Estoy a punto de salir rumbo a la estación de radio a transmitir mi programa. Acabo de terminar la selección musical y estoy muy satisfecha, contenta, felicísima. Y es que hoy me tomé una licencia (¿poética?) y en lugar de música gitana voy a tocar rock turco, jaja. Bueno, de una forma u otra por ahí va la cosa.
Lo que me emociona es lanzar canciones al viento. Suena cursi, ajá, pero cada que preparo la lista me pregunto si alguna vez tal o cual canción se habrá transmitido por radio antes en esta ciudad. Con la mayoría estoy segura de que no. Entonces selecciono mis canciones con mucho cuidado porque bueno, nunca se sabe, pero puede que en algún momento a alguien le ocurra topársela por casualidad y no sé, a lo mejor le gusta. Puede ser.
Sonó el despertador. Como siempre lo apagué y me arremoliné en la sábana para acomodarme de nuevo. Como siempre llegó Mao a acostarse conmigo, me deja abrazarlo y él se recarga en mi pecho. Estábamos entrando felizmente al sueñito antes de levantarnos cuando escuché que un gato subió corriendo y se metió al closet, haciendo mucho ruido. No sonó ningún cascabel así que no era Beny, y Motiti no suele andar corriendo por la vida (por eso está tan gorda ahora) así que pensé: Garabato. Luego escuché ruidos adentro del closet, como de golpecitos. Mao dejó mis brazos para ir con su juguetón hermano, y mientras yo pensaba “el cabrón seguramente subió una cucaracha moribunda y la está cazando adentro del closet, QUÉ ASCO, voy a tener que pararme”. En eso empecé a escuchar unos maullidos rarísimos, como nunca le había escuchado a Garabato… largos, profundos, débiles pero sonoros. Como maullidos de… ¡DOLOR! ¡En la madre! Me levanté de un salto y me asomé al closet (es un closet grande) y lo que vi fue a Garabato con la cola esponjada, tratando de mantenerse en pie, cayendo, tambaleando. Mao lo veía con cara de interrogación. Se me disparó la adrenalina, le grité al Piantao ALGO LE PASA A GARABATO y mientras él se levantaba rápidamente corrí a buscar el teléfono del veterinario. Como no contestó, Carlos se lo llevó a la veterinaria más cercana, y cuando lo puso en la caja transportadora me dijo que el gato estaba todo aguado, débil. Salió como alma que lleva a su gato enfermo y yo me quedé en la casa tratando de que algo tuviera sentido. Recorrí todos los espacios: el gato no sale de casa nunca, no hay sustancias ni alimentos tóxicos al alcance, había una vomitada en el piso pero era pequeña y normal (o sea, de pelos, gracias) lo único que se me ocurrió es que quizá hubiera comido una cucaracha a la que le hubiera caído insecticida del que rocié debajo de la puerta hace tres días. Pues era lo único, así que eché el bote de insecticida en una bolsa y me lancé al veterinario.
En el camino le iba pidiendo a Diosito que no fuera nada, porque yo ya me imaginaba al Garabato patas pa’rriba: él suele tener buena salud y me parecía muy extraño que dadas las casi perfectas condiciones de vida que tiene le pasara algo. Todo me pasó por la cabeza menos lo que vi cuando entré al cubículo de consulta: Garabato de pie, cola estirada hacia arriba, felizmente comiendo de una pequeña lata que la veterinaria le estaba ofreciendo. Lo primero que sentí fue alivio, luego vergüenza (qué penita que yo había llamado cual madre desamparada: MIMARIDO VA PARA ALLÁ, ALGO LE PASA A NUESTRO GATITO *respiración agitada*) y luego coraje: pos pinche gato, ¿qué fue?
La teoría de la veterinaria es que, a juzgar por la(s) vomitada(s) reciente(s), el gato anda teniendo problema para sacar los pelos y a lo mejor una vomitada lo sacó de onda, o algo así (insertar explicación que no puedo reproducir). Mi teoría es que el pendejo se pegó, y perdió piso por la intensidad del madrazo. Nunca he visto a un gato golpearse tan duro que luego de eso se caiga o se maree, pero no descarto la posibilidad. Las señales concuerdan: el gato andaba de juguetón, ruidos en el closet, maullidos de dolor, mareo, cola esponjada por la sorpresa, recuperación pronta. No creo que sea un problema neurológico porque el gato no hubiera llorado ni se le hubiera esponjado la cola, en los problemas neurológicos el gato simplemente no puede hacer tal o cual cosa. Además Garabato ya anda como si nada corriendo y jugando, arqueando el lomo cuando lo acaricias, etcétera. O sea al grandísimo cabrón no le pasó nada.
Aprendí dos cosas: una, que es muy buena idea tener también los números de emergencias veterinarias a la mano, y dos, que independientemente de si sepas que lo que sucedió es grave o no, el factor tiempo es clave. A la siguiente que suceda no me voy a quedar a preguntar qué pasó, voy a correr al veterinario igual, aunque haga el ridículo. Más vale prevenir y pagar una lata de alimento consulta de $220 pesos, que luego lamentarse.
Ay, Garabatito.
Soñé que caminaba por las calles de Estambul.
Y, mientras sentía el pecho lleno de emoción al mirar el hermoso escenario, pensaba:
esta ciudad es un sueño.
Hace algunos minutos me encontraba haciendo una pequeña investigación sobre laberintos para un pequeñísimo apartado en mi tesis (por cierto, ¿alguien recordará o tendrá a la mano los tipos de laberinto de los que habla Umberto Eco en El nombre de la rosa? Tengo el libro en el regazo pero todavía no encuentro ese pasaje o no sé si lo alucino). El asunto es que al estar pensando en laberintos, me acordé de aquel que visitamos el año pasado en Budapest, el Budavári Labirintus, o el laberinto que se encuentra debajo del castillo de Buda -en la parte Buda de Budapest.
