30 libros (11-15/30)

11. Uno que lo haya motivado a visitar algún lugar.
No fue necesariamente una motivación, pero tampoco es un secreto mi obsesión Pamuk-Estambul. Es particularmente efervescente decir, o pensar, “oh, esta calle por la que camino es la que menciona en ___ novela”, o “mira, allá está el edificio Pamuk”, cosas así.

12. Una biografía.
Cualquier libro de Dalí. Pero me divertió particularmente el “Diario de un loco”. Así, de risa loca.

13. El primer libro que leyó en su vida.
Muy difícil recordarlo. Afortunadamente mi tía y mi abuela tenían muchos libros en su casa, y como mi tía es maestra de pronto salían títulos infantiles… mi abuelita me llevaba a la biblioteca, entre las dos me leían cuentos… en serio, imposible recordar cuál fue el primer libro que leí en mi vida. Me enorgullece decir que crecí con ellos.

14. Uno que haya odiado hace años y hoy admira.
No creo que me haya sucedido algo así, peero sí me ha sucedido que a veces empiezo a leer un libro y no me gancha, pero lo retomo tiempo después y entonces me atrapa. Me sucede igual con la música. Aunque de momento no puedo pensar en un título en particular…

15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega.
Cualquiera de Anne Rice. Las historias no son necesariamente malas, pero me pregunto, ¿cómo es que pude dedicar tanto tiempo a la lectura de… pues de eso?

Recuerdo de un trayecto

El último día de nuestro viaje de luna de miel amanecimos en Estambul. Nuestro vuelo salía a las 6 am (Lufthansa siempre me la aplica) por lo que teníamos que estar en el aeropuerto alrededor de las 4, ergo, había que salir muy temprano del hotel. Contratamos un transporte hotel-aeropuerto, una camioneta (la somnolencia no nos dejó verla a detalle, pero creemos que era una sprinter) que pasa por varios hoteles de la zona, recoge a las personas y las lleva al aeropuerto. Calculo que eran pasaditas las 3 am (bueno, es un decir que amanecimos allá) cuando la camioneta llegó por nosotros, y ya traía algo de pasaje. De ahí fuimos a otros dos hoteles, luego a cambiar de chofer y nos enfilamos al aeropuerto. El cielo estaba completamente negro, las luces del puente Gálata jugaban a lo lejos, y nuestro chofer fresco manejaba a velocidades indecibles mientras escuchaba esta canción (favor de poner play y dejarla mientras sigue leyendo el resto del post):

Todos los pasajeros íbamos aterrados sintiendo cómo la fuerza nos jalaba de nuestros asientos, rezando (o maldiciendo) en diferentes idiomas a la vez. Como nadie llevaba cinturón de seguridad, el movimiento de nuestros cuerpos era más violento, así que lo mismo saltábamos en los topes, nos ladeábamos en las curvas o nos embarrábamos en el asiento de enfrente al desacelerar de golpe.
Pero lo que nunca olvidaré son las curvas: casi casi sentías cómo la camioneta se despegaba del piso y se ladeaba peligrosamente, generando un cierto vertiguito que de pronto era peligrosamente agradable. Al ir sentados hasta atrás, y con la camioneta llena, no nos era posible ver la calle por lo que la angustia (y la sorpresa) eran mayores con cada movimiento. El punto es que el recorrido lo hicimos en tiempo record, supongo que por la falta de tráfico pero también por la velocidad (¡tuvo que ser!). Los otrora adormilados pasajeros, ahora llenos de adrenalina, bajamos de la camioneta y tomamos nuestras agitadas (y aplastadas) maletas, enfilándonos hacia adentro del aeropuerto. Había un hombre alemán en la misma fila de de Lufthansa donde nos paramos nosotros, que también había viajado en la camioneta del terror. Nos miró y preguntó si veníamos en ese ride, y dijimos que sí, a lo que contestó: “What a ride! That guy was just fucking insane!”. No pudimos sino asentir.

