Se cierra el telón.
Más sobre esto, después, cuando el espíritu esté dispuesto.
vida, estamos en paz
Después de 4 años de graduarme: ¡ya no le debo nada a mi alma mater! Karma relief.

gatitos extranjeros
En Istanbul hay muchísimos gatos. MUCHÍSIMOS. CHINGOS Y CHINGOS DE GATOS. Y yo, como la loca de los gatos que soy, me agachaba a cada rato para acariciarlos. Había muchos gatos grandotes y gordos, por todos lados. De todos colores y sabores. Quería tomarle fotos a todos, pero bueno, había otras cosas también que requerían mi atención. Así que sólo pude tomar algunas fotos de gatitos.
Este fue el primer gatito que me encontré. Íbamos saliendo del hostal, y pues, gatito.
Más tarde, afuera de una tienda de chácharas, cuando íbamos saliendo de Yerebatan Sarayı. Con todo y ojitos turcos y platitos con la cara de Atatürk de fondo (o Bela Lugosi, como lo rebautizara CC, jijiji).
Cerca de un bote de basura, caminando por ahí.
Debajo de un banquito, en un bar del cual no recuerdo el nombre, en İstiklal Caddesi.

Este gatito no es de Turquía, pero se coló. Los vimos cuando íbamos rumbo a la playa en Tel Aviv. Me dio cosita, porque el gato pequeño tenía una infección muy avanzada en los ojos, lo más seguro es que se haya muerto :( en la foto aparece con su mamá, y por ahí andaba un hermanito que no salió en la foto.

Esta foto es el bonus: es de un viaje anterior, pero también relacionado con gatos. Roma es también una ciudad llenísima de gatos; cuando yo fui hacía muchísimo frío y por eso casi no salieron. Pero cerca del Colosseo Romano, encontré un área donde algún otro amante de los gatos les dejaba platos con comida, y sobre esa bardita escribió “NON DISTURBARE I GATTI”. Awww.

