por chicas: una toca la guitarra, otra el bandoneón, y otra el cello. Fue una cosa bellísima, tocaron impresionantemente bien, las tres son bien simpáticas y están de muy buen ver. Entre sus canciones había algunas de Piazzolla, la infaltable de Gardel, de Yupanqui y otros compositores italianos y argentinos. Fue una hora y media intensa, agradable, cálida. Estuve a punto de no ir, pero qué bueno que sí fui.
II.
En el trabajo a veces me mandan de viaje. Bueno, no es cierto, el año pasado me mandaron de viaje. Con motivo de un meeting internacional de la empresa donde trabajo, me tocó ir y conocer la ciudad de Milán. Ya estando en la bellísima Italia, aproveché para dar el brinquito de dos horas en tren, y pasearme por Turín. No hay nada mejor que un viaje, como no sea un viaje que no está pagado por ti, y en ese sentido la vida ha sido benevolente y me ha enviado a muchos lugares: la mayor parte de esas veces, a expensas de otros. Este año tendré la oportunidad de conocer Tel Aviv y uno de mis sueños que yo creía imposibles: Istanbul. El año pasado deseé con todas mis ganas ir a Istambul en 2008, pero cuando llegó marzo y vi que más que ahorros tenía deudas, y que además en julio me quedaba sin trabajo, supe que sería imposible. El meeting de este año será en Tel Aviv, y bueno, de entrada yo sabía que este año no habría posibilidades de ir, sobre todo porque el año pasado fui a dar una conferencia, y ni modo que la repitiera. Pero oh sorpresa: no sólo iba a ir yo, sino también el CC; claro, a cambio de un trabajo muy pesado que gracias al cielo ya terminamos. Así que Istanbul, Tel Aviv y Jerusalem: aquí vamos.
III.
Yo creo mucho en las señales. Esto podría ser para algunos como una forma de azar bastante insulso, pero para mí es una forma de tomar decisiones, de dejar todo en manos de la providencia. Las cosas deben de fluir, y fluyen desde su formulación, desde que ciertas partículas elementales se empiezan a reunir a tu alrededor: el aire te dice cosas, una melodía oída de pasada, el nombre de una calle. Para mi las señales son muy importantes, porque son como puntos que unes para construir mapas, cartografiar la vida. Hasta ahora, creo, no me han hecho perder el rumbo.
IV.
El Piantao y yo estamos locos por el tango. Locos. Más él que yo, quizá. No por nada él es el Piantao. Pero no es el tango sino un sueño guajiro el que nos anima a irnos a Buenos Aires. Es un plan, es un sueño, no se lo cuenten a nadie o se va a cebar. Queremos ir a estudiar, descubrir que tiene la ciudad para nosotros, quizá yo entre a clases de derbake (allá está el profesor Osvaldo “El Beryewe” Brandán con su famosísima escuela de percusiones), o de bellydance, que no sé por qué hay tanto en Argentina. Sin mencionar, por supuesto, tantísimas otras cosas que lo convierten en un destino de ensueño. De ensueño, hemos dicho, sin olvidar que la raíz de la palabra es “sueño”, o lo que es lo mismo, “quién sabe, pero esperemos que sí”.
V.
Hoy fui a ver al Trío Contempo. Son tres chicas encantadoras de tres nacionalidades diferentes. En la guitarra está Roberta Román, cuya ciudad natal es Milán. En el cello está Sedef Ercentin, violoncellista turca nacida en Istanbul. Y en el bandoneón, tocando con maestría y muchísimo feeling, Marisa Mercadé, nacida en Buenos Aires.
la boda
Hoy me dieron una invitación para una boda. A la que todavía no sé si ir, porque aunque me gustan mucho las bodas, siempre que planeo algo me sale mal. ¿Que qué tiene que ver una cosa con la otra? Pues es muy fácil, cuando voy a una boda planeo todo: desde a qué hora me voy a peinar el cabello y cómo, hasta qué calzones me voy a poner. Y normalmente cuando planeo tanto las cosas (mi delirio) todo me sale mal. Lo curioso es que hay ciertas planeaciones que salen bastante bien, recuerdo mi cumpleaños número 25, por ejemplo. TODO salió de maravilla, el vestido, el tinte del cabello, el peinado, el champagne, la compañía, las fotos. Mi cumpleaños número 26, por otra parte, fue un desastre. Entonces no sé qué es que me echa a perder las cosas. Por ejemplo, para la última boda a la que fui, elegí un vestido que cuando compré me pareció maravilloso, a pesar de ser de un color que jamás usaría estando sobria (era boda de día, y estaba prohibido el negro). Pero el día del evento fue un caos: mi peinado espantoso, el vestido que no se quedaba en su lugar, los zapatos de tacón incomodísimos en un jardín con camino de piedritas. No me paré a bailar siquiera una canción, y pasé gran parte de la tarde en silencio, mirando a todos lados, viendo cómo todos se veían divertidos y cómodos con sus apariencias, y viendo otros vestidos que se parecían más a lo que me gustaba realmente, más que el vestido en el que yo estaba metida. Al menos en la boda en la que perdí mis zapatos bailé, y aunque el Piantado y yo estuvimos solos en la mesa, la pasamos de lujo.
El punto es que no sé si iré a esta boda. La persona que me invita es la madre del novio, yo al novio lo he visto apenas y a la novia ni la conozco. La boda es de etiqueta (es el hijo de una familia… mmh… “bien”, el papá sale cada tanto en el periódico), y al decir “etiqueta” pienso ¡claro! me voy a poner mi Valentino. ¿O mi Gucci? Pffff. Leo “etiqueta” y me muero de los nervios, porque tendré que rentar un vestido super nais, conseguir accesorios que no tengo, un bolso que no tengo, unos zapatos que no tengo… bueno, afortunadamente todo se puede rentar, aunque nunca he rentado nada para una ocasión así. ¿Y el peinado? ¿Y el maquillaje? Es que uno no puede ir a una boda luciendo como de diario. Y aparte, el regalo… ¿qué le regalas a alguien que todo lo tiene?
Y pues, por eso no sé si voy a ir. Me voy a estresar, voy a querer lucir perfecta y al final voy a ser un desastre, porque esos no son mis ambientes.
Cosa curiosa y por otra parte: me encantaría organizar bodas. Creo que por tratarse de eventos ajenos a mí, y tomando en consideración la excesiva planeación con que realizo todo en mi vida, puedo ser una buena planeadora de bodas. Eh, y no suena tan mal. ¿Alguien sabe de un lugar donde me puedan dar chamba? En junio me quedo sin trabajo. Si no puedo sentirme como una invitada decente, al menos puedo ser una wedding planner.
bienvenido a disminuya
Se acuerdan del chiste ese de primaria del señor que va manejando por la carretera a toda velocidad, y de pronto encuentra un letrero que dice “disminuya a 70″… poco después, otro letrero que dice “disminuya a 60″… “disminuya a 50″… etc… y al final, cuando ya va bieeeen despacito, pasa a un lado de otro letrero que dice “¡Bienvenido a Disminuya!” jajajaj me daba un chorro de risa (siempre me han gustado los chistes muy simplones). Pues bueno, como siempre, la realidad supera a la ficción. Y lo mismo, me mata de risa.
