El otro día el señor de las plantas me trajo unas tan lindas, que no pude decirle que no. Tampoco es que tenemos tantas plantas, apenas estamos comprando una que otra, porque no tenemos experiencia cuidándolas y me da miedo que se me mueran. Todavía recuerdo mi primera planta: se llamaba Penélope, era púrpura. Me la regaló mi mamá porque cumplí años. La puse en la ventana de mi entonces hermosa oficina, una casa antigua en el Obispado. Pues nada, la pobre no se tiró porque no pudo pero como quiera se secó. Nunca supe por qué. Desde entonces me da un poco de miedo tener plantas, por eso tengo gatos, porque esos sí los sé cuidar jaja.

Total que estas muchachitas llegaron. El Piantao y yo estábamos obsesionados con una maceta que vimos, así que plantita sin maceta + maceta chida = vamos ahora mismo a comprarla. Y este es el resultado.

Bueno la foto no es la mejor, pero es que el sol estaba pegando muy duro y recortó muy feo la imagen. Pero es una maceta de espejitos, que cuando le da la luz se ve divina. También en nuestra expedición a Los Cavazos, donde compramos la maceta, encontramos un lugar que vende
mugrero antigüedades dignas de
Los cazadores de tesoros, programa que al
viejito Piantao le encanta ver. Vimos algunas cosas HERMOSAS que pienso comprar algún día, cuando tenga dinero (denme dinero).
Ok, pero la maceta. La idea es poner en el balconcito macetas locochonas, coloridas, felices, y llenar de colores el balcón ya que la casa tiene el color más feo del planeta y como obviamente no es nuestra, es imposible cambiarlo. Bueno no es el más feo del planeta, sólo que casualmente es el que menos me gusta, jaja. El asunto es que hemos descubierto que el verde es vida… en serio! plantita a plantita la casa va tomando otra luz, como… es que no sé explicarlo. Nunca había tenido plantas, nunca había experimentado el “querer” a una planta, nada de eso… pero la sensación de su compañía, de que están ahí simplemente siendo bellas, de que dependen de ti… no sé, es una cosa muy rara que mejor dejaré de tratar de explicar porque temo que me juzguen más loca. Así que mejor veamos a Julieta (que no es una julieta, pero así se me ocurre que se pueda llamar) mirando hacia la sierra madre. Díganle “hola” a Julieta… ¡hola! :)