Que yo recuerde, ha habido poquísimos equipos en los que haya sentido verdaderamente ese utópico “trabajo en equipo”. Poquísimos. Y es que es bien difícil, no se los tengo que contar yo porque ustedes ya lo saben. La cosa es que mi obsesividad lo hace doblemente difícil para mí, porque usualmente quiero respuestas inmediatas, tengo poca paciencia pero tampoco quiero parecer grosera. Enviar un correo electrónico se convierte en un problema (¿no loa estaré fastidiando mucho? ¿se irá a enojar porque le insisto mucho en tal o cual cosa? pero es que sí me urrrrrge…) y entonces pienso que las cosas serían mucho más fáciles si las hiciera yo sola. No siempre, claro, existen honrosas excepciones de gente valiosa que conozco con la que he trabajado y ha resultado de maravilla.
Yo no sé, por más que en la escuela me lo enseñaron, nunca me ha gustado del todo. A menos que el interés del equipo sea verdaderamente único y fuerte, lo suficiente como para mantenerlos trabajando sin que terminen matándose unos a otros, es muy difícil que funcione. El equilibrio en estos ecosistemas es delicado, me ha tocado ser parte del quiebre de más de uno.
En fin, tendré que seguir haciéndole la lucha.
Apología del colchón como método de ahorro
Ya son muchas las historias de personas que han perdido los ahorros de una vida por guardarlos en el colchón. Pero es que cada que voy al banco me dan unas ganas de volver a las alcancías de cerámica que vendían en la feria. O hacerle un agujero a mi colchón.
Ahora la bronca es con HSBC: el 7 de abril fui a cancelar mi cuenta, y el “ejecutivo” que me atendió me dio un cheque de caja por el saldo que me quedaba y supuestamente cerró mi cuenta, hasta cortó mi tarjeta (de débito) y me dijo “ya está, es todo”. Muy confiada me fui a mi casa, y cuál será mi sorpresa al enterarme como dos meses después que la cuenta sigue activa y por supuesto, me siguen cobrando manejo de cuenta. De modo que ahora tengo un saldo negativo de 300 pesos. Llamé a bancanet, y me dijeron que ellos no tenían registrada ninguna cancelación, que fuera a la sucursal. Total, que hoy me lanzo a la sucursal y expongo mi situación. Me atendió una “ejecutiva”, y a un lado de ella, estaba sentado el “ejecutivo” que según yo canceló mi cuenta (que puedo equivocarme, sí, pero estoy casi segura de que es él). La señorita me dijo que *tenía* que pagar esos 300 si quería mi cuenta cancelada. Yo le dije que ni loca, que no es una fortuna pero tampoco voy a andar pagando por los errores de los demás. Total que lo único que pudo hacer fue darme el teléfono donde puedo colocar una queja para que hagan una investigación, la cual puede tomar hasta un mes.
Llamé a ese teléfono, y me dijeron que lo único que podía hacer es colocar una queja contra el ejecutivo que no me hizo bien el trámite. Pero pues, ¿eso de qué me sirve? Si ya hizo mal las cosas, yo no sé si eso mejorará la situación. Total que llamé a la sucursal y pedí que me comunicaran con “el ejecutivo” que yo creo es el culpable de mi situación… el tipo en cuestión dijo que seguramente lo estaba confundiendo, porque él había entrado en mayo y mi “cierre” de cuenta fue en abril… pero como es tan buena onda, me iba a ayudar. Así que quedé de llamarle mañana.
En resumen: ¿por qué fregados la gente no puede hacer bien su chamba? Todas las cosas que tengo que hacer por culpa de un tonto que un día tuvo hueva o no quiso preguntar el procedimiento, e hizo las cosas mal. Es tan molesto… porque mucha gente es así, no quiero decir que todos, pero ¿por qué chingados no hacen bien su trabajo? ¿qué les cuesta, hombre? Pero bancos al fin… que alguien mencione un empleado de banco que los haya tratado de maravilla, porque yo tengo sólo malas experiencias. Y no sé, de pronto me dan ganas de creer otra vez en la gente.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves
Anoche no pude dormir. Lo cual es raro, porque normalmente me acuesto y a los 3 segundos ya estoy dormida. Pero para mí, como para todo ser humano, supongo, es terrible no dormir. Yo creo que tiene que ver con que en mis años de estudiante casi no dormía: empezaba a leer o a hacer los ensayos por la noche, me despertaba temprano por la mañana y como si nada. Incluso recuerdo gloriosos días en los que pasaba toda la noche en vela haciendo algún trabajo final, y en la mañana iba a la escuela a entregarlo… no diré “como si nada” porque no es cierto, pero al menos podía mantenerme en pie, hablar coherentemente e incluso ingerir alimento. Digo esto último, porque ahora dormir mal implica despertar con el estómago revuelto y enfadado. No podré desayunar hasta dentro de unas horas.
