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	<title>eternamente en construcción &#187; dejà vu</title>
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		<title>De algún viaje en 2005</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Sep 2011 18:20:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>magenta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Tomado de una libreta encontrada por ahí. &#8220;Con los viajes no sé qué me pasa, que durante el trayecto no puedo evitar sentirme tristísima. Será la nostalgia de haber salido de casa, el beso de adiós, el pensar que durante días, algunos, muchos o pocos, estaré lejos de todo lo que conozco. En este momento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tomado de una libreta encontrada por ahí.<br />
&#8220;Con los viajes no sé qué me pasa, que durante el trayecto no puedo evitar sentirme tristísima. Será la nostalgia de haber salido de casa, el beso de adiós, el pensar que durante días, algunos, muchos o pocos, estaré lejos de todo lo que conozco. En este momento me encuentro sentada en el área de comidas de un aeropuerto grandísimo. Veo a la gente, toda tan distinta, y me siento perdida en el fin del mundo. Tantos idiomas, tantas maneras de caminar y de vestir.<br />
Cuando miro a la gente, pienso mucho en la fragilidad. En lo frágiles que somos, en la poquísima fuerza que se requiere para que nos rompan el corazón, para que nos atropelle un coche, para que nos hagan llorar. Somos como cascarones de huevo sin relleno, caminando por el aeropuerto, jalando una maleta llena de cosillas varias que por una u otra razón nos resultan necesarias.<br />
Hace rato iba sentado a mi lado un anciano, quizá más viejo que mi abuelo. Su pasaporte decía Italia. Usaba un aparato auditivo en el oído izquierdo. Me enterneció mucho ver su itinerario de vuelo -bastante largo, por cierto- todo escrito con su letra temblorosa pero clara. El aire acondicionado del avión era excesivo, yo me moría de frío y pensaba en el señor de al lado, si acaso él también tendría frío, si no le agobiaba que la azafata no hablara su idioma y además no hiciera nada por darse a entender. En ese momento me dolió su soledad, su fragilidad, la lentitud de sus movimientos largamente meditados, su desesperación al intentar explicar a la mujer afroamericana que revisaba sus pertenencias en el puesto de seguridad que eso era un pote de crema de afeitar y no pensaba abandonarlo.<br />
Luego lo perdí de vista. Me pregunto si estará bien, si no tendrá que esperar mucho a que salga su vuelo a Roma, si no se sentirá solo mientras espera en una silla a que llamen su vuelo.&#8221;</p>
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		<title>mapas</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Dec 2009 18:19:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>magenta</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>A veces uno mira hacia atrás. Y en el camino que dejó (re)descubre presencias que alguna vez estuvieron tan cercanas y ahora simplemente están atrás. El tiempo transcurre tan cruelrápidamente  y me resulta imposible llevar un registro preciso de las veces que nos vimos en ese parque, de los besos que nos dimos a escondidas, de las diferentes maneras en que me rompiste el corazón. Porque uno de pronto pone en la báscula los añitos que han pasado y al ver la aguja moverse violentamente resulta increíble que tanto y tan poco haya sucedido. Otro año más está por terminarse, y aunque la mayor parte de las veces eso no significa nada, es una buena excusa para hacer corte de caja y decir &#8220;mira, tengo todo esto que antes no tenía, y no tengo todo aquello que antes necesitaba&#8221;.<br />
Quisiera hacer un álbum de fotos, de toda esa gente a la que amo y amé, que me dañó y dañé, que me marcó y que marqué. En todos y todas existe una clave, un pedazo de mapa, una pieza de rompecabezas (por trillado que sea) que me ha hecho ser todo lo que soy. Y quizá de algunas piezas me arrepiento pero de otras me asombro y pienso &#8220;¿será posible que yo haya sentido eso? ¿que yo haya hecho eso, y luego quedarme tan así como si nada?&#8221;.<br />
