WEY o sea, mi burro de plancha posee tal grado de sofisticación que es EUROSTAIL… qué te pasa, yo siempre compro lo mejors!!


(pero sin plan maestro)
WEY o sea, mi burro de plancha posee tal grado de sofisticación que es EUROSTAIL… qué te pasa, yo siempre compro lo mejors!!

Mi querido Mao, detrás de la cortina de mi cuarto


Una actualización brevísima: estoy en medio de mis ensayos finales, he ahí la razón de mis ausencias.
Pero si no es una cosa es otra, lo que me lleva a pensar: ¿a qué condenada hora voy a leer todos los libros que tengo pendientes? ¿cuándo voy a materializar esos cuentos que rondan mi cabeza desde hace varios meses? ¿cuándo invitaré a los visigodos a mi casa? ¿cuándo me echaré otra maratónica de beatles rock band con mis hermanos? ¿cuándo, cuándo, cuándo? Este semestre, el tiempo ha brillado por su ausencia. Espero que no sean así todos los semestres de aquí a que acabe de estudiar, porque no sé si pueda vivir así otros cuatro años y medio. Supongo que tendré que andar a hurtadillas, escondiéndome del trabajo, robándole tiempo, como quien se roba un pan porque muere de hambre. Yo en este instante quiero hacer cualquier otra cosa que no sea trabajar, como que ya me cansé. Pero no me queda más que darme ánimos a mí misma: anda maja, que ya es el último tirón.
Vuelvo a mis lecturas.
I. Ya tengo tema de tesis, o algo muy muy cercano. Muchos libros qué leer, pero libros bonitos que SÍ me interesan. Gracias.
II. Ya funciona de nuevo el site que desmadré, aunque no pude recuperar los 2 días de trabajo, pero ya está listo para que lo vuelva a desmadrar hacer.
III. La Barranca en Monterrey. No hay emoticón que describa mi felicidad. 19 de diciembre. Hora de tomarme otra foto con Aguilera y ahora sí pedirle matrimonio.

I. Ahora sí creo, de verdad, que la cantidad de trabajo que tengo me supera, me supera por muuucho. En todos los ámbitos de la vida: mañana toca Radio Kaos, el sábado Aural Vampire. El viernes quiero ver a una amiga, el domingo bailaré en la convención (cintermex, 12 pm) para lo que debo ensayar una canción en tribu y dos solos, el lunes entrego mi primer trabajo final, el miércoles la mitad de otro, perdí toda la página de Felipe en una movida nada inteligente y ahí se me fueron 3 días de trabajo. Ya tengo el tinte pero no el tiempo para ir a la estética, mis cejas son un caos, tengo mucha ropa sucia, tuve que cancelar mi clase de turco, etc etc etc. De aquí al 2 de diciembre será un maratón INTENSO.
II. Me gusta mi maestra de turco. No en *ese* sentido, me gusta porque me parece una persona adorable y muy divertida. El otro día me estaba enseñando maldiciones, o cómo no debo conjugar ciertas expresiones para no alburearme a mí misma, y nos reímos mucho, como tontas. Pero además aprendo muchísimo con ella, es una pena que no pueda tomar más clases (la onda es que las cobra muy caras, pero lo bueno es que ese dinero no es para ella sino para una buena causa, ya les contaré). Pero me pasa eso que me pasa con las niñas bonitas: es de esas personas que son de porcelana, hermosas, prístinas, que sin una gota de maquillaje lucen impecables. Yo me siento frente a ella como tosca, siento que se me caen las plastas de maquillaje, que mis anteojos están sucios de grasa, que mi cabello está descuidado, que escupo cuando me río. Y no es que ella se arregle mucho, para nada, es que ya es así, es parte de su persona, es natural. Me ha pasado ya con otras personas y me pasa desde niña, que siento que no puedo aspirar a ese nivel de belleza, no a tenerlo, sino a… no sé, involucrarme. Suena tonto, pero así se siente. Creo que se llama admiración.
III. Mis gatitos ya empiezan a dormirse en mi cama. Creo que fue el cobertor nuevo que compré, que es todo pachón y delicioso para pasar horas tirado encima de él. Yo, sin ser gato, quiero dormirme sobre el cobertor y no bajo. Mi nuevo juego de cama es hermoso y comodísimo: siete piezas (sin contar las sábanas), de las cuales sólo 1 es necesaria y las otras 6 son pura vanidad. Es curioso, pero ese juego de cama me ha cambiado completamente el ánimo. Es que también cambié la cama de lugar, arreglé el escritorio, le puse un espejo grandote encima y casi casi parece un tocador de verdad. No pondré fotos hasta que quite esas asquerosas cortinas color melón o durazno o lo que sea, que espero, pueda ser dentro de unas dos semanas. Ansío las vacaciones.
Cada día tengo la oportunidad de conocerme más. No lo digo como algo egocéntrico de “oh, miren lo maravillosa que soy”, más bien, el convivir conmigo misma la mayor parte del día me hace ver comportamientos y decisiones que no sabía que podría tomar.
Algo que definitivamente se ha acentuado más ahora que vivo sola, es mi necesidad de orden y limpieza. Y como por la escuela no puedo ser muy ordenada (toavía hay cajas con papeles que no he podido meter al archivero) me frustro y quiero tomar por lo menos una hora para recoger la casa. Y lo hago, aunque tenga mil pendientes por delante. Por eso cuando viene Bety me siento aliviada. No es la mejor limpieza que pudiera tener, pero definitivamente no podría prescindir de ella ni tampoco podría yo hacer la limpieza en lugar de ella, simplemente, porque no tengo tiempo (y esto es lo más literal del mundo, no crean que es sólo un decir). Ya me pasaron el teléfono de otra señora pero no le he hablado (idem que arriba).
Otra cosa extraña que me sucede, es que no puedo pensar en ideas para decorar los cuartos. Las paredes siguen blancas (bueno, ni sé si las puedo pintar), mi cuarto sólo tiene una cama, un escritorio viejo que uso de tocador, y una cajonera de plástico que uso como buró. Ajá, así de deprimente como suena. Quizá es que otra vez, no he tenido tiempo de ir a comprar un tocador, o un buró, o lo que sea. Ya sé que sólo llevo mes y medio aquí pero me deprime, no, me sorprende que no se me ocurran cosas.
Aunque quizá pueda ser, y también es muy analizable (bueno es que desde que leí a Freud todo es muy interpretable) que las cortinas color DURAZNO CÁGAME LA MADRE me provoquen tal grado de anonadadamiento (sic) que el bloqueo estético no me permita pensar en otra cosa que duraznoduraznodurazno… y luego como son persianas me da cosa quitarlas y que se maltraten, además de que son como de tela y están en muy buen estado… y luego pienso “bueno, le pongo cortinas de tela” pero ¿qué tanto vale la pena invertir en una cortina que quizá no puedas volver a usar? No sé, mis dilemas existenciales son apabullantes (jaja). A ver si en vacaciones -oh, esas vacaciones que espero con tan largas uñas- logro dilucidar el destino de mis ventanas.
En otras cosas, Mao está maullando un chingo y ayer en la noche intentó tirarse a Beny. Creo que ya es hora de que asuma su castración (jaaaaajjaja) pero ¿saben por qué no lo he llevado con el vet? Exacto :)