Ayer me chuté el final de temporada de Private Practice y de Grey’s Anatomy. La primera me gusta más o menos (terminé odiando a todos los personajes) y la segunda me choca, pero por alguna razón la veo. Ayer hubo mucha sangre y mucho estrés en ambas series, hasta me fui a la cama bastante inquieta, no por la suerte de los personajes (la cual yo ya conocía gracias a que Perez Hilton me dijo en qué iba a terminar la cosa) sino por toda esa tensión inecesaria que me generaron. Y obviamente, cual telenovela mexicana, ambas temporadas terminaron en medio de la tensión. Yo sólo espero que todos se mueran, y los que no se puedan morir (de cáncer, de atropellamiento, de apertura carnicera de panza, de estrangulamiento (sic)) les caiga un edificio encima como ese que se cayó en no sé qué lugar de Asia (¿alguien?). Punto.
Lo que me hace feliz feliz feliz es que regresa Medium. ¡ALBRICIAS! Por fin tendremos a Allison DuBois de vuelta, tanta falta que me hacía. Se supone que yo no veo tele, pero por alguna razón me gusta ese maldito canal. Lo que me recuerda que me estoy perdiendo Proyect Runway, diablos.
working together
Que yo recuerde, ha habido poquísimos equipos en los que haya sentido verdaderamente ese utópico “trabajo en equipo”. Poquísimos. Y es que es bien difícil, no se los tengo que contar yo porque ustedes ya lo saben. La cosa es que mi obsesividad lo hace doblemente difícil para mí, porque usualmente quiero respuestas inmediatas, tengo poca paciencia pero tampoco quiero parecer grosera. Enviar un correo electrónico se convierte en un problema (¿no loa estaré fastidiando mucho? ¿se irá a enojar porque le insisto mucho en tal o cual cosa? pero es que sí me urrrrrge…) y entonces pienso que las cosas serían mucho más fáciles si las hiciera yo sola. No siempre, claro, existen honrosas excepciones de gente valiosa que conozco con la que he trabajado y ha resultado de maravilla.
Yo no sé, por más que en la escuela me lo enseñaron, nunca me ha gustado del todo. A menos que el interés del equipo sea verdaderamente único y fuerte, lo suficiente como para mantenerlos trabajando sin que terminen matándose unos a otros, es muy difícil que funcione. El equilibrio en estos ecosistemas es delicado, me ha tocado ser parte del quiebre de más de uno.
En fin, tendré que seguir haciéndole la lucha.
lunes de variedad
- No que no tronabas, pistolita. ¿Se acuerdan del empleado de banco que hizo mal su jale y no cerró mi cuenta? Y que además juraba que él no había sido… pues ya cayó. Según él que no era, pero por su buenaondez me iba a ayudar con mi problema. Sólo porque es buena onda, eh, no porque la haya cagao. Hoy que llamé (por enésima vez) me dijo sí ya se arregló. Hoy mismo le cierro su cuenta y sin el cargo. Yey! ojalá sea cierto, mañana veo si puedo entrar a banca por internet y si no puedo, significa que ya puedo descansar al menos de ese problema.
- Firefox, ya no te quiero. No sé por qué, pero ya van como dos o tres semanas que el Firefox se congela cada tanto. No sé, digamos unas 5 ó 6 veces por hora, se congela unos 10-15 segundos y luego ya regresa a la normalidad. Es TAN molesto. También se congela con youtube, pero afortunadamente sólo unos 2-3 segundos. ¿Es normal? Por ahí leí a @plaqueta quejarse de lo mismo, pero ya no supe si ella lo resolvió.
