La verdad es que traía una rachita de eventos desafortunados, que empezaron la semana pasada con el asalto y concluyó el viernes con una gastritis/colitis/etceteritis que casi me saca de circulación. Tan mal me sentía que dejé que me inyectaran (y eso que tenía 16 -dieciséis- años de no recibir una inyección) (hasta tuve que sacar la calculadora) figúrense ustedes. Les huí todo el tiempo que pude hasta que el viernes no pude más. Es más, todavía ahora, más de 48 hrs después, me duele. Siento el fantasma de la aguja cada que me siento (quedó bien chistosa esa frase). En fin, el punto es que todo lo terrible sucedió y terminó de suceder el viernes, con la clausura del antro donde teníamos el evento, a dos horas de que habíamos empezado; mi regreso a casa cabizbaja y afiebrada, y mi posterior vomitada (perdón por lo gráfico) de todo lo que había comido en la semana (casi). El tema de mi visa a Turquía, luego de varios días de angustia, terminó cuando L. cruzó el deefe de norte a sur en menos de una hora. Se supone que mañana lunes aparecerá el pasaporte visado en cualquier momento frente a la puerta de la casa.
Así que ayer por primera vez dormí tranquila, el evento ya pasó (o no pasó), la visa está en la ciudad, y ahora tengo que concentrarme en otras cosas. Me voy el martes, queridos lectores: mi primera parada será en Málaga para visitar a una gran, gran amiga, a la que tengo como 3 años de no ver. Pero no se preocupen, mis tres lectores (si Catón tiene cuatro, entonces yo tengo tres) que me llevaré herramientas tecnológicas que me permitirán (espero) seguir informando los pormenores de mis andanzas (o chocoaventuras, según se vea). Y no se me culpe de abandono: a veces el mundo offline exige más de mí y de mi estómago de lo que quisiera.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves
Anoche no pude dormir. Lo cual es raro, porque normalmente me acuesto y a los 3 segundos ya estoy dormida. Pero para mí, como para todo ser humano, supongo, es terrible no dormir. Yo creo que tiene que ver con que en mis años de estudiante casi no dormía: empezaba a leer o a hacer los ensayos por la noche, me despertaba temprano por la mañana y como si nada. Incluso recuerdo gloriosos días en los que pasaba toda la noche en vela haciendo algún trabajo final, y en la mañana iba a la escuela a entregarlo… no diré “como si nada” porque no es cierto, pero al menos podía mantenerme en pie, hablar coherentemente e incluso ingerir alimento. Digo esto último, porque ahora dormir mal implica despertar con el estómago revuelto y enfadado. No podré desayunar hasta dentro de unas horas.
Con el paso del tiempo -creo que cuando empecé a trabajar- me empecé a aferrar al sueño. Compré completita la idea de que debes dormir al menos ocho horas, de que si duermes temprano descansas mejor. Y cómo no creerlo, si a veces me tocaba dar clase de 7.30 am, y ya estaba del lado del maestro: tenía que brincar en una pata y hacer piruetas arriba del escritorio si quería mantener despiertos a mis alumnos. No podía simplemente, como cuando era estudiante, recostarme en el banco y fingir que ponía atención.
Total que tuve insomnio. Mucho insomnio. Recordé la observación de N sobre la inutilidad de luchar contra el insomnio, así que me puse a leer, y pude leer sin problema cuatro capítulos del libro, cuando normalmente leo uno y ya estoy bostezando (no que Pamuk sea aburrido, pero ese tonito de “cuando yo estaba chiquito me gustaba dibujar” sí suena a cuento de abuelito antes de dormir). El resto de la noche la pasé durmiendo a ratos. Lo peor es cuando despiertas y sabes que es muy tarde, o muy temprano según se vea, y quieres volver a dormir pero tu cerebro dice get this party started y entonces vienen así como avalancha el recordatorio de los pendientes, la reflexión sobre tal o cual tema irrelevante, el recuerdo de algún hecho vergonzoso, algún cumpleaños olvidado, en fin, bagatelas que van activando la conciencia por las razones más inútiles y que -otra vez- te espantan el sueño. Lucho contra eso, me concentro en algún paisaje pacífico, hasta le pongo música clásica que tengo guardada en el cerebro en algún disco de vinil viejito, y más o menos puedo volver a dormir. Hasta que otra vez…
Pero bueno. Puedo seguir quejándome por muchos renglones más, pero el asunto es que es un día ajetreado y tendré que aceptar mi ojerosa realidad por mucho que me pese. Además es una excusa perfecta para recordar ese soneto de Gerardo Diego, que alguna vez alguna persona inesperada me leyó por teléfono, pero eso es el detalle más irrelevante del asunto. No soy muy conocedora de la poesía, pero este es uno de mis favoritos.
Insomnio
Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves.
En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.
Saber que duermes tú, cierta, segura
-cauce fiel de abandono, línea pura-,
tan cerca de mis brazos maniatados.
