una semana después…

Lo prometido es deuda: he aquí la segunda generación de la Motiti :)


(click para ver las imágenes en grande)


Los bebés cada vez se mueven más, sus maulliditos son adorables y Motiti se ha portado como toda una madre responsable y querendona. La verdad la casa es un caos: Beny y Mao suelen ser bien portados, pero Tito (que es hijo de la primera camada de Motiti) insiste en seguir amamantando a sus siete meses y luego peor, intenta aparearse con su mamá. Antes de que me digan cualquier cosa, Tito irá al veterinario mañana para su operación. Pero por ese asunto, no los puedo dejar solos sin vigilancia… y la verdad es cansado estar tras de ellos todo el tiempo, y manteniendo a la mamá y sus bebés en mi cuarto, y a los demás afuera del cuarto.
Pero bueno, qué podía esperar yo que ahora tengo DIEZ gatos en casa. La verdad es que me comen las ansias de que ya abran los ojitos y estén un poquito más grandes, para verlos correr y jugar por ahí :)

El gato Mustafá

El gato Mustafá
En la cuidad de los gatos vive el gato Mustafá.
Muy temprano se levanta, pues le gusta ser puntual.
Se baña en la regadera, se peina, ayuda a mamá
y toma en su desayuno: jugo, huevo, leche y pan.
Revisa bien su mochila, ¡nada debe faltar!
y cuando llega a la escuela saluda a todos :”¡Miau, Miau!”

(libro de lecturas de la SEP, 2° primaria)

Lo encontré por ahí y soy felicísima. Llevaba mucho tiempo buscando este textito :)

El fin de la espera

Ayer salí de casa a la 1 pm. Motiti se veía bien, más cariñosa que de costumbre y jugando a la navecita espacial (es que la pobre parecía platillo volador, jaja, y caminaba tantito y hacía ruiditos, luego caminaba otro poquito y hacía ruiditos, etc). Pensé, a lo mejor es hoy. Regresé a las seis y fui al closet a buscarla, porque ya pasaba más tiempo ahí adentro y entonces la vi: estaba ADENTRO de la camita que le compré y nunca había pelado. Tenía un gatito ahí con ella, todavía con la placenta pegada, y cuatro afuera, sobre la toalla. Quise gritar de felicidad (y por la impresión) pero antes le puse los gatitos ahí en la cama con ella. De ratito se comió la placenta del quinto y todos muy tranquilos y felices comieron mientras ella descansaba.
Transcurrió el resto del día en calma, ella salió, comió un poquito, tomó agua… todo muy normal. Los nenes se veían super bien.
Luego como a la 1 am, Motiti se hiperventiló. Después empezó a tener contracciones. Yo estaba angustiadísima, no sabía si despertar o no al veterinario, si era normal… la pobre estaba echada con los gatitos comiendo y su cuerpecito se contraía… y ella suspiraba, se notaba que le dolía mucho. Yo la miraba y la acariciaba despacito… ella me miraba… ay no, fueron horas de estar a la expectativa.
Y digo a la expectativa porque como el Piantao bien notó, y yo noté después, todavía tenía un bultito que no sabíamos qué era. Yo leí en un libro maravilloso que compré (y si tienes gatos, DEBES tenerlo) que algunas gatas interrumpen el parto y lo pueden continuar incluso hasta 24 horas después. Así que supuse que por ahí iba la cosa…
Como a las 2.30 ya no podía mantenerme despierta. Puse mi alarma a las 4, y a esa hora me levanté a checarla… la vi bien, tranquila, ya no estaba hiperventilada. Lo mismo a las 6. Puse mi última alarma a las 9, pero unos 15 minutos antes me despertaron los maullidos de la reina. Cuando me levanté, vi que tenía un cuerpecito de bebé, aparentemente muerto. Me miraba y me maullaba. Yo pensé que quizá había aplastado un gatito y lo había matado, pero luego vi mucha sangre en el piso y vi que temblaba… y en eso, ¡nace otro gatito! ¡Me cayó el veinte de que acababa de parir DOS gatos más! La pobre se veía exhausta… apenas si pudo lamer al recién nacido para quitarle el saquito en que viene envuelto y que pudiera respirar. El gatito ya estaba completamente afuera pero su placenta seguía dentro… y Motiti estaba echada, no se le veían intenciones de seguirlo lamiendo (que es importantísimo). Así que me armé de valor, toallitas, tijeras, hilo, gel antibacterial y me lavé las manos como cirujano (yo estaba instaladísima en el papel). Tomé con cuidado al gatito nuevo y con mucho cuidado, jalé la placenta (que tiene unida al cordón umbilical) para que saliera del cuerpo de la gata. Motiti maulló despacito. Puse al gatito sobre una toallita y con la misma lo empecé a limpiar, para emular el efecto de las lamidas. El gatito se empezó a mover mucho más. Se lo puse enfrente a la nena y como que de pronto le daba uno que otro lenguetazo. Le amarré el hilo a 1.5 cm. de la base del ombligo y corté el cordón umbilical. La nena se metió a la camita con los otros cinco, y le acerqué al sexto. Entonces sí lo bañó, lo dejó comer y se durmió con los seis, me imagino que suuuuuper cansada y adolorida.
Regresé al gatito muerto. Fue entonces que me di cuenta que Motiti no le había quitado la bolsita, así que hay un alto grado de probabilidad de que haya nacido vivo, pero al no sacarlo de la bolsita se haya asfixiado. Para entonces ya era muy tarde, el gatito estaba heladísimo y obviamente no respondía a ningún estímulo. Me siento culpable al pensar que pude haberlo salvado si hubiera notado eso inmediatamente.
Después me tocó la limpieza… todo este asunto de los gatitos ha sido una experiencia increíble, con mucho aprendizaje pero sobre todo, llena de admiración hacia esta nena bellísima y hacia Dios, que la diseñó. Los gatitos son criaturitas perfectas, en todos los sentidos. Y el instinto maternal es muy cabrón. Eso del “milagro de la vida” no es cursilería, no…
De momento no tengo fotos (bueno, sólo esta, pero ahí falta el sexto) pero cuando tenga mi cámara de regreso, se van a hartar de fotos :)