- Cerebro particionado. En este preciso instante estoy involucrada en tantas y tantas cosas que ya no me doy abasto. Estoy generando una entrevista para una bellydancer, haciendo dos páginas de internet, miles de pendientes financieros (es lo malo de que hacienda se haya modernizado: ahora me mandan mails diciéndome que por qué no hice mi declaración anual… uts, no quiero ni pensar en lo que me va a costar actualizarme -¿alguien conoce a algún contador bara?), nueva coreografía con Alesa además del evento que tenemos en mente (muajá), y ya mero viene noviembre y con eso, Siete Días… que tiene que empezar a prepararse desde ya. Eso sin contar que el 10 de agosto entro a la maestría y la próxima semana voy de trabajo a GDL por 12 días. Y el 23 de julio, mi cumpleaños, que técnicamente eso no me preocupa pero sí porque quiero hacer fiesta :/ Bueno y eso es sólo el comienzo… Yo me pregunto hasta qué punto es posible llenarse de cosas, es decir, cómo saber el límite cuando todo te apasiona y a todo le quieres entrar… Qué va a pasar ahora que regrese a la escuela. Ni de chiste quiero dejar la danza, ni Siete Días, ni mis hobbies habituales. Y además quiero entrar a clases de tango con el Piantao -lo cual es una consecuencia completamente lógica. Además quiero regresar al yoga y dejar el gimnasio, ya me aburrió. Ah, cómo necesito días de 48 hrs. Y que ninguno se llame lunes.
- Soy una abuelita. Estoy aprendiendo a tejer. Se ríen de mí porque hago bufandas cuando estamos a 40 grados, pero la neta es que es tan relajante… es de esas actividades mecánicas que me gusta hacer cuando estoy estresada -como jugar tetris, zuma, luxor y ahora gracias a facebook, type maniac o algo así se llama. Pero la verdad es que el color está hermoso y las agujas combinan con el estambre. Sí, así de enferma estoy.
Y para que no sufran tanto hoy que es lunes, un poco de humor inteligente que me recomendó Gaby y está chido. Enjoy.
Apología del colchón como método de ahorro
Ya son muchas las historias de personas que han perdido los ahorros de una vida por guardarlos en el colchón. Pero es que cada que voy al banco me dan unas ganas de volver a las alcancías de cerámica que vendían en la feria. O hacerle un agujero a mi colchón.
Ahora la bronca es con HSBC: el 7 de abril fui a cancelar mi cuenta, y el “ejecutivo” que me atendió me dio un cheque de caja por el saldo que me quedaba y supuestamente cerró mi cuenta, hasta cortó mi tarjeta (de débito) y me dijo “ya está, es todo”. Muy confiada me fui a mi casa, y cuál será mi sorpresa al enterarme como dos meses después que la cuenta sigue activa y por supuesto, me siguen cobrando manejo de cuenta. De modo que ahora tengo un saldo negativo de 300 pesos. Llamé a bancanet, y me dijeron que ellos no tenían registrada ninguna cancelación, que fuera a la sucursal. Total, que hoy me lanzo a la sucursal y expongo mi situación. Me atendió una “ejecutiva”, y a un lado de ella, estaba sentado el “ejecutivo” que según yo canceló mi cuenta (que puedo equivocarme, sí, pero estoy casi segura de que es él). La señorita me dijo que *tenía* que pagar esos 300 si quería mi cuenta cancelada. Yo le dije que ni loca, que no es una fortuna pero tampoco voy a andar pagando por los errores de los demás. Total que lo único que pudo hacer fue darme el teléfono donde puedo colocar una queja para que hagan una investigación, la cual puede tomar hasta un mes.
Llamé a ese teléfono, y me dijeron que lo único que podía hacer es colocar una queja contra el ejecutivo que no me hizo bien el trámite. Pero pues, ¿eso de qué me sirve? Si ya hizo mal las cosas, yo no sé si eso mejorará la situación. Total que llamé a la sucursal y pedí que me comunicaran con “el ejecutivo” que yo creo es el culpable de mi situación… el tipo en cuestión dijo que seguramente lo estaba confundiendo, porque él había entrado en mayo y mi “cierre” de cuenta fue en abril… pero como es tan buena onda, me iba a ayudar. Así que quedé de llamarle mañana.