Qué pavorosa esclavitud de isleño,
yo, insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por tu sueño.
de cómo perdí mi camiseta en un extraño asalto
Nunca me habían asaltado en Mty, hasta el martes pasado.
Estaba afuera de un oxxo que está sobre Lázaro Cárdenas, bastante iluminado y con muchos visitantes, eran como las 10.15 pm. Estábamos un amigo, una amiga y yo, y llevábamos ahí como 5 minutos, ellos habían llegado en un coche y yo en otro, y le estaba pasando unas cosas a mi amiga, y ella me estaba entregando una camiseta de Bunbury que le acababa de comprar a un amigo de ella. El punto es que ya nos estábamos despidiendo, cuando de pronto se acerca un tipo de camiseta blanca, medio panzón. Cuando yo lo ví venir, pensé “nos va a pedir lana”, tenía cara medio lastimera, pero jamás se me ocurrió pensar “nos va a pedir lana a punta de pistola”.
Se para entonces a nuestro lado, sacó la pistola de abajo de la camisa y dijo algo así como “puess… necesito dinero… celulares, dinero, todo lo que traigan”. Nosotros tres nos quedamos así como en shock, tardamos algunos segundos en reaccionar. El tipo nos apuró. Mi amigo sacó su celu (con el que llevaba como un mes), mi amiga sacó su celu bien viejito y le dijo al asaltante “¿te sirve esto?” con cara de “¿estás seguro de que quieres este celular?” y yo me palpé el pants y le dije “nombre, yo no traigo, ni siquiera traigo bolsillos”. Luego se palparon los bolsillos y le dieron como 70 pesos en moneditas. Y según yo, para distraerlo y que no insistiera, extendí la mano y dije “nomás tengo esta camiseta”, la cual tomó rápidamente y corrió, para luego subirse a una camioneta blanca con vidrios polarizados y placas de Tamaulipas (so cliché).
Al minuto de que esto sucediera, pasó una patrulla de la policía estatal, la cual detuvimos rápidamente para comentarle lo sucedido… la patrulla se fue rechinando llanta (jajajaj) y la neta dudo que hayan logrado agarrarlos, pero en mi mundo de arcoiris, hadas y unicornios, espero que sí.
Ya luego de que pudimos procesar el hecho, realizamos las siguientes observaciones:
1) Qué bueno que mi celular no sonó, porque sí lo traía pero en el bolsillo de la sudadera. No se lo dí porque me dio un chingo de coraje… bueno en realidad fueron varias cosas. La primera es que el asalto fue de lo más extraño, porque el tipo no fue particularmente agresivo en su actitud -ok, ok, una pistola no es un caramelo, aún así no nos hizo sacar carteras (yo traía mi cámara digital y lana, mi amigo traía un buen de lana en la cartera) y se llevó dos celulares que mis amigos bloquearon al siguiente día, y setenta pesos. Entonces no sé, en ese momento no pensé “me la voy a jugar, ñaca ñaca”, simplemente no le di el celular…
2) Siguiendo con lo extraño del asalto, creemos que los celulares los querían para hacer “de esas” llamadas, así que mis amigos inmediatamente marcaron a sus casas para avisar lo sucedido. Otra posibilidad, es que al tipo lo hayan traído “paseando” porque les debía lana (a los demás tipos que iban en la camioneta) o algo… porque la verdad es que la actitud era más bien pasiva… como… como si no quisiera asaltar.
3) El tipo se subió en la parte de atrás de la camioneta, lo que indica que al menos iban dos personas más ahí. Dicen que últimamente por acá por la zona han estado asaltando en los oxxos y sevens, y normalmente es uno el que atraca, pero no viene solo.
4) Pude no haberle dado la camiseta de Bunbury :( pero en algún lugar de mi cerebro apareció la idea de “así se queda con la idea de que le diste algo y no te insiste en que busques otra cosa”. Aparte era talla 14-16, jajaja quién sabe dónde estará ahorita.
5) Moraleja: nunca más quedarse platicando en un lugar así, por más seguro que parezca y menos de noche. Lo cual es triste, muy triste, porque por mi casa hay muchos parques, y a veces se antoja ir a sentarse en las banquitas cuando ya refresca en la noche.
El asunto es que cuando ves una pistola, no te pones a pensar si será de verdad, de plástico, de postas, de agua, de lo que sea: es una pinche pistola y no le vas a decir al asaltante “a ver señor dispárele a ese árbol a ver si es de verdad su arma”. Yo, la neta, vi la pistola y sentí cómo se me fue la sangre al piso. No falta el amigo que te dice “nooombre yo le hubiera dado una patada, y luego agarro la pistola, y luego doy tres maromas en el aire y…” pero como dice el refrán “a maestro de espada, aprendiz de pistola”, que en su sentido original no aplica pero si lo tomas literalmente tiene mucho sentido.
