A ritmo de música árabe y tangos ha transcurrido lo que va del año. No muchas lecturas, es cierto, no muchas salidas también, sino más bien con una calma agusta de meterse bajo muchas colchas y ver películas que nos han tocado el corazón. (Me acabo de dar cuenta de que siempre que escribo en el blog, ladeo la cabeza hacia la derecha. ¿Significará algo?). Hoy no fui a trabajar (¡vivan los asuetos!) así que han sido días de deliciosa hueva. El viernes toqué con la banda en un ambiente más bien hostil, no sé, es chistoso que los lugares que antes disfrutaba tanto ahora estén llenos de gente que simplemente no quiero ver. Es curioso también que esa misma música que antes me hacía bailar, es más, esa música que yo antes programaba ahora me sea un poco indistinta. Todos cambiamos, es cierto, pero ver el cambio tan radical hasta me da un poco de nostalgia. Pero es que sí, mucha de esa gente es taaaaan de hueva. En fin.
Antier vi de nuevo The Luzhin Defence, que es una película muy linda pero sospecho que no se parece en nada al libro. La verdad es que no lo sé, nunca lo he leído, y durante mucho tiempo pensé que no estaba traducida al español hasta que me enteré que está publicada en Anagrama y se llama La defensa. Duh.
Hay un libro que muero por conseguir, lo vi en la FIL el año pasado y no lo compré por tonta; y ahora, claro, no lo consigo por ningún lado. Se trata del Diccionario Jázaro, de Milorad Pavic, también en Anagrama, que promete mucho y me emociona, sobre todo por el gran gusto que le tengo a los diccionarios, a esa estructura tan amena y cuadrada que no precisa de un orden para leerse.
Mañana hay que volver al trabajo, pero mientras tanto, feliz día de asueto.

Ayer vi una película chida,