En resumen: ¿por qué fregados la gente no puede hacer bien su chamba? Todas las cosas que tengo que hacer por culpa de un tonto que un día tuvo hueva o no quiso preguntar el procedimiento, e hizo las cosas mal. Es tan molesto… porque mucha gente es así, no quiero decir que todos, pero ¿por qué chingados no hacen bien su trabajo? ¿qué les cuesta, hombre? Pero bancos al fin… que alguien mencione un empleado de banco que los haya tratado de maravilla, porque yo tengo sólo malas experiencias. Y no sé, de pronto me dan ganas de creer otra vez en la gente.
cumartesi
El día de hoy estuvo lleno de aventuritas. Me levanté temprano para ir al hotel de Simonito (el guitarro de Mizan) que olvidó sus llaves en el hotel, para enviárselas a Suiza. Ya había ido ayer, pero me dijeron que no las encontraban: para esto, ayer estaba lloviendo perros y gatos y me mojé completamente los tenis y calcetines (tan padre esa sensación de ir caminando en charcos… sí como no). Total que fui hoy y ya me las dieron. Luego caminé un poco para tomar el tram “nostálgico” en Taksim, que bueno, para todo esto Taksim es como el centro. Me bajé en Tünel, el tram se va por todo Istiklal Cadesii, que es una calle peatonal fregonsísima alrededor de la cual sucede todo. Tünel también es una zona muy linda. Luego tomé el funicular (muy cortito, también así retro) para tomar otro tram que me llevara a Yusufpasa y de ahí caminar a Aksaray para tomar el metro y bajarme en Esenler… todo esto para llegar a una paquetería que es más barata que DHL. Pero bueno, cuando vi la dirección y encontré “Esenler” en las líneas de transporte pensé: no debe ser tan difícil. Ya llegando a Esenler pregunto hacia dónde, porque la dirección de la mentada paquetería no aparecía en el mapa (google maps, pues). Pos ilusa de mí.
Llegué a Esenler, y en la estación del metro no había mapa. Mala señal. Caminé así random sobre una calle grande: todo se veía TAN distinto. Casi como si estuviera en otra ciudad. Total me paré en un ciber, nadie hablaba inglés, pero afortunadamente el señor de ahí sí sabía dónde estaba la paquetería. Me dijo que tomara el autobús. Y hasta ahí llegó nuestro entendimiento: cualquier cosa que me dijera después de eso iba a ser inútil, porque no nos estábamos entendiendo (y mi turco no pasa de hola, me llamo susana y soy de mexico, como estas, you get the idea). Total que ahí estaba un chavito, creo que era su hijo, y le dijo (yo creo) “mijito, trépala al autobús y dile al chofer dónde la baje”. Y pues va, que me subo al autobús. El autobús daba vueltas y vueltas y vueltas y las calles para mí no tenían sentido. Luego empezó a entrar en zonas medio feas, y que se veían más tradicionales: cada vez se veían más mujeres con el cabello cubierto, cosas así. Yo me estaba friqueando bien cabrón, no hay otra forma de decirlo. Total, luego de lo que pareció una eternidad (que fueron como 25 minutos) se acabó la ruta del camión: uta, yo pensaba que el señor me iba a decir dónde bajarme. Sólo quedábamos un pasajero y yo. Tons que el chofer me pregunta (yo creo) “pa’ dónde, mi reina?”. Y yo contestaba “anlamiyorum” wich means “what the fuck are you saying?” jajaj no, en realidad es “no entiendo”. Total que se me ocurre enseñarle la libretita con la dirección de la jodida paquetería y sí, estaba ahí, donde se terminaba la línea del bus! Resulta que era como un parque industrial, desieeeerto y vacíiiiio, así como de peli de zombies. El chofer del bus le dijo a mi compi (el único que quedaba en el camión) “sobres cabrón, llévala a donde va” (o algo por el estilo). Mi compi bien buena onda me encaminó y me dejó en la puerta de la paquetería, unas tres cuadras después. Cero inglich, of course. Lo bueno es que de perdido las gracias sé dar en turco.
Abrí la puerta de la paquetería, maldiciéndome por no haber preguntado por teléfono si recogían paquetes antes de lanzarme a la chocoaventura, y los cinco cabrones se detienen así como estatuas de hielo y me miran.
“English?” les pregunto.
Y me miran. jajajajajja
Y los miro.
Y nos miramos.
Y nos reímos.
Y me ofrecieron un cigarro.