Pero bueno, me subí al coche, manejé a mi casa, le conté a mi familia. Me tardé un poco en tranquilizarme, más que por estar asustada, porque estaba ENCABRONADA y lo sigo estando. Los niveles de violencia que ha alcanzado esta ciudad son INTOLERABLES, INACEPTABLES e INSOSTENIBLES. La neta uno hace lo que puede, pero hay cosas que no le competen al ciudadano común, y desgraciadamente dependemos de un “poder” que no hace lo suyo. Pero para qué me quejo, si todos ustedes ya saben todo esto. Nomás cuídense mucho.
siempre me gusta lo más caro
Pongan tres prendas (pares de zapatos, camisetas, lo que sea de ropa) frente a mí, y seguramente podré identificar cuál es la más cara: la que me guste más. Esto funciona en los aparadores, las revistas, los catálogos… no importa que no sepa la marca ni la tela de la que está hecha la prenda. Ni el material de los zapatos, ni el costo: si hay dos que cuestan 5 pesos y uno que cuesta 10, me gustará el que cuesta 10. Si hay dos que cuestan mil dólares y uno que cuesta mil 500, me gustará el más caro. Al menos hay un 90% de probabilidad de que esto ocurra.
Acabo de ver una página en cosmo, donde colocan dos suéteres, dos vestidos, dos bolsas, dos relojes, y uno de cada grupo es más barato que el otro. Acerté en TODOS los que eran más caros. Si les digo que a mí me recortaron para rica pero me cosieron para pobre.
Credit cards of the world: Bigüer.
—————-
Now playing: inside treatment – blasphemous rumours
via FoxyTunes
click
Alquimia Tribal, después de la presentación el domingo.
Balancear sobre la cabeza una espada en llamas, es algo que definitivamente jamás imaginé que haría. Ciertamente, es una de las experiencias más divertidas, chingonas y adrenalínicas que he tenido :)

Ya les avisaré de la siguiente ;)
¿existe el amor a primera vista?
Para mí no existe de otro. O te enamoras a primera vista, o no te enamoras, punto. Quizá la psicología pueda decir otras cosas (o las películas, acaso) pero mi vasta *ejem* experiencia personal me impide pensar que hay otro modo de enamorarse.
Cuando conozco a alguien que me gusta, el click es inmediato. No digo que ya desde la primera vez lo amo perdidamente y con pasión, pero hay algo, un detalle inenarrable que se queda en tu mente, en tu día, en tu zapato, que no te deja caminar despreocupadamente sin tener el extraño presentimiento de que algo va a pasar. Ese sentimiento puede desarrollarse de muchas maneras, pero al menos a mí me sucede que ya sé qué es lo que va a pasar. Es una claridad que no puedo explicar, quizá hasta un sexto sentido.
Lo que no me cabe en la cabeza (y no dudo que pase, pero a mi jamás me ha sucedido) es que después de cierto tiempo (días, meses, AÑOS!) alguien pueda decir “¡oh por dios! ¡acabo de darme cuenta de que estoy enamoradoa de fulanitoa!” como si el enamoramiento, en toda su intensidad y sintomatología, pudiera pasar desapercibido.
Y podría haber alguien que me diga: bueeeno, es que al conocer a la persona, con el trato cotidiano, te vas enamorando de sus detalles. Sí, pero esto no está excluído del amor a primera vista. El amor a primera vista es casi puramente químico: existe casi siempre que la persona te parece físicamente atractiva (o quizá no sea muy guapoa, pero sigue existiendo ese algo que no puedes poner en palabras) y algo más. Por eso digo casi puramente químico: una cosa es que veas a alguien muy muy atractivo pero no lo puedas escuchar hablar por más de cinco minutos, eso no es amor a primera vista.
No soy ninguna especialista, simplemente digo que así me ha pasado. Me he enamorado varias veces (suena feo el plural, pero así nos pasa a todos, ¿no?) unas más intensamente que otras, pero esas experiencias fueron detonadas por un amor a primera vista. Que puede ser más o menos romántico, dependiendo de las circunstancias. En fin, todo el rollo para tratar de explicar por qué no creo en los despistados que se conocen por años y luego resulta que se enamoran. No me parece tonto ni nada, nadie se ofenda. Me parece extremadamente RARO. Puede ser posible cuando hay muchos años de por medio en los cuales no se han visto -tu vecinito de cuando estabas en primaria, tu compañerito del kinder, etcétera. Pero cuando hay un trato cotidiano… y de pronto, así de la nada… es chistoso. Si alguien me lo puede explicar, que me lo explique.
Para mí, si no hay “amor a primera vista”, o “flechazo a primera vista”, nunca lo habrá. Y ni siquiera tiene que ver con cómo andes vestido ni nada. Es una certeza de algún mecanismo raro que tengo instalado, y que desde los 14 años me ha funcionado a la perfección.