Lamentablemente no tengo mucho tiempo para detenerme aquí y narrarles cuán maravillosa es Budapest y cuánto se nos metió al corazón aquella inabarcable ciudad, con todos sus colores, sonidos y sabores. Porque lo que me tiene en este momento nostálgicamente triste, es que aquel hermoso laberinto se cerró de manera permanente. Y para agregarle más drama al asunto, el laberinto se cerró unos pocos días después de que lo visitáramos. Para ser más exactos, tres días después.
Para los que no tenían información de la existencia de este laberinto, aquí un poco extraída de Wikipedia:
The unique calcareous tuff caves of the Castle Hill were created as an effect of the hot water springs at the dawn of the history of the Earth. These caves then served as refuge as well as hunting ground for the prehistoric man (the “Hunter of Buda”) appearing half a million years ago. For economic and military purposes these, originally smaller caves were connected and they got also connected to the cellarage of the Castle District’s houses. It was used for wine-cellars, torture chambers, jails or treasury during the Middle Ages. The cellars were turned into a shelter and military hospital in the 1930s. At that time the whole cave system could accommodate about ten thousand people at a time. Reinforced – and also disfigured – with concrete, it served as a military installation during the Cold War. In the short interceptions of military utilization and especially since the end of the Cold War, there have been initiatives to turn the labyrinth to cultural uses. A cave museum opened the reopened, and in the early 1980s, the first exhibition of wax figures in Hungary was set up here.
Este laberinto está considerado una de las 7 maravillas del mundo subterráneo (o algo así) y patrimonio de humanidad según la Unesco. Considerado maravilla o no, la historia de este lugar lo sostiene por sí sola. La vibra en el lugar es increíblemente pesada. Aunque nosotros lo visitamos cuando todavía era de día, de noche el recorrido es con lámparas por unas cuevas totalmente oscuras. Hay dentro del laberinto pinturas rupestres, esculturas, hasta una fuente de vino. Pensar que ese laberinto fue testigo de tantos momentos en la historia, que fue encargado de resguardar a miles de personas en diferentes circunstancias y que de pronto uno como visitante se encuentra sólo en un cuarto -con esa historia- a media luz, a no sé cuántos metros debajo de la tierra… yo sí de pronto sentía un poquito de vértigo. Había una habitación completamente oscura, por la que podías entrar guiándote por un barandal hecho de cuerda. Yo no pude ir más de la mitad, no hubo Diálogo en la oscuridad que me entrenara para eso (nota nada que ver: hay una foto en el link anterior en la que salgo con mi cabello como lo tenía antes. Sniff. Más nostalgia).
La razón por la que ha cerrado todavía no me queda muy clara. Parece ser que entró la policía anti disturbios así como así, sacó a toda la gente y clausuró las puertas antes de que alguien pudiera decir budavári. Se me hace muy triste, en serio, este laberinto es genial y todo el mundo tendría que visitarlo. En la página de wikipedia vienen unas fotos muy padres, pensaba subir las mías pero están bien chafitas, mejor vean esas.
¿De qué se nutre un lugar así, a puerta cerrada, en esa soledad oscura, despojado de toda presencia humana?
Me intriga.
Tengo ya varios años que no dejo de ver aunque sea la final del Eurovisión, más por curiosidad que por otra cosa (ajá). La verdad es que he descubierto dos o tres rolas o artistas que se han quedado conmigo al paso del tiempo, además que ver el programa es tener una pizquita de mundo en unas horitas. Los participantes de este año ya se están eligiendo, y de entre los videos que he visto hay uno que no me deja de dar vueltas en la cabeza, y es por el que definitivamente votaría si estuviera en mi poder votar. Ellos representarán a Israel, y es (hasta ahora) la única de las canciones concursantes que cuenta con video propio, que además está super divertido.
A lo mejor no suena nada a Israel pero tiene muchos puntos a favor. La canción es SUPER pegajosa, suena un poco retro, tiene los coros en hebreo (se critica mucho que ahora todo mundo resulta que canta en inglés), es divertida y no sé, yo estoy encantada. Admito que no he escuchado otras canciones del grupo, pero es que ahorita estoy tan feliz con esta.
Otra sorpresa que casi me saca la lagrimita de ternura, es la participación de Rusia… ellas son las Buranovskiye Babushki, y bueno, el video hay que verlo para creerlo, por lo menos el primer minuto. Hay que ver la cara de algunos jueces, de total incredulidad…
Obviamente la canción no me parece la mejor, pero el anacronismo es remarcable y claro, saca un poco (mucho) de onda. Pero es que son tan tiernas…
El Eurovisión no se reconoce precisamente por tener las mejores rolas, de hecho muchas son basura o presentaciones más bien ridículas o trabajos vocales muy “buenos” pero totalmente comunes y musicalmente iguales a otros muchos, y por lo tanto, aburridos. Y no me hagan hablar del eurodance. Yo aprecio los trabajos creativos, buenos musicalmente, originales, con la esencia del país que representan. Son estas cosas las que hacen el programa interesante, al menos para mí. Igual no me hagan mucho caso, tengo gustos musicales muy raros :)
De seguro ya lo vieron, pero si no, véanlo ahora ya mismo ya.
El video muestra a Dicken Schrader y sus dos hijos haciendo un maravilloso cover de Depeche Mode. Me ha enternecido casi hasta las lágrimas (ohhh esa marea emocional llamada hormonas femeninas) y casi hasta me dan ganas de tener hijos ya.
se dice de mí