Traté de explicarle a señas que quería enviar unas pinches llaves a Suiza pero no jaló, tuvieron que hablarle a un vato que hablaba inglés, al que le expliqué lo que quería y posteriormente él les explico. Ok, el envío, listo, finalmente. Y la regresada, apá…
Les pregunté cómo fregados regresar a la civilización, y uno dijo que me daba un ride a la parada del bus, me subí a la camioneta y arrancamos, cuando de pronto sonó su teléfono. No sé qué dijo. Luego colgó, volteó y me miró y dijo: semsiye. Lo cual es bueno, porque es una de las pocas palabras que sé: paraguas. Se me había olvidado el paraguas y regresamos por él. Ya luego me dejó en la parada, me dijo cuál bus tomar y ya está. Una hora y veinte minutos después, estaba de vuelta en Eminönü. Espero que Simonito me compre un lindo, lindo regalo de cumpleaños, jaja.

Luego me lancé al Gran Bazar, que es uno de mis lugares favoritos en el planeta. Quizá mi favorito. Lo describiré en una palabra: CHACHARALANDIA. Colores, olores, sonidos, texturas, TODO. Ese lugar tiene de todo. Bueno, pues el año pasado que anduve ahí con el C.C. encontramos una tienda de antigüedades otomanas, más chácharas, pues. Y yo moría por encontrar ese lugar: no lo encontré… PERO encontré un pasillo como con 5 tiendas que vendían lo que en esa tienda! Dicen que el Gran Bazar tiene alrededor de 4 mil puestos: oro, plata, antiguedades, cerámica, telas, tapices, comida, instrumentos, etc. Total que me aventé literalmente a ver las chácharas turcomanas, porque son las que usamos para el bellydance tribal :D y encontré cosas muy lindas… me atendió el dueño, nos hicimos cuates y me pichó la comida, quéeee taaaal!! Primero me ofreció té, que es lo que le dan a los turistas en el bazar, pa’ entretenerlos y que compren. Me tomé mi tacita de té, le dije que ya me iba porque tenía que comer y el me dijo “a ver, qué quieres? kebap, hamburguesa, kofte, etc etc” y yo “pues kebap” (pensando que me iba a decir dónde comprarlo) pero le habló a su achichincle y le dijo (yo creo) “achichincle, tráele un kebap a la señorita”. Y me dijo que me sentara y me estuvo platicando sobre las cosas que vende, que vienen de Afganistán, Turkmekistan (ni sé si se escribe así, jaja) y de muchos lares bien locos. Cuando llegó el kebap no me dejaron pagarlo y hasta me regaló una coca -claro, una Cola Turka :D Le dije que por qué había sido tan amable (pos total, le había comprado como 800 pesos, que no es poco pero tampoco demasiado) y dijo que él era el dueño y hacía lo que le daba la gana, jajaja.
Bueno, de ahí encontré otro puesto de chácharas de las que me gustan, y el vato (de 23 años) me contó toda la historia de su familia, que eran turcomanos, 7 hijos y cada uno tenía una tienda. Y esa tienda era la de él, que le iba super bien vendiendo su mercancía en Francia y en Italia, que él diseñaba los cintos (tribales, claro) y dijo que no iba a encontrar mejor mercancía y a mejor precio que la de él, porque era mayorista, etc.