A veces miro atrás y me desconozco. A veces el desconocimiento implica rechazo (&#8220;¿cómo pude?&#8221;) pero otras veces admiración (&#8220;¡estaba loca!&#8221;). Y me alegro de tantas y tantas tonterías y cosas irresponsables que hice; de otras no me enorgullezco pero quizá no pudieron darse de otro modo: desgraciadamente yo soy toda vísceras y me es imposible actuar en contra de mis debilidades y deseos. Lo que a veces le reclamo al guionista imaginario de esta película que es mi vida, es que algunas personas no me hayan seguido la corriente. Hay algunos personajes que se perfilaban tan interesantes, con siniestras consecuencias claro está, pero interesantes sin duda. Siempre había (vaya contradicción) sido fanática de las complejidades y las causas perdidas; &#8220;nunca negaré que son mis favoritas&#8221; citando a ya saben quién.<br />
Ya todo tiene un rumbo más o menos definido. Aún así me gusta pensar que no por eso el futuro será más aburrido, o al menos haré lo posible para que no lo sea, que andar a la deriva no siempre es lo más saludable. De ahí que cada punto en el mapa resulte tan relevante, en su infinitud o en su brevedad, porque me ha indicado un camino que incluso en el dolor disfruté recorrer. </p>
<p>No sé por qué empecé a pensar en estas cosas. Son las vacaciones, supongo. Y el maldito libro que estoy leyendo que me tiene toda conflictuada y desvelada, ya les contaré. </p>
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		<title>your ex-lover is dead</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 14:52:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>magenta</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>A veces me pregunto qué será de ti. No siempre, sólo a ratos. Tomo el catálogo de recuerdos y elijo mis favoritos: los más bellos, el más triste, alguna discusión al azar. Volteo a mi alrededor y seguramente encontraré algo que alguna vez te perteneció, o me regalaste. Busco tu presencia en internet, miro fotos. Nunca ocurre todo esto al mismo tiempo, más bien es una cosa de a ratos. Es curioso cómo, en la virtualidad de la memoria, todas las personas son todo al mismo tiempo. Todas las que han estado en mi vida, las que me han marcado: ahí como huellas indelebles, algunas más fuertes que otras, diciéndome quién soy y por qué estoy dónde estoy. Los recuerdos no duelen, aunque a veces son amargos, aunque a veces sepan a nostalgia.<br />
Entre el sueño y el desvelo los recuerdos encuentran terreno fértil para manifestarse, el silencio les permite flotar a la superficie de la conciencia, y el reciente orden impuesto (a la fuerza) en mi departamento, me entrega los objetos-recuerdos con sólo extender la mano. Es agradable pensarte. Si el daño no importase, hasta te podría decir que sólo hay recuerdos felices. Pero ahora, qué más da. Ahora sólo es curiosidad por saber qué ha sido de ti. </p>
<p><center><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/4v8FJhQ-teE&#038;hl=es&#038;fs=1&#038;rel=0&#038;color1=0x402061&#038;color2=0x9461ca"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/4v8FJhQ-teE&#038;hl=es&#038;fs=1&#038;rel=0&#038;color1=0x402061&#038;color2=0x9461ca" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></center></p>
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		<title>yo conozco a su presidente&#8230;</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Sep 2009 15:31:18 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Allá por enero de 2002, tomé un taxi del aeropuerto de Madrid. Iba rumbo a mi depa. Recuerdo que era muy temprano por la mañana, yo no había dormido en todo el viaje y para colmo de males, estaba super depre porque&#8230; pues porque no sé, estaba depre, había regresado sólo para mis exámenes finales. Sabía que me quedaba poco tiempo allá, que extrañaba acá, y total que no se podía estar bien en ninguno de los dos lados. Además el tema de la escuela me agobiaba (cuando no) porque los sistemas de evaluación son diferentes, etc.<br />
El punto es que tomé un taxi.<br />
El taxista me preguntó que de dónde era. Le dije que de México. La reacción de él fue muy cálida, dijo que los mexicanos éramos sus hermanos, que teníamos un país muy bello&#8230;<br />