Actualización: ¡Ya encontré el video! Wiiii, gatito, patas mías y patas de CC.
¿será que es eso?
El otro día fui a un oxxo que está por mi casa. Ya en la caja (ni recuerdo qué iba a pagar) el cajero, un señor como de 45 años que vestía el uniforme del oxxo, me preguntó:
cajero: y usted, ¿estudia o trabaja?
yo: trabajo (sonrío, pienso que a lo mejor tengo facha de criminal o quiere saber cuántos años tengo porque estoy comprando cerveza)
cajero: ¿y a qué se dedica?
yo: trabajo para el *institución de gobierno*
cajero: ah… es que pensé que a lo mejor trabajaba en algo de arte, en algún museo, no sé… es que, sabe, usted no parece una mujer convencional.
yo (me sonrojo y extiendo la sonrisa): gracias, es el mejor halago que pudo haberme hecho. Sí, de hecho trabajo en una especie de museo, se llama *tal*
cajero: ah, qué bien! yo soy voluntario en el MUNE (Museo del Noreste)
yo (con cara de “wtf? el cajero?”): ah… …qué bien (más wtf) es usted… ¿voluntario?
cajero: sí, soy voluntario… es que de hecho yo estudié artes visuales
yo (!!!!!!): oh… (imagino a mi hermana -que estudia artes visuales- con sus pelos azules metida en ese disfraz amarilloconrojo cobrándole las cheves a los del taller de al lado)
cajero: sí, estudié visuales, yo hago escultura, me gusta mucho también trabajar con relieves, con grabados…
yo (imagen en la cabeza: mi hermana vendiendo cigarros a menores de edad con el uniforme amarilloconrojo): ah, pues qué interesante, mi hermana también estudia artes visuales
cajero: qué bien! de hecho yo di clases en la facultad, por X años…
yo (imagen en la cabeza: mi hermana volándose los dulces en el uniforme amarilloconrojo): yo estudié letras españolas
cajero: mira, ya decía yo.
yo (imagen en la cabeza: mi hermana tratando de hacer una escultura de queso amarillo seco usando su uniforme amarilloconrojo): sí, es que todo está relacionado
cajero: como que nos distinguimos, sabemos que el otro se dedica a algo que tiene que ver…
yo (imagen en la cabeza: mi hermana temblando por tanto café gratis vestida en un uniforme amarilloconrojo): claro.
cajero: sí, y pues ya la había visto yo a usted antes… pero así de pasada. Es que hoy me tocó ayudarle a mi esposa, como no vino ningún cajero, pues me pidió que la apoyara aquí.
yo (imágenes se desvanecen, ¡todavía hay esperanza para los artistas!): AAAHHH pues sí, claro!
La fila se incrementa, ya no son tres sino seis personas esperando.
yo: bueno, don A (ya habíamos intercambiado nombres) pues nos vemos por aquí después
don A: claro, luego nos echamos la cotorreada.
Hoy me lo encontré de nuevo. Lo invité a visitar el proyecto en el que trabajo porque ya mero se acaba, le dejé mi tarjeta. Quizá mi invitación fue un poco forzada (iba yo con mucha prisa) y sí se sacó un poco de onda, jaja, pero pss bueno, ni modo. Si quiere ir me va a llamar, y si no pos no. Yo por si acaso mejor iré a otro mini super, me da un chingo de oso (qué ossso weeeee) y aparte no es como que nos vamos a hacer super cuates y vamos a beber café Andati recargados en el mostrador. Y pos finalmente, mi hermana no tendrá que ser cajera del oxxo por haber estudiado visuales… ¿será que es eso? XD
los tacones y el glamour
Cuando uso zapatos de tacón, camino con la gracia de un cerdo en patines. Estoy más cerca de los 30 que de los 20, y no soy capaz de entrar a la “adultez” en la vestimenta: me niego a usar “trajes sastre”, faldas con saco a juego, pantalones de vestir con blusita, estampados de flores, nada, nada de eso. El problema es que para las entrevistas de trabajo y eventos formales tengo que hacer malabares con mi ropa, la de mi madre y la de mi hermana. ¿Zapatos de tacón? Me encantan, pero no tengo. Bueno, tengo dos pares, que uso dos veces al año. Me encantan, es cierto, me fascina cómo los tobillos se ven más pequeños y las pantorrillas más llenas. Pero no los puedo caminar, se me entumen las piernas y se me hinchan los pies, y luego tengo “resaca de tacones” (o sea, entumecimiento de chamorros al siguiente día o dolor en el talón). Hay sólo cierto tipo de zapatos con tacón que puedo utilizar: aquellos que hayan costado como mínimo 800 pesos. No es capricho de moda, es que los tacones baratos me lastiman muchísimo los pies, tienen que ser unos zapatos comodísimos (pero así, comodisisisisisísimos) para que los pueda usar todo el día sin tener ganas de aventarlos por la ventana. Hasta ahora, solo hay UN par de botines con tacón alto que puedo usar sin tener ganas de suicidarme.
Otro gran problema es mi cabello: ¡no me sé peinar! Fuera de traerlo suelto, agarrado con pinza, en un chongo fodongo o con cebolla restrictiva para esos días de muchísimo calor, no me sé hacer nada. Puedo más o menos plancharlo, nunca he intentado secarlo, *olvídense* de que me haga un peinado. A mí no se me da el glamour de manera natural. No me sé enchinar las pestañas, casi nunca uso labial, no me sé hacer difuminado en los párpados. Sí me maquillo los ojos, mucho, pero más en estilo gótico/rockero. Sabrán entonces el problema que representa para mí tener que ir a un evento formal, serio, entrevista de trabajo, algo del tipo. A lo mejor el resultado no es tan caótico, pero me siento tan fuera de mí, de lo que soy, que no aguanto mucho tiempo vestida así. Siempre debo encontrar algo, un toque, un color, algo que siga siendo yo. Ayer parecía dominatriz según mi hermana (por cierto, no sé cómo mi mamá puede usar unos tacones tan altísimos sin cansarse… yo los usé dos horas ayer y ahorita no aguanto los chamorros) pero según yo estaba formal. No sé. No sé seguirle la corriente a la gente, no sé verme normal/formal. ¿Sólo me pasa a mi?
what dreams may come
Estoy toda desvelada en la oficina. Desde el viernes vengo cargando la falta de sueño (los que fueron a la fiesta lo entenderán) pero además de todo, ayer me desvelé terminando de leer What dreams may come, de Richard Matheson. No había visto la película pero tenía una vaga idea de lo que se trataba. Además pensé que, siendo el autor de una de mis favoritas (I am legend), este libro estaría bueno. Pero la neta… no. Me dio un chorro de flojera. Es una onda La divina comedia, más una copiosa investigación sobre la vida después de la muerte versión new age. Tiene algunas partes entretenidas, otras muy enternecedoras, pero en general la historia y los personajes son super cursis. Siento que el autor está tan empeñado en mostrar que los protagonistas son almas gemelas, que hasta resulta vomitivo. Quizá como “tratado” sobre la vida después de la muerte pudiera funcionar (sólo para ciertas creencias, obvio), pero lo que él explica ahí no tiene nada que ver con mi idea de cielo e infierno. Por lo que esa parte tampoco me emocionó mucho.
El final es… no manches. Mi desvelada sólo me enseñó que si ya presiento que el final será malo, mejor deje de leer y continúe en otro momento donde haya más tiempo disponible. Hasta soñé con la reencarnación, que para mi es una de las ideas más aburridas en lo que a “vida después de la muerte” se refiere. Pero bueno, como dicen por ahí, cada quién sus ideas, y se respeta.
Conclusión: no me gustó mucho que digamos. Al principio sí estaba picadísima, pero luego de tanta explicación y tanto rollo para que al final se termine como se terminó… Pero, hubo una escena que sí me gustó mucho. Casi al final, cuando por fin encuentra a la esposa, y empieza a agradecerle por todo… si leen el libro, sabrán a cuál me refiero. Y esto no es ningún spoiler, seguramente vieron la película y si no la vieron, desde que empieza la novela sabrán por dónde va la cosa.
En fin, procuraré leer otra cosa hoy en la noche. A ver si tengo oportunidad de ir a la librería por Tsugumi, novela de Banana Yoshimoto que este año tradujo Tusquets y apenas ayer me enteré. O por N.P., de la misma autora, que no se me ha hecho conseguirla.
