que no se me culpe de abandono

La verdad es que traía una rachita de eventos desafortunados, que empezaron la semana pasada con el asalto y concluyó el viernes con una gastritis/colitis/etceteritis que casi me saca de circulación. Tan mal me sentía que dejé que me inyectaran (y eso que tenía 16 -dieciséis- años de no recibir una inyección) (hasta tuve que sacar la calculadora) figúrense ustedes. Les huí todo el tiempo que pude hasta que el viernes no pude más. Es más, todavía ahora, más de 48 hrs después, me duele. Siento el fantasma de la aguja cada que me siento (quedó bien chistosa esa frase). En fin, el punto es que todo lo terrible sucedió y terminó de suceder el viernes, con la clausura del antro donde teníamos el evento, a dos horas de que habíamos empezado; mi regreso a casa cabizbaja y afiebrada, y mi posterior vomitada (perdón por lo gráfico) de todo lo que había comido en la semana (casi). El tema de mi visa a Turquía, luego de varios días de angustia, terminó cuando L. cruzó el deefe de norte a sur en menos de una hora. Se supone que mañana lunes aparecerá el pasaporte visado en cualquier momento frente a la puerta de la casa.
Así que ayer por primera vez dormí tranquila, el evento ya pasó (o no pasó), la visa está en la ciudad, y ahora tengo que concentrarme en otras cosas. Me voy el martes, queridos lectores: mi primera parada será en Málaga para visitar a una gran, gran amiga, a la que tengo como 3 años de no ver. Pero no se preocupen, mis tres lectores (si Catón tiene cuatro, entonces yo tengo tres) que me llevaré herramientas tecnológicas que me permitirán (espero) seguir informando los pormenores de mis andanzas (o chocoaventuras, según se vea). Y no se me culpe de abandono: a veces el mundo offline exige más de mí y de mi estómago de lo que quisiera.

las cerezas

cerezasCuando fuimos a Estambul, nos quedamos en un hostal que daba como desayuno cosas que nos parecían muy peculiares: pan, queso, mermelada y aceitunas. De beber, café soluble o té negro. El pan era como tipo baguette cortado en rodajas, y había de dos mermeladas, cereza y durazno. El pan, con la mermelada de cereza y el queso encima, era una delicia. El queso tenía una textura parecida a la del panela, pero era un poco más cremoso y ácido.
Llevo varios días pensando en este desayuno, que ahora mismo que no he desayunado, se me antoja como nunca. Es un sabor que no puedo olvidar, pero más allá de eso, es un sabor que me remite a muchas otras cosas.
Luego nos enteraríamos que las frutas de la región son precisamente esas: la cereza y el durazno. Encontraríamos cosas sabor cereza y durazno por doquier, e incluso señores con carretas vendiendo estas dos frutas. Yo compré una bolsa de cerezas frescas, que sólo había tenido oportunidad de probar una vez en mi vida, cuando estuve en Halifax (acá son muy caras). Compré una bolsita de papel color cartón llena de cerezas a un señor que iba por la calle. Nos entendimos a señas. Recuerdo que ya estaba oscurieciendo, y mientras escarbaba en la bolsa llena de frutitas, sonó el al adhan de la tarde.
No sé si abril sea época de cerezas en Estambul, la verdad espero que sí. Sería una pena regresar, y no probar ese pan con mermelada y queso, y una bolsita de papel cartón llena de cerezas.

viva las vegas

Pues aquí con la novedad de que vengo regresando de Las Vegas… y antes que empiecen a imaginarse que aposté hasta las calcetas, pues no, no fue así y de hecho todo dólar que entró en las maquinitas regresó con amiguitos centavos, jajaja. Así que me enorgullezco de mis 10 dólares ganados y cero perdidos :P
Como sea, este post es sólo para dar señales de vida… déjenme me acostumbro al maldito horario de verano, bajo las fotos y ya luego les cuento la vida del jet set y algunos shows que merecen la pena (como el Love, de Cirque du Soleil… si tienen la oportunidad, VÉANLO, nada será igual después).
Pues eso.

post completamente gratuito

(gratuito como en “sin fundamento”)
El sábado pasado fui por segunda vez a las termas. No deja de impresionarme la arquitectura del lugar.

varias-052

El agua calientisisisisísima ayudó a aminorar las molestias de mi espalda. Me sentí viejita :(
También visitamos de nuevo la Hacienda del Muerto, a la que desde hace casi un año andan como que la van a arreglar. Pero ps nomás están ahí amontonados los blocs, y nada de acción. Pero el chiste es que esté así derruída, se ve chida.
varias-061

Ah, mi ego y yo nos tomamos fotos. Nomás por ociosidad, pero esta me gustó más que todas.