-Y además de eso, yo conozco a su presidente&#8230; El otro día un señor muy alto me detuvo en la calle, allá por cúcara mácara (no me acuerdo dónde), frente al hotel perengano. Cuando se subió vi por el retrovisor su bigote, y con ese su acento muy peculiar me dijo que lo llevara a La Vaca Argentina de tal calle (un restaurante). Yo lo miraba mucho, luego le vi las botas&#8230; y entonces le dije &#8220;yo a usted lo conozco&#8230;&#8221; y me contestó que hiciera como si no, que no le dijera a nadie que se andaba escapando de la guardia porque quería ir a comer con unos amigos. Que ni su mujer sabía dónde estaba. Yo hice el gesto de guardar silencio y lo dejé frente al restaurante. Muy simpático el hombre. Una voz muy fuerte. </p>
<p>Me pareció simpatiquísima la historia. Además el señor la contaba con muchos detalles que ya no recuerdo, una plática que tuvo con el señor presidente (de aquel entonces) sobre el país. No me pareció que estuviera mintiendo, todo sonaba muy coherente. Y en todo caso no importa, ese día el taxista supo exactamente qué decirme, además de esa historia que me hizo reír mucho. Me habló de sus hijos que estaban estudiando en EEUU, medicina en Houston, me parece. Se notaba que los extrañaba mucho. Me habló de lo orgullosos que se sentían él y su esposa por sus logros, de lo mucho que los querían. De que seguramente mis padres se sentían igual de mí, que no tenía por qué estar triste. Que iba a triunfar.<br />
Seguramente me decía esas cosas pensando en sus hijos. En ese momento agradecí que el trayecto fuera tan largo, y cuando llegué a casa -vacía, porque mi roomie todavía andaba en México- y subí mis maletas llenas de latas y sobres de salsa que mi mamá y mi abuela me habían dado, me sentí mejor. Llamé a Lisa, quien me encontró todavía un poco melancólica, y después de abrazarme fuerte me dijo: GUAPA: ¡SEGUNDAS REBAJAS! y no me dio tiempo ni de decir &#8220;pero&#8221; cuando ya íbamos rumbo a Sol para gastar dinero en ropa rebajada. Yo me compré un sombrero de lana que todavía uso, al que le tengo mucho cariño.<br />
Como a ese taxista del cual ya no recuerdo el nombre ni mucho menos la cara, pero le estoy por siempre agradecida.<br />
He tenido suerte: en mis viajes siempre resulta un éxito el hecho de que soy mexicana :)</p>
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		<title>las cerezas</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Apr 2009 16:24:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>magenta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Cuando fuimos a Estambul, nos quedamos en un hostal que daba como desayuno cosas que nos parecían muy peculiares: pan, queso, mermelada y aceitunas. De beber, café soluble o té negro. El pan era como tipo baguette cortado en rodajas, y había de dos mermeladas, cereza y durazno. El pan, con la mermelada de cereza [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://estigia.net/wp-content/uploads/2009/04/cerezas-300x225.jpg" alt="cerezas" title="cerezas" width="300" height="225" class="alignleft size-medium wp-image-839" />Cuando fuimos a Estambul, nos quedamos en un hostal que daba como desayuno cosas que nos parecían muy peculiares: pan, queso, mermelada y aceitunas. De beber, café soluble o té negro. El pan era como tipo baguette cortado en rodajas, y había de dos mermeladas, cereza y durazno. El pan, con la mermelada de cereza y el queso encima, era una delicia. El queso tenía una textura parecida a la del panela, pero era un poco más cremoso y ácido.<br />
Llevo varios días pensando en este desayuno, que ahora mismo que no he desayunado, se me antoja como nunca. Es un sabor que no puedo olvidar, pero más allá de eso, es un sabor que me remite a muchas otras cosas.<br />
Luego nos enteraríamos que las frutas de la región son precisamente esas: la cereza y el durazno. Encontraríamos cosas sabor cereza y durazno por doquier, e incluso señores con carretas vendiendo estas dos frutas. Yo compré una bolsa de cerezas frescas, que sólo había tenido oportunidad de probar una vez en mi vida, cuando estuve en Halifax (acá son muy caras). Compré una bolsita de papel color cartón llena de cerezas a un señor que iba por la calle. Nos entendimos a señas. Recuerdo que ya estaba oscurieciendo, y mientras escarbaba en la bolsa llena de frutitas, sonó el al adhan de la tarde.<br />