Bueno, de ahí… caminé por un chorro de lugares cercanos, pasé por Hagia Sophia, la plaza de Sultanahmet, la mezquita de Sultanhamet, Yerebatan Sarayi, en fin, todos los lugares que visité con el Charly el año pasado (y te extrañé, mequetrefe!) y en una de esas, zas, que me pesca un vendedor de alfombras. Para esto tooodo mundo sabe que los vendedores son bien molestos, te ofrecen té, café, te engañan, te llevan a su tienda y casi te obligan a comprar. En este punto yo estaba super cansada y se me antojaba un café turco. Total que el vendedor ahí chingue y chingue, que nomás quería platicar conmigo, que me sentara, que un tecito… es más, te invito UN CAFÉ TURCO. Madres. Pos que guardo silencio, y ya, con eso demostré mi debilidad y pos que me meto a la tienda. Le dijo a su achichinle (creo) “achichincle, tráete dos cafeseses” y que me empieza a sacar plática, y claro, sale el tema de las alfombras y una que me quería vender en 100 euros terminó ofreciéndomela en 40. Pero no sé, mi sentido arácnido me empezó a paranoiquear, estábamos solos y el achichincle, y decían cosas que yo no entendía, y yo le explicaba y le explicaba que no pensaba comprar, que no tenía dinero… total como que se malvibró el asunto y pensé “qué chingados” y mejor me despedí, y cuando iba saliendo, ¿saben quién llegó? ¡pos los caféseses! tres tacitas de porcelana turca con sendos vasos de agua. Casi choco con el achichincle con la charolita con los cafeseses, y awwww me dio una cosa!! Me vió con carita de “¿no te vas a tomar el cafecito que te traje?” y casi me desbarato como cubito de azucar en té de manzana. Pero ni modo, ya había dicho que me iba y me fui, con esa sensación de que le había hecho el feo al señor con sus cafecitos lindos.
Pero no me quedé con las ganas, me fui a un cafecín al aire libre a un lado de Hagia Sophia y me tomé un café turco que me supo a gloria. Claro que no era gratis. Y seguí caminando por todos lados, llegué a un parque del que no recuerdo el nombre, donde el año pasado a Charly y a mi nos rodearon un montón de güercos curiosos que sólo sabían hacer tres preguntas en inglés. Sólo que este año estaba cubierto de tulipanes :)
Bueno caminé un friego, desde Sultanahmet hasta Eminönü y ya en Eminönü, que es de donde salen los ferrys, le estaba tomando una foto a la antigua estación de tren (ajá, a donde llegaba el Oriental Express) cuando vi que a un bolero se le había caído un cepillo de su caja. Sir! le dije, y le apunté el cepillo en el piso. Él me quiso agradecer boleándome los zapatos (agradecer, ajá) y le dije que no, que no tenía nada de dinero (y era cierto). Pero insistió, como diciéndome “tú me ayudaste, yo te sacudo los zapatos”. Así de a grapa, pos vale. Me contó que él es de Ankara, que allá tiene a su familia, que mucha gente se viene a chambear a Istanbul, que es mucho más populosa. Me sacudió y le dio brillo a mis botitas, y al final me dijo “five lira”. jajajajaj noooo mi rey, traigo *una* en el bolsillo y si quieres, porque yo te dije que no traía lana. Y pos se tuvo que aguantar. Pero yo honré su favor tratando de no pisar los charcos, jejeje.
Y esta es la versión resumida de mi día, porque como sabrán, aquí los días son de locos (y locas, como yo) y hablando de locas: cruzando la avenida que está frente a mi hotel, hay una calle que está llena de vestidas; como odian a las mujeres, si una mujer pasa por ahí en la noche, cuando las vestidas andan afuera, les avientan sus zapatos!! jajajaj qué genial :)
in transit
No deja de sorprenderme (aunque lo había dicho en facebook y además lo había twitteado) que el hombre de la aduana de Houston no supiera dónde estaba España. Al final le dije que estaba en Europa, y entonces me preguntó que si cerca de Amsterdam… wtf indeed.
Luego en España casi no me dejan entrar porque no traía una carta (??) de invitación hecha por mi amiga. Digo, no es la primera vez que entro a España, traía los sellos en el pasaporte y bueno, afortunadamente aprendí a mi padre y llevaba impresos todos los itinerarios de vuelo y la reservación del hotel en Turquía. Y aún así, no me quería creer que no pensaba quedarme de indocumentada en España, pardiez! Al final me dejó pasar, luego de 10 minutos de estar diciéndome “yyyyy… ¿cómo esperas que te crea que te vas a quedar con una amiga??” vieja mensa.
Pero bueno, estoy acá en Málaga, ayer caminé por el paseo marítimo (a dos cuadras de la casa de mi amiga) y hoy más tarde saldremos por ahí. Me caigo de sueño porque, aunque ya dormí, me levanté a las 12 pm de acá que allá son las 5 am. Jet lag a todo lo que da. Como sea, creo que en un par de días me acoplaré al horario. Luego las fotos.
