Siempre que me enfrento al cuadrito en blanco, se me olvida todo lo que había pensado escribir. Debería comprar una de esas grabadorcitas para tomar notas grabadas, sería de mucha ayuda. Por lo pronto, tres notas musicales:
DO: El nuevo disco de Diorama (A diferent life), que con tantas ansias esperé, no era exactamente lo que esperaba. Las primeras 36 horas después de que salió me fue imposible encontrarlo, así que luego de 2 horas más de búsqueda, encontré una página para descargarlo por módicos 14 dólares (auch), pero es que no podía esperar más. Batallé para entenderlo, pero finalmente lo logré. Es más industrial que el Amaroid, más bailable también, más ruidoso. Pero en el fondo siguen las notas melancólicas, ese toquecito Diorama que tanto me gusta. Supongo que debo entender y aceptar que todo mundo cambia, que no se puede esperar que las personas sean iguales siempre y que eso a la larga puede llegar a ser aburrido. Así que en pocas palabras, acepto el nuevo disco, lo disfruto como es y trato de quererlo igual que a Amaroid.
RE: Lo que me desespera del mundo de la música en vivo, como novata que soy en el ambiente, son los tiempos de espera. La hora que te dicen NUNCA es la hora que te dicen, ni para los ensayos, ni para la prueba de sonido, ni siquiera para la presentación misma. La pregunta interesante es, ¿cómo le haré para acostumbrarme? O ya no digamos para acostumbrarme, sino para no agobiarme, no frustrarme cuando mi planeación choca contra el muro y se desbarata como tren descarrilado. Es TAN molesto. Pero qué hacerle. De todos modos, lo del sábado me gustó mucho, lo disfruté y la neta, pudo haber sido más temprano. Me perdí de Lucybell (bueno, mientras esperaba entrar al área de conciertos pude escuchar las últimas tres canciones, donde para mi suerte se incluía “Mil caminos” y “Esperanza”), pero mi arreglo tardaba demasiado como para alcanzar Lucybell, y luego la tocada. Y también me perdí de Ensamble Galileo, ni siquiera sabía que estarían en Monterrey. Diablos.
Pero fue divertido, es la primera vez que me subo a un escenario, digamos, “grande” para tocar… digo, mi incursión en la música es un poco torpe, pero es lindo saber que lo que hago sirve para un fin… quiero decir, ¡nunca había estado en una banda! mi relación con la música siempre había sido de apreciación, solamente. Y ahora, estoy sobre el escenario, y toco, y bailo, y hay aplausos y gente gritando “¡otra, otra, otra!”. Digo, qué más puede uno pedir.
MI: Ayer domingo me aventé el concierto Delirium, del Cirque du Soleil. Por principio de cuentas es un concierto, o sea, el aspecto principal es la música en vivo y por supuesto, toda la producción visual que es impresionante, pero no es un show propiamente circense, aunque tenga algunos números acrobáticos. De entrada debo decir que sí me gustó, pero no me hizo llorar de felicidad ni me desmayé de la emoción. La música no me gustó, y supongo que es porque no estoy familiarizada con los espectáculos del Cirque; creo (y es mi muy humilde opinión) que la música fuera del show circense se descontextualiza y pierde fuerza. La música para el Cirque es un marco -un marco muy bien hecho, con excelentes músicos e instrumentación, pero un marco a fin de cuentas. Lo importante es la parte visual, y si acá en Delirium lo importante es la música, dado que es un concierto, como que el asunto pierde un poco el chiste. En pocas palabras, Delirium es un espectáculo para fans o conocedores del Cirque du Soleil; los incautos que no sabemos nada de nada no identificamos que tal canción es de tal show, y que tal versión es distinta a la original. Visualmente sí está muy chido, pero creo que definitivamente no es tan fuerte como ver al circo en acción.