No sé si abril sea época de cerezas en Estambul, la verdad espero que sí. Sería una pena regresar, y no probar ese pan con mermelada y queso, y una bolsita de papel cartón llena de cerezas. </p>
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		<title>un día: 27 de febrero de 2006</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Aug 2008 21:45:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>magenta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Llevaba pocas horas en Roma. Justo ese día que llegué, hubo huelga de transporte público, por lo que sólo pude llegar del aeropuerto a Termini. Ahí llamé a Lisa, me dio la dirección de su trabajo y tomé un taxi, no sin antes hacer una fila bastante larga. El día anterior, todavía en Monterrey, había [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llevaba pocas horas en Roma. Justo ese día que llegué, hubo huelga de transporte público, por lo que sólo pude llegar del aeropuerto a Termini. Ahí llamé a Lisa, me dio la dirección de su trabajo y tomé un taxi, no sin antes hacer una fila bastante larga. El día anterior, todavía en Monterrey, había tenido que ir al médico por una de esas faringitis de campeonato que me dan cada cierto tiempo. Hacía muchísimo frío y llovía. Ya traía puesto el abrigo que saqué de la maleta estando en el baño del aeropuerto: qué locura que unas horas de diferencia cambiaran radicalmente mi vestuario.<br />
Llegué a su lugar de trabajo, dejé mi maleta y tuve que salir rápido, pues estaba ocupada. Eran las 10 de la mañana, yo estaba en quién sabe qué calle, muriendo de frío, de sueño, de sed, anhelando una ducha, una siesta y maquillaje. Compré una botella de agua, me tomé mis medicinas y con el paraguas de Lisa, empecé a caminar sin rumbo. </p>
<p>Recuerdo vagamente que ese día pasé por la Piazza Navona, la <a href="http://www.flickr.com/photos/suza/2734103087/in/set-72157606554011505/">Piazza Trinità dei Monti</a> (donde están las <a href="http://www.flickr.com/photos/suza/2734101827/in/set-72157606554011505/">escaleras </a>en las que todo mundo se sienta nomás porque sí, que van a dar a la Piazza di Spagna), caminé por todas las calles, todo así como medio en sueños. Luego comí con Lisa (ella comió una pasta con mariscos, ew) y fuimos a la <a href="http://www.flickr.com/photos/suza/2734935842/in/set-72157606554011505/">Fontana di Trevi</a>, donde por supuesto, lancé mi moneda.<br />
Para cuando llegué al <a href="http://www.flickr.com/photos/suza/2734109945/in/set-72157606554011505/">Altare della Patria</a>, yo sentía que el viento me traspasaba los huesos. El paraguas se volteó en varias ocasiones, pensé que se iba a romper. Hacía un frío de ese que corta, pensé que me iba a quedar tirada ahí en las escaleras. Me sentía como vagabunda, mal abrigada, enferma, cansada. Mis botines eran de gamuza, obviamente estaban empapados y mis pies encharcados, los pantalones absorbieron el agua hasta arriba de la rodilla. En el <a href="http://www.flickr.com/photos/suza/2734121487/in/set-72157606554011505/">Colosseo </a>renté una audioguía, de la cual no recuerdo haber entendido nada.<br />
Salí del Colosseo y pensé: no puedo más. Todavía tenía que esperar a que Lisa saliera del trabajo, para poder ir a su casa y por fin cambiarme de ropa y descansar. Ya estaba todo muy oscuro. Caminé otra vez sin rumbo, y pasé por un lugar que se veía calientito. Entré y pedí una taza de chocolate caliente. Me senté. Sin que la chica se diera cuenta, me quité los zapatos y exprimí los calcetines debajo de la mesa. Exprimí también las botas. Me quedé descalza un rato, sintiendo el calorcito del piso en mis pies.<br />
Sentí como si el rumbo de mi historia hubiera cambiado por completo: ahí, en la paz de ese lugar desierto y caliente, me sorbí mi primer día en Roma, dando pequeños traguitos, calientes y dulces. Por la ventana veía los cochecitos, las vespas, la gente super abrigada y con sus paraguas. El cielo ya estaba casi negro, las nubes se perdían con el fondo. Recuperé fuerzas, me puse mis calcetas y zapatos empapados, y me dirigí a la oficina de Lisa. En el camino de vuelta, pasé frente a los <a href="http://www.flickr.com/photos/suza/2734963440/in/set-72157606554011505/">Musei Capitolini</a>. Todavía guardo el ticket de esa taza de chocolate.<br />