La tragedia en facebook

Facebook no deja de ser tema de conversación casi a donde quiera que voy, por cuantas razones se les ocurran. El otro día platicábamos cómo es que la vida ha venido a convertirse en el apéndice de facebook (la vida: ese lugar de donde sacas las fotos para el facebook) en lugar de que fuera al revés. Etcétera.
Hoy me entero de una tragedia. Una conocida redacta un mensaje un poco críptico, no voluntariamente críptico sino más bien con una redacción enredada. Dice algo sobre alguien cuidando a alguien desde el cielo, un fallecimiento y una velación. Entro a su perfil y entiendo que se trata del fallecimiento del novio de su hermana (los apellidos son iguales, y en las fotos se ven idénticas). Entro al perfil de la hermana (no la tengo en mi lista) y puedo ver su muro y en su información, el nombre del novio. Entro al perfil del novio, que está un poco más protegido, pero aún así me doy cuenta de que el último mensaje que escribió fue a su novia, apenas hace 24 horas, y en él le decía “te extraño muchísimo”.
Al leer eso, siento como si me hubieran sacado el aire de un chingazo.
En el perfil de la hermana (la que perdió al novio) muchos mensajes de condolencias, apoyo, oraciones. Entre ellos, encuentro algunas palabras como “justicia ante las autoridades”, “justicia ante dios”, “esta ciudad maldita”, etcétera. Ya más o menos se me va aclarando (u obscureciendo) el panorama. No he buscado en google el nombre del chico, pero supongo que dentro de poco lo encontraré nadando en notas poco amenas.
Llámenme stalker o metiche, pero la verdad es que saber todo lo anterior me tomó dos minutos. Y no porque esté a la vista de todos la nota duele menos, por el contrario, me siento falsamente involucrada, dolida: ¿cómo se vive el duelo desde facebook? ¿qué es la muerte para las redes sociales? Claramente no voy a ir a pararme a las capillas, yo no conozco a la chica y mucho menos al chico. Tampoco le voy a decir que comparto su dolor, aunque lo sienta dentro de mí. Pero me siento con algo de deber, sobre todo después de haber atisbado algo tan íntimo, algo que no debería estar tan al alcance pero lo está.
En fin. Qué triste.

Kalashnikov

La verdad no soy muy fan del mariachi en las bodas. Bueno al menos no queríamos uno en la nuestra. Claro que si hubiéramos visto este antes, que toca Kalashnikov de Goran Bregovic, a lo mejor la decisión hubiera sido distinta :D


Lo que sí, es que sería bueno decirle a la gente cómo puede bailar esta música -que según yo no tenía mucha ciencia- pero a nosotros también casi nos dejan bailando solos en la pista cuando pusimos nuestro set de música balkan, ja. Ah pero cómo nos divertimos.

30 libros (8-10/30)

8. Uno para leer por fragmentos.
Uno de mis favoritos que me enloquecen: Diccionario Jázaro, de Milorad Pavic. La forma en como está construído permite leer desde sólo unas pocas lineas hasta varias páginas, sin un orden preestablecido, con la posibilidad de brincar de página siguiendo las marcas, leer el libro completamente en desorden o definitivamente al azar. Es un ejemplo maravilloso y perfecto de hipertextualidad en papel.

9. Uno con una excelente versión cinematográfica.
Cualquiera de la trilogía de Larsson. El libro te dará detalles que en la película no encuentres, pero los personajes son mucho más encantadores en las películas, además de que a comparación del (por lo menos el primer) libro, no son nada aburridas.

10. Uno con una pésima versión cinematográfica.
I am legend! pero qué versión más horribleeeeeee! me refiero a la última versión, donde sale Will Smith. Och, por qué hacen esas cosas?

“Yo nací esencialmente pintor”

El pasado 31 de octubre, falleció el último gran muralista mexicano José Reyes Meza. Tamaulipeco de nacimiento, ahora sus cenizas flotan en la laguna del Champayán que él tanto repitió en sus pinturas (mismas aves, misma vegetación), cenizas que se esparcieron por el agua al son del huapango, tal como fuera su última voluntad.
Todos los que de alguna manera lo conocimos nos dolemos por su partida; aquel que le escuchó al menos un par de palabras, que tuvo la oportunidad de husmear en su estudio, que hasta pudo probar alguno de sus afamados platillos. Yo lo conocí a través de sus cuadros. Un día entré a casa de mi gran amiga Ximena -su nieta-, y lo primero que me impresionó fue su gran biblioteca, la vibra de su casa (“la casa del pintor”) lo colorido de sus objetos, la tradición en sus libreros, las pinturas en las paredes. “Esas pinturas son del abuelo”. Y luego el estudio. Qué lugar lleno de colores, lienzos, objetos misteriosos, trazos en las altas paredes, cuadros embalados y otros a medio hacer. Cuando pienso en su obra pienso en México, en colores colores y más colores, en vida (incluso en la muerte), en belleza.
Nunca se vendió, él siempre lo dijo, Ximena siempre nos lo contó. Nunca siguió por la línea que le trazaron, por eso es que no está por todos lados, por eso es que su obra no es tan comercial como la de otros. Afortunadamente, aunque él ya no esté en este mundo, estamos muy a tiempo de conocerlo y difundir su obra para que muchos otros la conozcan y reciban.
Sé que mis palabras no llegan a hacerle homenaje, pero no quería que el hecho pasara sin que al menos pudiera hacer manifiesta la admiración y el respeto que siento por él, por su arte y su sabiduría. Si no lo conocen, este video donde se le entrevista es la oportunidad perfecta.

Descanse en paz el pintor José Reyes Meza.