Con el paso del tiempo -creo que cuando empecé a trabajar- me empecé a aferrar al sueño. Compré completita la idea de que debes dormir al menos ocho horas, de que si duermes temprano descansas mejor. Y cómo no creerlo, si a veces me tocaba dar clase de 7.30 am, y ya estaba del lado del maestro: tenía que brincar en una pata y hacer piruetas arriba del escritorio si quería mantener despiertos a mis alumnos. No podía simplemente, como cuando era estudiante, recostarme en el banco y fingir que ponía atención.
Total que tuve insomnio. Mucho insomnio. Recordé la observación de N sobre la inutilidad de luchar contra el insomnio, así que me puse a leer, y pude leer sin problema cuatro capítulos del libro, cuando normalmente leo uno y ya estoy bostezando (no que Pamuk sea aburrido, pero ese tonito de “cuando yo estaba chiquito me gustaba dibujar” sí suena a cuento de abuelito antes de dormir). El resto de la noche la pasé durmiendo a ratos. Lo peor es cuando despiertas y sabes que es muy tarde, o muy temprano según se vea, y quieres volver a dormir pero tu cerebro dice get this party started y entonces vienen así como avalancha el recordatorio de los pendientes, la reflexión sobre tal o cual tema irrelevante, el recuerdo de algún hecho vergonzoso, algún cumpleaños olvidado, en fin, bagatelas que van activando la conciencia por las razones más inútiles y que -otra vez- te espantan el sueño. Lucho contra eso, me concentro en algún paisaje pacífico, hasta le pongo música clásica que tengo guardada en el cerebro en algún disco de vinil viejito, y más o menos puedo volver a dormir. Hasta que otra vez…
Pero bueno. Puedo seguir quejándome por muchos renglones más, pero el asunto es que es un día ajetreado y tendré que aceptar mi ojerosa realidad por mucho que me pese. Además es una excusa perfecta para recordar ese soneto de Gerardo Diego, que alguna vez alguna persona inesperada me leyó por teléfono, pero eso es el detalle más irrelevante del asunto. No soy muy conocedora de la poesía, pero este es uno de mis favoritos.
Insomnio
Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves.
En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.
Saber que duermes tú, cierta, segura
-cauce fiel de abandono, línea pura-,
tan cerca de mis brazos maniatados.
Qué pavorosa esclavitud de isleño,
yo, insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por tu sueño.
fotos pendientes palacio de hierro
Del post de acá:


Palacio de Hierro: cáeme bien
Hoy vi algo que me cayó gordo. Me pareció estúpido y pretencioso, además de triste, molesto, etc etc etc. Resulta que en la nueva publicidad de Palacio de Hierro (a quien ya había criticado anteriormente por su mala publicidad) de su mentado libro amarillo (que es un libro con fotos y micro-mini textos sobre moda -o sea ¡una revista! DUUUH!) hay un panorámico que hizo que me infartara cinco veces: es un tipo sosteniendo este “libro” y tiene una frase que va algo así: “más vale 365 días de moda que 100 años de soledad”. WTF!!! Como diría el Piantao: ¿qué no ves que no estás viendo? De por sí está triste la cosa, y vienes a poner una nota que en otro contexto (menos jodido) podríiiiia ser medianamente divertida… pero NO lo es, NO en absoluto. Esto es una estrella más del canal de las estrellas, o sea, comentarios basura, destructivos, embarrados de la mierda cotidiana. Me enfada, MUCHO, y en muchos niveles. Esta publicidad es ofensiva, sí, sobrepone la frivolidad sobre un libro que dista mucho de ser “cualquier libro”; se pone encima de un libro que para mucha gente es importante -por decir lo menos. Sobrepone la frivolidad a la cultura, la imagen al texto, la pendejez a la inteligencia, lo innecesario a lo necesario, la mierda a lo sagrado. Y además se supone que es gracioso, que es simpático, que dices jojojó, sus publicistas son bien chispa.
A mi me enferma. Todo el concepto de que exista un lugar así, con una personalidad así, dirigida a un público así, me asquea. Sé que es sólo una pinche tienda más, de las miles que hay, pero su statement publicitario es francamente deprimente: nada importa, gasta un chingo, necesitas muchas cosas y tienes el dinero para comprarlas: cómpralas y sé feliz. Nadie te sacará de naco y feo pero al menos puedes presumir que tu bolsa/zapatos/whatever costó 3 mil dólares.
Quiero aclarar que no critico a toda la gente que compra ahí: sé que hay cosas que sólo ahí se consiguen, etc, el punto no es ese. El punto es que me parece odioso cuando la gente se embarca en este concepto y lo valida… al punto de que un panorámico como el que vi, les pueda parecer gracioso. Es bien triste, neta.