<center><a href="http://www.flickr.com/photos/suza/2734965690/" title="Roma by suza, on Flickr"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3176/2734965690_8cbf0c5c8b.jpg" width="500" height="375" alt="Roma" /></a></center></p>
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		<title>recuerdos de suéteres</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jan 2008 07:09:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>magenta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Mi hermano trae puesto en este momento un suéter que compré en Madrid cuando apenas tenía una semana de vivir ahí. Lo compré en una tienda que estaba cerca de mi departamento, una vez que íbamos rumbo a casa de Rafa. Yo tenía antojo de un suéter abierto, de zípper, y lo vi en una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi hermano trae puesto en este momento un suéter que compré en Madrid cuando apenas tenía una semana de vivir ahí. Lo compré en una tienda que estaba cerca de mi departamento, una vez que íbamos rumbo a casa de Rafa. Yo tenía antojo de un suéter abierto, de zípper, y lo vi en una tienditita ahí en la avenida Alcalá. Creo que me costó como 12 euros. Diana criticó la impulsividad de mi compra, recuerdo. Me lo amarré a la cintura, pero cuando salimos de casa de Rafa hacía frío, y el sueter me venía de maravilla. Entonces le dije ingenuamente a Diana &#8220;¿ves que fue buena idea comprar el suéter?&#8221; a lo que ella respondió arqueando la ceja, jaja. El suéter se fue agrandando con el paso del tiempo, y por eso empezó a usarlo mi hermana, pero luego se hizo más grande todavía y ahora lo usa mi hermano. Y le encanta.</p>
<p>Recuerdo también que cuando recién nos mudamos al departamento ese de Madrid, yo salí de compras. Quería sábanas azules para mi cama y una toalla negra. Compré unas sábanas celestes, una toalla roja grande y una mediana en color negro. Compré otras cosas también para la casa, en esas tiendas de todo a un euro. Traía muchas bolsas, y atado a la cintura tenía un sueter precioso, nuevo, color violeta, de ese estambre como peludito, suavecito. Cuando llegué a la casa, el suéter había desaparecido. Seguramente lo tiré en el camino.</p>
<p>Cuando estaba en el kínder, yo iba a mi colegio en transporte escolar. Había una niña llamada Dalila que siempre me hacía la vida imposible, y entre tantas cosas que hacía para molestarme, había una que era su favorita: tirar mi suéter por la ventana del transporte. Yo era pequeña e indefensa, y ella era una gordototota que gustaba de escupir, morderme los brazos hasta pintarme sus dientes en morado y empujar a las otras niñas. Entonces Gloria (la señora del transporte) le daba a mi mamá los suéteres que otras niñas olvidaban en el transporte, como reposición del suéter que Dalila tiraba por la ventana. Y hace relativamente poco, bueno, unos tres años quizá, mi tía Sara me regaló (o encontró quién sabe dónde) mi suéter del kinder. Es pequeñito, pequeñito, como si fuera un suéter para un muñeco de peluche. Y ahora ocupa su lugar permanente en mi clóset.</p>
<p>Hace un par de años, compré un suéter en uno de esos días de shopping desaforado. Me quedaba un poco grande, pero tenía dos cierres como de zapato en la parte del cuello, y me recordaba muchísimo al suéter que Rogue, el vocalista de <a href="http://www.cruxshadows.com/">The Crüxshadows</a> (una de mis bandas favoritas), traía puesto cuando los trajimos a Monterrey :) Así que de todos modos lo compré, lo usé mucho pero con el tiempo fue cediendo un poco&#8230; y un día de diciembre, un Piantado al que yo recién conocía tenía frío. O yo tenía frío porque él andaba sin suéter. Y le presté mi &#8220;suéter de Rogue&#8221; como yo le llamaba. Y le quedaba tan bien&#8230; y se veía tan guapo, que decidí regalárselo. Acción rara de mi parte, pues yo tengo un gran GRAN apego con las cosas que me gustan mucho o tienen mucho valor emocional para mí, y además de todo, tenía poco de conocerlo. Pero pasó el tiempo y me dio la razón. </p>
