grr

¿Alguien sabe cómo hacer para que wordpress ponga las fechas en español? se ve muy extraña la mezcla.

tus manos

Qué decir que no se haya dicho ya: tus manos son principio y fin de todo lo que has creado. Es como si tuvieran su propia personalidad, se nota cuando fumas, saludas, te cubres el rostro, exprimes un limón, o hasta cuando descuidadamente tomas mi mano y juegas con ella entre tus dedos. Tus dedos son delgados y largos, suaves al tacto pero fuertes cuando hace falta.
Yo no sé qué me pasa, pero no puedo dejar de mirar tus manos. Me encantan tus manos, como hace mucho no me encantaban unas manos.

sonido para adolescentes

Mi padre me pasó una nota interesantísima ayer: suena lógico que conforme crezcas, tu oído también vaya envejeciendo. Bueno, pues un timbre que fue ideado para espantar adolescentes (porque dada la juventud de su oído, sólo ellos lo pueden oir), ahora se usa en Estados Unidos, por los mismos adolescentes, como timbre para celular indetectable (según esto) por sus maestros. Se supone que si tienes más de 20 años, o algo así, es poco probable que lo escuches. Yo tengo casi 25 y lo escuché perfectamente, jojo. 

La nota está aquí: A ring tone meant to fall on deaf ears. Y por supuesto, también está el tono.
¿Lo pudieron escuchar?

la bit-blioteca

Si bien no tiene mucho sentido resistirse a la tecnología, yo soy de las “chapadas a la antigua” que siempre ha pensado en que el libro (como objeto) es irrermplazable. Por supuesto, me encantaría encontrar aquellos libros que ya no se editan cuando menos en formato digital, ojo, “cuando menos”. De los males, el menor.
Pero cuando quiero leer una novela, o un libro de cuentos, internet es el último lugar al que recurro, si es que lo hago. Leo el periódico, los blogs (que algunos sean como una novela no será por un elemento propio del género), el resumen de noticias más importantes según mis intereses en google news, enciclopedias, diccionarios, imdb, cosas así: breves y generalmente de consulta, o páginas de esparcimiento no literario (webcomics, tiendas, etcétera). Incluso no me molestaría leer revistas online -casi no lo hago, debo admitirlo, a menos que sea algo sumamente interesante o inconseguible en otros medios.
Pero el libro es un ritual íntimo, que requiere del 100 por ciento de nuestra atención. No me gustaría estar leyendo una novela frente a la computadora, y que de pronto alguien me hablara por messenger, o fallara el windows, o me llegara un correo, o hubiera una liga por ahí y sin querer hiciera click y me distrajera de mi lectura. El problema con leer en internet, creo yo, es precisamente la hipertextualidad. No he hecho ningún estudio formal, pero es complicado mantener la atención en una sola cosa cuando se navega en internet. Funciona un poco como el pensamiento, de pronto aparecen palabras subrayadas a las que hacemos “click” y nos lleva a otro pequeño mundito, relacionado con el anterior pero diferente. Cuando leo no puedo estar pensando hipertextualmente, porque mi línea de pensamiento debe ir en una sola cosa, de lo contrario me distraigo y no disfruto lo que leo.
Que si es más fácil darse a conocer en internet, es obvia la respuesta. Pero eso no significa que voy a preferir leer un e-book a un libro impreso. Claro, es más barato, lo consigues más fácil y más rápido. Pero no es lo mismo. Imagínense que en mi vuelo de 12 horas se le termine la batería a mi palm o cualquier lector de e-books. Una palm no registra las manchas de café, las esquinas dobladas, las lágrimas o babas o mocos o sangre o lo que sea que le caiga encima. Un e-book no huele rico, no tiene textura, no se pone amarillito lindo con el tiempo, no podría usar los separadores que tanto me gusta coleccionar. No hay tiendas de e-books usados, en donde puedas sorprenderte al encontrar una reliquia, o un libro con una dedicatoria que diga “te regalo este libro para que nunca olvides que te amo”. No me imagino mi biblioteca metida dentro de una carpeta que ni siquiera puedo tocar, y acaso pudiera perder en un respaldo.
No estoy en contra de los e-books. Simplemente creo que tienen otra función; por ejemplo, si estoy haciendo una tesis me encantaría tener todo digitalizado: sería mucho más fácil buscar la información, citar, comparar. Pero si la lectura es para mero disfrute, un e-book le quita mucho el chiste a las cosas.
Creo que el internet es un recurso complementario, una visita obligada después de que terminas de leer el libro. Pero bueno, todo esto me vino a la cabeza por un artículo que leí hace rato, y aquí está la liga:

Authors’ angst is rising as digital publishing age closes in – Technology – International Herald Tribune

abandon hope all ye who enter here

Recientemente terminé de leer El Club Dante, y si bien no es la gran cosa literariamente hablando, sí cumple su función de ser muy entretenida. El lenguaje es chafa, le sobra mucho (como a todo lo gringo reciente que he leído) tanto que dan ganas de tener unas tijeras a un lado e ir cortando. Las primeras 120 páginas son intragables, y hasta pesan cuando las pasas de derecha a izquierda. Pero después de eso, todo sigue de bajada y no puedes dejar de leer hasta que llegas al último punto de la última página (y son casi 500). Creo que es un detallazo importantísimo la nota histórica que viene al final (bien por Pearl, que nos dice qué es verdad de su novela y qué no, detallito que le pasó inadvertido a Dan Brown, y por eso tanta tragedia sin sentido) y considero completamente inecesaria la reproducción de los elogios hechos a esta novela.
Si bien es entretenida, y su gracia es que retoma un hecho histórico (la traducción al inglés de La Divina Comedia, por Longfellow, el Club Dante que sí existió, así como otros personajes y contexto social/cultural/etcétera) y lo utiliza como punto de partida para crear una historia de ficción (cfr. Capote), creo que en cuanto a la forma no tiene mucho que aportar. Lo importante del libro es la anécdota, el qué y no el cómo. Por eso creo que este libro será una magnífica película, pues siempre la adaptación del texto al guion requiere de una gran tijera.
Claro, me gustó, me divirtió, me brindó un rato de esparcimiento y distracción. Y mentiría si digo que no me emocioné o sorprendí en algunas ocasiones durante mi lectura. Pero por Dios, que no lo comparen con El nombre de la rosa. Nada más lejano.