Y seguramente nadie se va a quejar. Nadie lo va a encontrar ofensivo, insultante, deprimente. No va a salir en los periódicos. Mucho menos en los noticieros televisivos. Porque son cosas que a nadie le importan, aunque deberían: como siempre, estas perlitas son reflejo de problemas mayores que están causando todo el chiquero que es este país actualmente.
Luego que pase de nuevo le tomo una foto, pero si les da curiosidad, vi uno por Morones Prieto/Santa Bárbara y otro en Garza Sada, no recuerdo a qué altura. Ahi si toman la foto antes que yo se las encargo, para ponerla en este post y vean lo que digo.
ACTUALIZACIÓN: Acabo de ver otro que dice algo como “las mil y una noches necesitan mil y un accesorios”. *PLOP*
viernes de variedad
Han sido días atareados, al menos dentro de mi cabecita. Con muchos pendientes pero pocas ganas de hacerlos. Lo interesante es que ya es viernes, lo que significa que mañana puedo aplastarme a leer cómodamente.
Ya tengo más alumnas en la clase de danza. Eso me hace muy feliz, porque siempre es mucho más padre dar la clase a varias y no a una o dos. Como que eso me llena de energía.
El miércoles descubrí una nueva forma de obligarme a hacer las cosas: hacer todo a la vez. Verán, yo me aburro muy fácil y pierdo la concentración muy fácil, sobre todo si lo que estoy haciendo no es de mi particular interés. Ese día por la tarde tenía que hacer tres cosas: traducir una entrevista, diseñar actividades de redacción y redactar una propuesta de beca. Lo que hice fue lo siguiente: traducía una pregunta, diseñaba una actividad, escribía un apartado de la propuesta y otra vez, traducía una pregunta, diseñaba una actividad y escribía un apartado. Al final del día no terminé, pero avancé en un 80-90% las tres cosas. Que de haber hecho por separado, no hubiera llegado siquiera al 50% de una. Soy bien cacica conmigo, pero me funciona.
Voy llegando de entregar la solicitud de beca. Me siento como… ridícula. Obviamente la idea me encanta (debe ser maravilloso que te paguen por escribir) pero al mismo tiempo me parece tan improbable… Llegué toda acelerada, recordé que no había llenado la ficha ni firmado las copias, ahí estaba toda hecha bolas con los papeles sobre el escritorio. Ni hablar. Total, sólo perdí unas horas de mi vida y máximo unos $200 pesos. Me sentí como si me hubiera inscrito en un concurso de comida, digo, técnicamente sé cocinar… pero es que es chistoso. Según mi percepción (y espero que ninguno de mis lectores se ofenda) ser escritor implica más que el sólo hecho de escribir. Tienes que venderte, andar diciendo por aquí y por allá que escribes y que has concursado en tal o cual lado, asistir a los encuentros de escritores, reseñarlos críticamente, es decir, según yo (y quizá estoy mal) no puedes ser escritor de clóset. Como yo, que le hice a la escritura cuando era adolescente y la verdad me fue muy bien, pero luego lo oculté debajo de la cama (o adentro del clóset) como si fuera algo vergonzoso. Porque claro, llegué a cierto ámbito o a cierta edad o a cierto momento de la vida en que como escritora, se esperaban de mí ciertas cosas, pero yo no cumplía los requisitos. Y fue ahí donde decidí cambiar de profesión: yo no soy escritora, soy lectora, señores. La verdad es que me desilusioné, y limité mi acercamiento a la literatura a mera espectadora.
Pero no sé qué me dio, que en un par de días ya estaba yo vaciando todas mis inquietudes en una propuesta de una convocatoria en la que nunca he participado. Por eso me siento ridícula, como cuando estás en la primaria y todos tus amiguitos llegan con las flamantes maquetas hechas por sus papás y tú te acercas con tu garabato de plastilina sobre un pedazo de cartón. Ay, qué tragicómica soy.
El punto es: lo hice. No se hable más del tema. (Carpetazo).
He estado oyendo música muy chida (o sea, es que yo siempre oigo música muy chida, ja) de bandas mexicanas. No las voy a poner todas, pero dense un quemón con este video de Radaid. La canción se llama “Agatini Nayaguagani”, y no sé en qué idioma esté cantada, ni sé lo que dice, pero para mí el video trata sobre un escritor buscando a su musa.
Si les gustó, escuchen este cover de Pedro Infante (yo la conozco con Pedro Infante, no sé si alguien la ha cantado antes) “Deja que salga la luna” -Actualización: ya me dijo Joserra que es de José Alfredo Jiménez. Esa voz me pone la piel chinita.