<p>Y no, no es que tenga frío. O bueno, quizá un poquito. </p>
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		<title>And the devil in black dress watches over</title>
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		<pubDate>Fri, 18 May 2007 16:09:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>magenta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>La conocí por casualidad en la estación de tren, cuando ambas íbamos rumbo a la universidad. Se acercó a preguntarme si yo era &#8220;siniestra&#8221;, con ese español italianado que me encanta. Hablamos durante todo el trayecto y salimos juntas esa noche. En ese entonces ella tenía el cabello rubio. A partir de ahí, las noches [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La conocí por casualidad en la estación de tren, cuando ambas íbamos rumbo a la universidad. Se acercó a preguntarme si yo era &#8220;siniestra&#8221;, con ese español italianado que me encanta. Hablamos durante todo el trayecto y salimos juntas esa noche. En ese entonces ella tenía el cabello rubio.<br />
A partir de ahí, las noches de los viernes y los sábados eran completamente nuestras. A veces también entre semana, en ocasiones las tardes o las mañanas. Nos convertimos en refugios mutuos, extranjeras en un lugar que nos fascinaba. Lo curioso es que todo lo que ocurría en torno a nosotros era siempre más bien superficial, pero no por eso dejaba de ser importante.<br />
La despedida no fue tan difícil como imaginábamos. Me acompañó al aeropuerto, cargó mi maleta, y nos despedimos en el punto en el que ella ya no podía seguir adelante. Creo que no hubo lágrimas.<br />
El problema es que el correo tarda demasiado, y la distancia entre carta y carta cada vez era más grande. Yo pensé que todo había valido madre hasta que ella decidió visitar México. Aunque le falló la puntería, y en vez de esta ciudad eligió Playa del Carmen (a lo cual no puse objeción alguna), así que nos volvimos a ver. Un par de años después, una graaan diferencia entre las dos. Lo mismo la pasamos muy bien, pero me di cuenta de que habíamos crecido en direcciones completamente opuestas. Ella seguía con su tema favorito (hombres, qué otro va a ser) y yo pensando más bien en relajarme del trabajo y la ciudad. Al final yo regresé, no sin antes intoxicarme con la comida del avión y ella y su amiga se quedaron internadas en el hospital dos días más, debido a las cantidades industriales de alcohol que había ingerido en esos días. La marcha no es la misma de este lado del Atlántico.<br />
Un año y medio después, aproximadamente, me tocó a mi ir a visitarla a ella. Roma es una ciudad hermosa, que te obliga a abrir mucho los ojos, a impresionarte a cada paso. Me tocó pasar con ella el martes de carnaval, la noche antes del miércoles de ceniza. Compramos máscaras iguales, bolsas de confeti y nos lanzamos a las calles a fiestear. Terminamos en la noche gay de cierto antro de 3 pisos que hay allá, bailando con un tipo vestido de novia, comprando una copa a un lado de un hombre que tiene las piernas más hermosas que jamás le he visto a una mujer. Ese día me siguieron dos Paolo, uno de los cuales dijo que yo era <em>espectacolare</em>. Es una de las cosas chidas de los italianos, que son extremadamente coquetos. ¿Te sientes deprimida? Da una vuelta a la plaza. Eso bastará para que al menos 5 personas del sexo opuesto te hagan comentarios halagadores.<br />
El punto es que otra vez la pasamos bien, caminando las calles, comiendo en la tavola calda, recordando, siempre recordando. Hasta pudimos volver a Madrid y pisar por segunda vez sus calles. A mi me entristeció, pero a ella le deprimió profundamente que nada fuera lo mismo. La caminata por la Gran Vía, un sábado a las 3 de la mañana, con ella llorando y cayéndose de borracha. Es curioso que yo siempre haya tenido la necesidad de cuidarla, como se cuida a una niña, como le curas los raspones y le dices que no se vuelva a subir al resbaladero, pero en menos de cinco minutos ya está haciéndolo de nuevo.<br />
