festividades decembrinas

Navidad era un millón de veces más divertida cuando niño. Esperabas regalos de todo mundo, qué decir del regalo de Santa Clos o de los Reyes Magos, vacaciones largas, frío y chocolate caliente. Ahora es para mí, esperar que no se terminen las vacaciones, por favor por favor un día más, que no quiero regresar al trabajo todavía. Subí de peso, jijiji. No pude regalar nada porque no me dieron aguinaldo ni nada de esas cosas lindas que te dan en navidad, y tampoco soy de esas que saben ahorrar su dinero. O sea, me perdí de la parte más importante de Navidad: comprar comprar comprar regalar regalar regalar. Ah no, no era eso, verdad.
Fui a compras de última hora el 24 de diciembre. Contrario a todo pronóstico el centro comercial no estaba tan lleno. Compré un suéter DE EMERGENCIA (sí, como acá ni hace frío no tengo suéteres lindos, y no podía ir así a la cena de navidad). Así que a mi compra desesperada, se le atravesaron dos blusas. Ja. Había mucha gente en la tienda comprando. Yo me pregunto… ¿quién sale de compras el 24 de diciembre a las 5 de la tarde? Digo yo, por mi suéter de emergencia. ¿Pero los demás? ¿Regalos de emergencia también?
El regalo más espantoso que recibí lo estoy usando ahora: una piyama ROJA con detallitos (corazoncitos) en glitter PLATEADO. Para morirse. Lo bueno es que es una piyama y nadie me ve, bueno, sólo mi familia que me conoce de hace ya muchos años y no necesita explicaciones de por qué estoy usando una piyama roja, jaja.
En fin. Los libros que regalamos fueron bien recibidos por los primitos. Yo no los pagué pero los elegí, lo que es mucha responsabilidad. Ahora sólo me queda disfrutar dos días de la más descarada pereza, para el viernes volver al trabajo :(

Ya casi termino de leer Battle Royal. No es que lea lento, bueno, en primera el inglés sí lo leo un poco más despacio. Pero el libro lo empecé hace menos de una semana, aunque en la columna derecha de este blog lleve ya un buen rato, jiji. Me faltan unas 150 páginas de las 600. Me muero por saber que pasa al final -no, no he visto la película ni leído el manga, afortunadamente. Lo malo es que casi se termina el tiempo, y yo quería leer muchos libros en vacaciones. Lástima.

ACTUALIZACIÓN
¡Así sí me gusta la Navidad!


en verdad es una pieza única

Hace un par de días terminé de leer Pieza única, de Milorad Pavic. Es un libro en dos piezas, o sea, dos libros, primorosamente guardados dentro de una cajita, que tiene la misma imagen que el libro principal. En el libro principal, es decir, en el que se llama Pieza única, se narra una historia donde la pista principal para resolver los asesinatos son sueños. En la página de la editorial dice:

En este magnífico thriller detectivesco, Milorad Pavic ofrece una espléndida muestra más de su talento e ingenio narrativo. El inspector superior Eugen Stross se enfrenta a una serie de misteriosos asesinatos, y sus principales pistas para resolverlos son…sueños. Sueños futuros, propios y ajenos, reveladores de la muerte, vendidos por el andrógino comerciante Aleksandar Klozevits, cuyo negocio, Symptom House, permite a las personas soñar unos segundos de sus ensoñaciones futuras, a cambio de un peligroso precio cuyas consecuencias pueden ser funestas.

El segundo libro de la cajita, es el “cuaderno azul” de notas del detective Stross, donde da una visión más amplia de los hechos… no de un modo factual sino interpretativo, en ocasiones hasta poético. La idea es que este libro ayude al lector a “desentrañar” el crimen… la verdad es que la solución del crimen puede ser tan obvia o tan jalada como el lector se la quiera imaginar. Para mí, todas sus piezas son muy claras, pero quizá estoy cayendo en una trampa de interpretación… quién sabe. Sólo sé que disfruté mucho este libro, y creo que sería el delirio de casi cualquier psicoanalista. Me encantó el detalle de que todos los personajes están relacionados con el perfume que usan y que también da nombre al capítulo, y me gustó que el autor mismo incluyera su propia obra, casi como un “cameo” dentro de la historia. Incluso el propio lector tiene un cameo por ahí.
Yo lo compré en la FIL, pero también lo vi en la Gandhi. Está algo caro pero vale la pena, y además la caja es muy linda :)
Si lo leen me cuentan qué les pareció.