pan con leche

Hace rato, mientras comía mi pan de chocolate del starbucks (si nunca lo han probado, se los recomiendo ampliamente) me acordé de aquella vez en que C.C. y yo estábamos ahuevados a cenar pan con leche, un día de aquellos en Estambul. Estábamos medio cansados de la comida, no es mala, pero necesitábamos sabores conocidos, o al menos yo. Pasamos por una panadería… bueno, no era exactamente una panadería como las que conocemos nosotros, era más bien como una pastelería vendían panes bien locos, así como hojaldrados y remojados en algo que parecía miel (baklava, se llaman), además, claro, de las infaltables delicias turcas. Total que compramos todo lo que se nos antojó y cumplimos así el 50% de nuestra misión. Ahora sólo faltaba la leche.
Cerca de ahí no había supermercados, solo uno que otro puesto de bebidas y snacks. En la misma calle de nuestro hostal había un mini-mini-super, en el que por lo menos yo nunca pude identificar la leche (les pondría fotos de los botes con letritas en turco, sin vaquitas ni nada, para que me entiendan, pero no tengo) y bueno, ya no me acuerdo bien cómo fue la cosa pero creo que estaba cerrado y nos dio harrrrta hueva andar averiguando cómo era la leche y dónde conseguirla, así que fuimos a territorio conocido y entramos a un Starbucks. Vimos que en el menú de niños había leche, así que eso pedimos: leche. ¿Tienen leche? Queremos dos vasos de leche.
¿Leche? nos preguntaron los chavos de ahí.
L e c h e.
¿Leche? ¿dos vasos de leche? ¿LECHE?
Síiii, L E C H E.
Creo que nos vieron raro y no sé qué dijeron en turco. Total, nos dieron dos vasitos con leche y su tapita. Nos dijeron que era la venta más rara que habían hecho. Y ya, nos fuimos con nuestra leche que de seguro costó veinte pesos cada vasito, ya ni me acuerdo, derechito al hostal a comer panito con leche. Yum.

al adhan

La llamada (adhan, azhan, adan) a la oración (Salah, Salat) de los fieles se hace cinco veces al día.

Fue instaurada en el 1º año de la Hégra. Cuando el sello de los Profetas, Muhammad se estableció en Medina, la gente tenía dudas acerca del momento de la oración. Los musulmanes se reunieron para decidir cual sería la modalidad de anunciar los tiempos del rezo, algunos sugirieron el uso de la campana, a lo que el Profeta dijo: “Es de los cristianos”, otros dijeron el sonido del cuerno y el Profeta dijo: “Es de los judíos”, otros dijeron el tambor y el Profeta dijo: “es de los Bizantinos”, otros propusieron el fuego, a lo que el Noble Profeta dijo: “es de los Mazdeos”. Ese día no se llegó a una conclusión favorable y este asunto le preocupaba al Profeta.
Abdullah Ibn Záid vió en sueños a un ángel que le indicaba como llamar a la oración, dictándole las bellas frases que componen al Adhán y la Iqama; al otro día se lo informó al Profeta Muhammad quien estuvo muy complacido y contó con el consenso de todos.
El Adhán es una práctica profética confirmada que se realiza desde los minaretes de las mezquitas para que la gente de la zona conozca los momentos de la oración.
El almuecín (quien realiza el llamado) debe ser musulmán, estar purificado y tener buena voz.
El Adhán anuncia el tiempo de la oración, y la Iqama indica el momento exacto de comienzo de la oración, la Iqama se realiza con posterioridad al Adhán y debe haber un intervalo de tiempo entre ambos.

Este video es el adhan a la oración de la noche, la última. CC y yo estábamos en el restaurante/terraza de un hotel del cual no recuerdo el nombre, comiendo quesito y tomando cheve (nada que ver, pero me acordé) y había un vidrio de por medio, por eso se ven los reflejos de la luz. De un lado está la mezquita de Sultanahmet, y del otro, Hagia Sophia. La voz que se oye más fuerte proviene de Sultanahmet, y la otra de una mezquita un poco más lejana. Hagia Sophia ya no está actualmente funcionando como mezquita, es sólo un museo.


En Estambul, depende de cómo sopla el viento y la parte de la ciudad en la que te encuentres, se entremezclan las voces de los almuecines, como si una mezquita le contestara a otra, y luego a otra allá a lo lejos: “Alá es el más grande”, “Doy fe de que no hay dios más que Alá”, “Doy fe de que Muhammad es el profeta de Alá”… poco a poco los hombres van avanzando por la calle, platicando entre ellos, reuniéndose en la mezquita más cercana, riendo. Las mujeres no tienen que ir si no pueden, o incluso pueden orar en otro momento del día.
En cuanto se empieza a escuchar la voz del almuecín, parece que el barullo de la ciudad se detiene. Las voces viajan, y en cuanto empiezas a escuchar ese coro disparejo de alabanzas, sientes de golpe la realidad de que estás lejísimos de tu propio país, de tu realidad cotidiana. Te dejas envolver por ese momento místico que se agota poco a poco, hasta que se extingue.