Últimamente hemos hablado mucho por messenger. Me cuenta cómo -otra vez, incontable vez- terminó con otro chico. Me pregunto si su corazón estará permanentemente roto. Recuerdo que me contó cómo su madre lloró durante todo su embarazo. Es como si ella se hubiera alimentado de tristeza.<br />
Nos queremos de una manera extraña. Compartimos algún tiempo, espacio, amigos. Quizá algo de intereses musicales. Pero somos personas radicalmente distintas, ella ve las cosas de una manera tan diferente a como las veo yo. Y mientras no entremos en esos terrenos todo está bien. Lo curioso es que nos aferramos a no perder la comunicación. </p>
<p>&#8220;Temple of Love&#8221; de los Sisters of Mercy fue la primera canción que bailamos juntas. Y la que, mucho tiempo después, nos sigue recordando que somos amigas. </p>
<p>Me pregunto si a veces nos hace sentir menos solas el hecho de que alguien, en otra parte lejana del planeta, está ahí para apoyarte, aunque sea con ocho horas de diferencia. </p>
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		<title>amor condusse noi ad una morte</title>
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		<pubDate>Fri, 04 May 2007 03:30:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>magenta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>&#8220;Todos los días te quiero y te odio irremediablemente&#8221;, dice Sabines por ahí. Es posible, por supuesto. Cada que te pienso es como si vertiera agua caliente en la mitad de mi cuerpo, y agua fría en la otra mitad. Es extraño, sin embargo. ¿Tiene alguna lógica el amar? Nunca he sido buena en esas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Todos los días te quiero y te odio irremediablemente&#8221;, dice Sabines por ahí. Es posible, por supuesto. Cada que te pienso es como si vertiera agua caliente en la mitad de mi cuerpo, y agua fría en la otra mitad. Es extraño, sin embargo. ¿Tiene alguna lógica el amar? Nunca he sido buena en esas cosas, y creo que con el paso de los años soy peor. Nos llenamos de mañas que cada vez es más difícil eliminar, de inseguridades, de basura emocional que hace brillar el pasado con un extraño reflejo de falso oro, o con una tristeza cuestionable -siempre el cambio de perspectiva. Pero y si no. Y si realmente somos tristes y tontos animales solitarios, incapaces de formar lazos verdaderos y duraderos (uff, qué es eso de duradero, ¿duracell es el parámetro?), y nuestras relaciones son sólo mantenidas por un hilo rojo que nos ata a la cintura del otro. &#8220;El amor es eterno mientras dura&#8221;, dice García Márquez por algún lado. La temporalidad es mi enemiga, nunca he podido hacer algo por mucho tiempo, siempre termino aburriéndome, destruyendo aquello que era maravilloso y amaba. Es mi naturaleza, y por más que quiero no puedo luchar contra ello. ¿Algún psicoanalista que le entre al quite?. Soy <em>high manteinance</em>, soy verdaderamente muy simple pero requisitosa: las cosas se hacen así.<br />
El amor es una cosa que ahora menos que nunca puedo entender. Tenía muchísimo sentido cuando estaba en secundaria o en prepa; amar era defender a tu vato verbalmente y a veces con trancazos, amar era ir a los bailes con él y nomás bailar con él, amar era que te esperara hasta que pasara el camión, o si había más amor, que te acompañara a tu casa y luego se regresara a la suya solo, aunque fueran las diez de la noche. Amar era una rosa roja cuando cumplían un mes, dos cuando cumplían dos, tres cuando cumplían tres&#8230; Amar era llorar largamente frente al teléfono cuando amenazaban con cortar al otro, o reír y enredar el dedito en el cable diciéndose &#8220;cuelga tú&#8230; no, cuelga tú, ándale, si no no cuelgo&#8230;&#8221;. Amar era, en fin, algo mucho más sencillo. No había carreras de por medio, ni planes matrimoniales, ni hijos tácitos, ni uso compartido de coche, ni celos infundados. Bueno celos sí, siempre hay celos, por lo menos en mis historias. Ahora ya no sé qué es amar, no sé de qué se trata, y si la finalidad es construir una familia pues qué friega. ¿Por qué no hay arquitectos de familias, ni ingenieros civiles, ni albañiles que te ayuden a construir tan complicadas y fragilísimas estructuras? ¿Por qué nadie te puede aconsejar de la durabilidad de los materiales, los costos, el mejor acomodo para el feng shui? ¿Por qué en estos tiempos el &#8220;contigo pan y cebolla&#8221; es tan utópico?. Yo no sé tener novio. Soy torpe. Apilo mal los blocks, hago mal la mezcla del cemento, y al final me frustro y aviento todo. Porque para estas cosas no hay planos ni instructivos que digan &#8220;inserte el grin en el red&#8221;, ni guías como las del home depot de &#8220;jardines for dummies&#8221; y cosas de esas.<br />
