
Ha sido una de esas relaciones a largo plazo, sin mensualidad fija y con intereses variables. Desde aquel lejano 1997 en que lo conocí fue amor a primera vista. Luego, como ya lo he contado muchas veces, me rompió el corazón y bueno, luego el concierto de Héroes del Silencio del que salí como debía salir: ebria, berreando y en brazos del Piantao.
Y yo no sé que tiene este hombre, que tiene la capacidad de tenerme tonta, columpiándome en sus letras, aferrándome a su voz maldita y teniendo sueños de dudosa procedencia en los que él y yo somos los protagonistas. El punto es que tiene nuevo disco. El anterior, para los que no lo saben o no lo recuerdan, fue El viaje a ninguna parte, presentado en dos partes (olvidemos lo que pasó con El tiempo de las cerezas, por el bien de mi salud mental). A mí me gustó, claro, pero no así de amarlo como Pequeño, o como Flamingos incluso. Tenía rolas maravillosas como “El rescate”, “Los restos del naufragio” o “Canto (el mismo dolor)”, pero lo demás… estaba bien, así a secas.
Hellville de Luxe, su nuevo disco (cuyo nombre me recuerda el disco de Rob Zombie, Hellbilly Deluxe, quién sabe si haya sido intencional) es… no sé cómo decirlo. Me pareciera que es Bunbury de nuevo, que regresa sin pretensiones, sin experimentos, con letras sencillas mas no por eso simples. El disco es bastante digerible, enamorado (yo siempre ando diciendo que todo mundo anda enamorado, jajaja quizá sólo sean cursis). El sonido es más directo, identificable, menos circense; en pocas palabras el disco lo puedes tragar desde la primera vez que lo oyes, lo cual es loable tratándose de Bunbury. Hay por supuesto sonidos que nos recuerdan discos anteriores, pero lo siento muy diferente a su disco anterior, aunque sigue siendo Bunbury en toda la extensión de la palabra. Las letras no son tan crípticas ni llenas de personajes cerrados, al contrario, ahora podrías cantar cualquier canción y sentirla tuya nada más. Para muchos esto simplifica demasiado las creaciones, pero para otros puede representar el éxito total de la canción. Finalmente es el receptor quien completa el proceso, y yo digo que cuando las letras son así es mucho más sencillo que tengan éxito.
Este es el primer sencillo, “El hombre delgado que no flaqueará jamás”
Yo había intentado dejar de escucharlo (en mi last.fm ocupa un honroso tercer lugar) porque no quería que él se diera cuenta (jaja) que era de mis favoritos. Así como novia despechada. Pero ahora tengo/tuve que perdonarlo… y lo escucho sin parar. Me gusta mucho este nuevo disco, todavía no puedo sacar mis favoritas porque todas me gustan, y es chido cuando te sucede algo así, descubrir que algo te gusta en su totalidad. El domingo fui a comprar el disco, pero todavía no llega (salío el 7 de octubre). Como sea, yo por supuesto que lo voy a comprar.
A propósito de este hombre, me encontré un articulito muy divertido en donde se le acusa de plagio, porque dos de sus canciones tienen por ahí un par de líneas de un poeta (catalán, me parece) y ni siquiera están cantadas literalmente. Yo digo que se dejen de payasadas, ¿qué no saben lo que es la intertextualidad? Aparte ¿por qué no denuncian también que Bunbury no es su apellido real sino un personaje que sale en una obra teatral de Oscar Wilde llamada The importance of being Earnest? (o una ciudad, en todo caso) ¿O que en mientras componía las letras de Avalancha seguramente estaba leyendo a Benedetti (específicamente el Inventario), por los montones de referencias y “plagios” en sus poemas? Recuerdo que en prepa mi divertimento era ir subrayando todas las intertextualidades de Benedetti en las letras del Avalancha. Y no creo que sea nada malo, por el contrario. Lo bueno es que cualquiera con dos dedos de frente podría defenderse de algo así, y Bunbury ciertamente tiene más de dos dedos de frente.
El punto es, el disco es bueno. Y más allá de si es bueno o no, me gusta. Harto. Aquí les dejo una de las que se perfilan como favoritas del disco, “El porqué de tus silencios”. Me suena así como beatlesca, no sé. A ver qué opinan.