En fin… ¿alguien en Monterrey quiere gatitos? :3

Nadie sabe para quién trabaja

Cuando salí de casa, a eso de la 1 de la tarde, escuché a lo lejos que un gatito maullaba. Como iba con prisas no me puse a buscarlo (por no mencionar el hecho de que ya tengo 4 hijos más los que vienen en camino), y cuando regresé por la noche, escuché, no sé si al mismo gato, maullar desesperadamente. Como compré una bolsototota de croquetas para estos casos, dejé un plato con croquetas afuera de la lavandería, por si ese gatito o cualquier otro tenía hambre.
En este momento son casi las 2 am, y con el silencio de afuera pude escuchar un crunch crunch de croquetas (¿o debería decir nom nom?) así que me paré sigilosamente, abrí con cuidado la puerta de la lavandería pero el comensal se asustó y corrió antes de que yo pudiera verlo. Así que dejé la puerta entreabierta muy poquito, a ver si regresaba y podía verlo.
A los pocos segundos regresó, pero como dejé muy poco espacio para mirar y Beny amenazaba con salirse, sólo podía verle las orejas… por el color pensé que a lo mejor era el Macho Alfa (padre de los gatos de Motiti) pero algo no cuadraba… abrí la puerta un poco más y lo pude ver antes de que corriera: un TLACUACHE. Un señor tlacuachón se estaba empachando de croquetas pensadas para los pobres gatitos de la calle. Casi se había zampado todo el contenido del plato. Me da un poco de risa pero al mismo tiempo coraje, porque sé que en esta cuadra hay muchos gatos salvajes que de día nunca se me acercarán a pedir comida. Por otro lado bueno, como dicen por ahí: finders keepers. A ver si después logro explicarle al señor tlacuache que esas croquetas no son para él :)

kahvaltı

Cuando tomamos el autobús de Estambul a Bozcaada, viajamos durante toda la noche y en la mañana paramos en un lugar, un poco en medio de la nada, donde tomamos el kahvaltı o desayuno turco. La peculiaridad del desayuno es que se sirve en muchos platos (o platitos) y son muchas las opciones que se ofrecen. Lo básico son el pan, las aceitunas, el queso, el tomate, y el té negro. Opcionalmente pueden encontrarse una variedad de pepino, que es más pequeña que la que conocemos acá y se come con cáscara, una especie de chile, miel, fruta fresca o en conserva, semillas, y otras salsas que se untan al pan tanto dulces como saladas. Ese día nos dieron huevo, una especie de omelette con especias y estaba riquísimo. Casi todo se come sobre el pan, que suele ser un pan más pesado y con menos aire (yo qué sé de pan, pero así se me ocurre describirlo) que francamente es delicioso.
Mi parte favorita del desayuno es el pan con queso y miel. El queso es cremoso y un poco ácido, y con la miel crea un contraste muy interesante. El té negro es un poco astringente, y te permite disfrutar mucho los sabores. En la casa de Gamze, cuando la mamá nos preparaba el desayuno, llenaba la mesa de la cocina de muchos platitos. La tetera humeaba en la estufa, llenando la cocina con el olor del té. Nunca había tomado un desayuno tan prolijo, tan variado en sabores y texturas que a veces son discordantes pero que por alguna razón están ahí.
Nunca le tomé foto (por tonta), pero en algunas ocasiones, hasta el chile tajín que les llevé nos acompañó en el desayuno, porque cuando le comenté a la madre de mi amiga que yo lo comía con sandía, integró ambos elementos a nuestro kahvaltı. Lo mismo cuando le comenté que me encantaban las cerezas: me compró todo un kilo que me comí con harto gusto a lo largo de esos días.
Cuando regresé a México, intenté emular el desayuno de allá sin mucho éxito: empezando por la gran diferencia en la textura y consistencia del pan. Ya desde ahí el resto no funciona igual. El queso puede emularse con algún queso casero, o incluso con jocoque natural. La miel, bueno, esa es igual en todos lados. Pero el pan… Durante algunos días estuve desayunando pan con jocoque y miel, pero ese pan que hace tantas migajas y es más salado que dulce me dio mucha pena y decidí desistir. Ya volveré a tener otro desayuno de esos.
Esta es la foto del restaurante que les hablaba al principio. Eran las 7 am y no se me ocurrió tomar más fotos, de verdad que todo se veía muy bonito. Pero en google hay muchísimas más.

kahvaltı

kahvaltı