Dicen que &#8220;al final todo lo que importa es el amor&#8221;. Pero ¿qué es el amor? si los hombres (humanidad) somos egoístas e insensibles sólo pensamos en la manera de salir mejor parados. Si lloramos y nos autocompadecemos (agh, la autocompasión, ¡odio la autocompasión!) porque nadie en el universo nos entiende, pero tampoco estamos verdaderamente dispuestos a entender al otro.<br />
&#8220;Porque amar es, al fin, una indolencia&#8221;, dice Villaurrutia por ahí. Y con Villaurrutia nos quedamos. </p>
<blockquote><p>Amar es una angustia, una pregunta,<br />
una suspensa y luminosa duda;<br />
es un querer saber todo lo tuyo<br />
y a la vez un temor de al fin saberlo.</p>
<p>Amar es reconstruir, cuando te alejas,<br />
tus pasos, tus silencios, tus palabras,<br />
y pretender seguir tu pensamiento<br />
cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.</p>
<p>Amar es una cólera secreta,<br />
una helada y diabólica soberbia.</p>
<p>Amar es no dormir cuando en mi lecho<br />
sueñas entre mis brazos que te ciñen,<br />
y odiar el sueño en que, bajo tu frente,<br />
acaso en otros brazos te abandonas.</p>
<p>Amar es escuchar sobre tu pecho,<br />
hasta colmar la oreja codiciosa,<br />
el rumor de tu sangre y la marea<br />
de tu respiración acompasada.</p>
<p>Amar es absorber tu joven savia<br />
y juntar nuestras bocas en un cauce<br />
hasta que de la brisa de tu aliento<br />
se impregnen para siempre mis entrañas.</p>
<p>Amar es una envidia verde y muda,<br />
una sutil y lúcida avaricia.</p>
<p>Amar es provocar el dulce instante<br />
en que tu piel busca mi piel despierta;<br />
saciar a un tiempo la avidez nocturna<br />
y morir otra vez la misma muerte<br />
provisional, desgarradora, oscura.</p>
<p>Amar es una sed, la de la llaga<br />
que arde sin consumirse ni cerrarse,<br />
y el hambre de una boca atormentada<br />
que pide más y más y no se sacia.</p>
<p>Amar es una insólita lujuria<br />
y una gula voraz, siempre desierta.</p>
<p>Pero amar es también cerrar los ojos,<br />
dejar que el sueño invada nuestro cuerpo<br />
como un río de olvido y de tinieblas,<br />
y navegar sin rumbo, a la deriva:<br />
porque amar es, al fin, una indolencia.</p></blockquote>
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		<title>reflexiones de un estómago vacío</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Feb 2007 16:07:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>magenta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Los lunes siempre inician con desgano, con estirar el cuerpo hacia arriba, los brazos, los dedos extendidos, como queriendo alcanzar el descanso imaginario de un domingo en la cama. Me arden los ojos mientras en el monitor, una rayita parpadea esperando el flujo de ideas -mucho más lento que de costumbre, he de decir. No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los lunes siempre inician con desgano, con estirar el cuerpo hacia arriba, los brazos, los dedos extendidos, como queriendo alcanzar el descanso imaginario de un domingo en la cama. Me arden los ojos mientras en el monitor, una rayita parpadea esperando el flujo de ideas -mucho más lento que de costumbre, he de decir. No me considero una persona floja, ni irresponsable (aunque luego parezca que todo me delata), simplemente a veces me gusta hundirme en el sopor. Hoy miro hacia el monitor a falta de una mejor ventana, pero veo sin ver nada en particular. Millones de pixeles (¿millones?) que no dibujan tus formas, esa curva que figura tu espalda y continúa y me envuelve aunque esté yo sentada acá tan lejos tratando de recordar la tesitura de tu piel en mi mejilla. Tú allá, harto de ti, y yo necesitándote.<br />
Es lunes, pero podría ser cualquier día.</p>
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