de bibliotecas

Siempre tengo excusas para comprar libros. Aunque no tenga dinero encuentro la manera de hacerme de esos libros que me llaman la atención, aunque luego me dé sentimiento de culpa por haber gastado tanto en un momento en el que no estaba planeado ($$) que gastara x cantidad. No importa. Libros son libros, sin importar cuántos textos puedan conseguirse en pdf, no será lo mismo que ver todos esos coloridos lomos asomándose entre los recuadros del librero. Tener un libro en la mano, en la mesita de noche, sobre el depoósito de agua del sanitario, en el librero, en el coche, en la bolsa, en cualquier lado, es tener una garantía de que no estás solo.
Me encanta comprar libros. El objeto en sí es bello, su historia, su formación, la posibilidad inmensa de formas y presentaciones pero que al mismo tiempo se reduce en un objeto cálido y predecible, nunca igual pero siempre el mismo.
Estoy segura de que no he leído ni la mitad de libros que tengo en mi casa, y cada vez que puedo, sigo comprando más. Pero me siento tan orgullosa de mi colección, a la que cada cierto tiempo le quito dos o tres títulos que le sobran, y le agrego dos o tres que me han seducido por ahí.
Comprar libros es un vicio, y al mismo tiempo es un statement. Jamás compraría un libro que no me interese, a menos que sea obligada o con el afán de hacerle algún regalo/broma a alguien. Porque los libros que compro soy yo, y nunca lo había pensado de esa manera hasta que leí una entrada de blog que me dejó ayer damián.

Desde septiembre de 2003, Nick Hornby escribe una columna en la revista estadounidense Believer. En ella habla, informalmente, de los libros que ha leído durante el mes (sí, es el sueño de todo lector: que le paguen por comentar sus lecturas sin tener que adoptar el ceño fruncido de un reseñista de verdad). Ahora que leo estas columnas reunidas en un libro, sin embargo, me doy cuenta de otra cosa: juntas, son más un ejercicio autobiográfico que crítico. Me explico. Hornby cuenta que lee libros sobre futbol porque es hincha del Arsenal desde pequeño, que lee libros sobre niños autistas porque su hijo lo es, que ya no lee tanto como antes porque no tiene la necesidad de escribir montones de notas en los periódicos para llegar a fin de mes, que le gusta sobre todo la novela contemporánea y que se aburre con la mayor parte de los clásicos, que acumula los libros que quiere leer ya en su mesita de noche y los que no sabe cuándo leerá en la estantería de la salita, que a veces trata de leer después de cenar pero que siempre acaba encendiendo el televisor y que –y esto es muy importante– compra muchísimos más libros de los que puede leer.

En ese sentido, es perspicaz el comentario que hace a la lectura de So many books –Los demasiados libros, de Gabriel Zaid, el único libro en lengua española que lee en dos años junto a Soldados de Salamina.

“En So many books –dice Hornby–, Gabriel Zaid lidia con la cuestión que aparece constantemente en esta columna: ¿por qué diablos tomarse la molestia [de leer]? ¿Por qué molestarse en leer a esos cabrones y por qué molestarse en escribirlos? […] El mejor momento de Zaid, sin embargo, está en el segundo párrafo, cuando dice que [traduzco de la versión inglesa]: ‘las personas verdaderamente cultas son capaces de tener miles de libros sin leer sin perder la compostura ni el deseo de tener más’. ¡Ese soy yo –prosigue Hornby– ¡Y probablemente tú! ¡Miles de libros sin leer! ¡Verdaderamente culto! […] Y de repente tengo una epifanía: todos los libros que tenemos, los que hemos leído y los que no hemos leído, son la más plena expresión de nuestro yo. Mi música también soy yo, por supuesto […] Pero a cada año que pasa, y con cada compra caprichosa [de libros], nuestras bibliotecas son más capaces de explicar quién somos, hayamos leído los libros o no.”

