Melaya Leff

Hoy descubrí un tipo de danza muy divertida, que lleva por nombre Melaya (Melaya Leff, Milaya Leff).

Esta danza es proveniente de Alejandría, Egipto.
Una Melaya es un mantón o largo velo hecho de nylon o seda, en el que las mujeres se envuelven completamente, de cabeza a pies. Es una prenda de vestir modesta que las mujeres se ponen antes de salir de su casa. Para presentaciones en teatro la melaya lleva adornos dorados o plateados. La palabra leff significa envolver o envuelto.

Entre el Siglo 19 y 20, todas las mujeres, independientemente de su condición social, vestían la melaya como signo de respeto y dignidad, enrollándola alrededor del cuerpo de la cabeza a los pies. Hoy en día algunas mujeres aún la llevan, pero está cayendo en desuso.

Como la ciudad de Alejandría es un puerto, la danza se escenifica entre los pescadores y las mujeres del lugar. Los hombres se sientan junto a un cafe, bebiendo y fumando sus pipas de agua, y las mujeres compiten por su atención por medio de coqueteos. Finalmente, hombres y mujeres bailan juntos.

El vestuario de los hombres es el típico del pescador, que incluye un pantalón negro, un sweater, un chaleco de colores y un sombrero blanco de pescador.

La bailarina utiliza todo su encanto, entra en el escenario envuelta en un gran velo (Malea), de tela gruesa y negra, que es enrollado y desenrollado, enseñando poco a poco su cuerpo sujetandolo sobre los hombros, brazos y ajustándolo marcando la silueta.

Como complemento la bailarina lleva zapatos de tacón (no muy altos, ya que serían muy incómodos para bailar) y en la cabeza una banda decorada con flores o pompones. Llevar un velo semi transparente tapando la cara, es opcional. El manto de melaya empieza cubriendo el cuerpo, y durante la danza se van destapando y volviendo a tapar trozos del cuerpo. La bailarina juega con la melaya representando una danza de flirteo, muy graciosa y llena de vida.

La principal característica de este baile es la naturalidad. Es muy común que la bailarina actúe con chicles en la boca, cante y diga algunas palabras en árabe mientras ejecuta su baile. El ritmo utilizado es el Laff.
Fuente.

En youtube hay muchos videos pero este, a pesar de su brevedad, creo que es el que mejor refleja el espíritu del Melaya.

Por acá hay otro que me gustó, pero me gusta más cuando están los “marineros” en escena :)

Si yo bailara una pieza así, definitivamente elegiría salir mascando chicle :D

Dispositivo controlador de acceso para gatitos

Como ya los gatitos cabroncitos, que apenas el sábado cumplen un mes, andan bien inquietos, tuve que ingeniármelas. Normalmente se mantenían dentro del closet, y yo dejaba una abertura pequeña para que la mamá pudiera entrar y salir. La cosa es que ya son ellos quienes entran y salen… ¡ya corren, los canijos! Y me daba miedo que siendo tan pequeños anden corriendo por toda la casa.
Entonces, ayer a la 1.30 am, mientras sólo podía pensar en dormir pero no podía ir a dormir hasta solucionar el problema, se me ocurrió poner una caja pesada en la puerta. Así, todos los adultos -gatos y humanos- podemos pasar sobre la caja pero los bebés no, y tampoco los gatos la pueden arrastrar poque está llena de libros; del otro lado, puse unos zapatos pesados para que la puerta no se abriera y liberara espacio para pasar. Con este sistema (marca registrada del Dr. Chunga) los gatitos pueden andar libremente por el cuarto.
A Motiti le gustó la idea, y hasta usa la caja como puesto de vigilancia.

Motitis

Motitis

Abajo, la vieja loca saliendo al mundo (afuera del closet) con todo el esplendor de su pequeñez.
Motitis

Pequeñas alegrías cotidianas

Mi profesor de Teoría crítica y posmodernidad nos pidió que trabajáramos con una de tres películas 1) Wings of desire 2) In the mood for love 3) Blade Runner (las primeras dos me encantan, la tercera #yoconfieso que no la he visto). Luego en clase nos puso tres videos, uno era de Nick Cave. El trabajo final es muy probable que sea sobre Diccionario Jázaro de Milorad Pavic (L). Ya sólo le falta mandarnos a un concierto de Crüxshadows y que escribamos un ensayo sobre por qué los gatos son los mejores animales del mundo. Entonces lo amaré por siempre.

(Además es bien guapo. En serio. Luego les enseño una foto).

De los diez que yo tenía ya nomás me quedan… ¿doce?

Ayer por la noche rescatamos dos gatitos. Se distinguían sus mini siluetas recortadas con las luces del coche, justo a un lado del boulevard. El Piantao no dijo nada, yo sólo apunté con el dedo y antes de emitir cualquier sonido, escuché cómo rechinaban las llantas ante el pisotón sobre el freno. Como sólo tengo dos manos, sólo pude rescatar a dos, pero calculo que había al menos cuatro. Cuando regresamos, luego de dejar los dos en casa, escuchaba uno pero la verdad no lo pude ubicar entre la maleza.
Me pregunté si había sido lo correcto, el agarrarlos así nadamás, sin pensar si tenían una mamá que los buscaba. Pero luego de darme cuenta de que los pobrecitos bebés estaban en los puros huesos, me convencí de que había sido lo mejor. Además, por lo menos dos de esos gatitos van a crecer sanos, bien alimentados y amados, además de que no se van a reproducir sin control.
El asunto es que había doce gatos en mi casa. La verdad no lo digo con alarma, sino con orgullo: siempre bromeo sobre mi estatus de “vieja loca de los gatos” y creo que nunca lo había sido como ahora. El Piantao tampoco se queda atrás, él en sí constituye un “cat magnet” -a él tengo que agradecerle por Mao, mi gato consentido- y me apoya en mi eterna campaña de rescatar gatitos para darles un mejor hogar. Eso es lo que yo puedo hacer: rescatar gatitos, alimentarlos, buscarles casa, esterilizarlos. Sé que la gente también sufre, pero no puedo andar recogiendo gente de la calle y tampoco tengo dinero para sacarlos de pobres, pero sí tengo un puñito de croquetas extra, o una lata de atún que puedo ofrecer a estas criaturitas. Decía Gandhi que “una sociedad se puede juzgar por la forma en la que trata a los animales”. No podemos esperar tener mejores ciudadanos, gente compasiva, estudiantes sensibilizados, si desde pequeños no les enseñamos a respetar la vida ajena, la vida de los animales. Todos esos monstruitos que desde pequeños lastiman perros y gatos, tienen un alto grado de probabilidad de ser en su adultez insensibles, incomprensivos, no empáticos, e incluso hasta violentos.
Yo no soporto ver a un animal sufrir, y con esto no quiero minimizar el dolor humano. Al contrario, creo que si todos nos conmoviésemos igual ante el dolor animal, nuestra sociedad sería otra cosa.
Hace rato se llevaron uno de los dos gatitos rescatados. Me quedé con uno de ellos, que es lindísimo y color negro con manchitas blancas… el viernes se lo entregaré a su nueva dueña, que espero lo cuide con muchísimo esmero. Ahorita está envuelto en mi sudadera, dormido en mi regazo… es TAN pequeñito…