– Ramón González Férriz

Tomado de acá.

reporte findesemanal

El fin de semana pasado vi The fountain, película escrita y dirigida por David Aronofsky (que todos conocerán por Pi y Requiem for a dream) y me gustó mucho, es alucinante de verdad. La música está de poca, compuesta en su mayoría por Clint Mansell con aportaciones de Mogwai e interpretada por el Kronos Quartet. Suena bien todo en una sola oración, ¿no?. Pensaba hacer una vasta reseña interpretativa sobre mi percepción de la película y los tres hilos conductores de la historia que en realidad sólo es uno y los personajes etcétera, pero leí la entrada de wikipedia sobre la película y pensé: bleh. Lean wikipedia mejor.

Hace un par de semanas vi otra película llamada Wu ji, aka The Promisse aka El caballero de la armadura roja o algo así. Es mala, pésima, malísima, no la vean. Mucho menos doblada al inglés como me tocó verla a mí (¿en qué cerebro de chorlito cabe doblar una película CHINA al inglés? en general, doblar una película es algo abominable) porque así era la versión que rentaban en el blockbuster, lo cual me parece te-rri-ble. Un insulto a la película y al espectador. Como si los gringos no pudieran leer letritas en inglés, ush.
Bueno, pero aparte de esa abominación de doblaje, la historia es mala. El guion es pésimo, no trata de nada, no tiene hilo conductor. Se llama The promisse, pero es como si Caperucita Roja se llamara El hongo del bosque con el que una niña se tropezó. Jajaja bueno exageré, exageré. De hecho el otro título tampoco le queda… y de verdad, me gustaría saber qué significa exactamente Wu ji, que en peligro tampoco le vaya a la película. Claro, uno se va con la finta del poster y cree que es algo onda Hero, y nada.

Recuento de daños de feria del libro: no me fue tan mal. Compré algunas joyitas, recuperé mi Orgasmógrafo (libro de cuentos de Enrique Serna, *muy* recomendable), y no gasté tanto pero igual me quedé sin lana, jaja. Se me escaparon dos cosas: la caja con los primeros cuatro volúmenes de El capitán Alatriste (porque ya tengo el quinto, y autografiado, juar juar), y El amor dura tres años, de Frédéric Beigbeder (tan guapo él. Espero que sus libros sean igual de guapos).

Nada más que agregar. Alguien explíqueme este frío intempestivo.

la fil

Mañana empieza la feria del libro en Monterrey. Soy una maldita suertuda: iré gratis a ver a Bosé, gratis a ver a Lacrimosa y después de pagar mis impuestos (a tiempo, porque nadie quiere recargos) podré gastar todo lo que quiera en libros (con sus límites). Aunque, curiosamente, mientras mayor es mi poder adquisitivo (cálmese lanuda), menos dinero me gasto en la feria. ¿Por qué? en verdad no lo sé. Supongo que ya no llego con torres de libros a mi casa, porque soy mucho más “picky”, melindrosa y coda. Ya no compro cualquier edición, ni cualquier traducción, ni cualquier presentación. Ahora la edición debe ser comentada, traducida por Borges y en pasta dura. Si incluye estudio preliminar, mejor.
Por supuesto, exagero, pero por ahí va la cosa. Además, muchos de los libros me parecen estúpidamente caros, digo, los consigues más baratos por internet. No tengo en mente algo en particular, pero si logro encontrar el Diccionario Jázaro que estúpidamente no compré el año pasado en Colofón, seré ultrafeliz.

Además, este año le ayudaré un poquito a Issa en un taller sobre blogs (aka “blogs for dummies”) así que vayan vayan a todos los eventos de las Jornadas sobre la cultura de expresión en línea, sobre todo al taller donde acompañaré a Issa el martes 16 a las 8 en la sala I.

no spoilers here

Es la una de la mañana: acabo de terminar Harry Potter. Me siento liviana, feliz, y tranquila porque ya puedo volver por completo a internet. Además, claro, de que disfruté mucho esta lectura (exprés, he de decir, me la aventé en dos días -hábiles y sin vacaciones. Ja).

Mañana: ¡a navegar sobre Harry Potter!