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mucho antes

Ayasofya

Y en honor al post anterior, una foto viejita de Ayasofya, tomada alrededor de 1850-1900, antes de las hordas de turistas y vendedores. N me pasó un link con unas fotos chidísimas de la vieja Constantinopla, que en serio tienen que ver.
Aquí les dejo una.

Hay lugares que nunca dejan de sorprenderme.
Bueno, ya entrados en gastos les dejo otra de las fotos, esta es del interior de Ayasofya.

Y finalmente, esta es una que tomé en el último viaje, en julio de este año. No se compara con las anteriores pero hacer contrastes temporales me divierte.

Estambul, cuadernos nocturnos

Pero a veces la noche no es remolino ni vértigo de deseos que se persiguen unos a otros, sino abismo. El lago negro en el que flotan emociones que carecen de nombre, las telas rotas de nuestras acciones inconclusas, las posibilidades irrealizadas. En ese punto aparecen las palabras que nos faltan en el día (…) Y es esa claridad exacerbada la que nos impide dormir, el convencimiento de que en cada parpadeo el universo se desplaza unos milímetros más y que en ese pliegue puede estar aquello que buscamos sin saber siquiera su nombre, sin tener la más remota idea de lo que es ni dónde buscarlo, pero sí la sensación de que nos falta.


Al primer libro de José Manuel Aguilera Estambul, Cuadernos nocturnos no se le puede definir con un género, limitar con una forma o explicar de manera sencilla. En esas páginas muy blancas leemos las palabras que el autor, desde la mesita de noche o en lo alto de un vuelo, ha decidido sacar de su mente, aquellas que no han encontrado su música en las canciones de La Barranca o en otro de los tantos proyectos en los que participa. La música, como él lo dice, es intangible, por lo que aunque la compres, la censures o las restrinjas es imposible de poseer. Las palabras, por otra parte, no flotan en el aire sino que se quedan guardadas, tatuadas en el cerebro o en la página y se puede volver a ellas siempre, incluso en el silencio o en la oscuridad.

De un espacio oscuro (como la noche) o místico (como Estambul), desde una apreciación subjetiva (tu noche y mi noche no son las mismas, igual que tu Estambul o mi Estambul) y muy cercano a la poesía, José Manuel habla del amor, de la música, la vida, la gente, Dios: de todas las ideas que durante el día no ocupan más de un segundo en nuestra mente pero que de noche pueden llevarnos a reflexiones interminables. La forma no es relevante: a veces parecen anécdotas, a veces poemas, otras, tweets. Lo cierto es que la brevedad de su contenido es tierra fértil para la imaginación, la reflexión y el deleite.

En ciertas noches es posible ver lo que quizás en otras vidas te tomaría años.

Las letras escritas por José Manuel Aguilera siempre se han distinguido por ser elaboradas, poéticas, con muchas referencias a la literatura y a otros personajes o instantes de la historia, el cine, la música. Leer Estambul (…) es como encontrar en la semilla en prosa de estas letras, de las ideas que tomaron otra forma. Aunque breve en su forma y extensión, el libro nos permite adentrarnos en una intimidad cálida, humorística, a veces hasta sarcástica. La verdad es que además de ser un excelente músico, José Manuel Aguilera ha acertado también en la palabra escrita, probando tener un talento que no sólo se limita a la guitarra.

Un solo se justifica si se toca como un animal en extinción.

Muy bien por este primer solo en papel, que cumple absolutamente su cometido. Espero que no sea el último libro de él que veamos publicado.

Ficha:
Estambul, cuadernos nocturnos
Autor: José Manuel Aguilera
Ilustraciones de Claudia Sánchez
Editorial Rhythm & Books
Colección: La letra con música entra

Comprar:
* Página oficial de La Barranca
* Gandhi

Dos bandas góticas

The Beauty of Gemina

Por azares del destino conocí a la banda sueca The Beauty of Gemina (una historia muy complicada que se resume en que el vocalista de Mizan es productor de su último video) con su disco At the end of the sea, y bueno, me enamoré. En particular de una canción que se llama “Obscura”. No la encuentro en youtube, excepto por una versión en vivo en la Castle Party 2010. Pero si pueden consíganla, es buenísima. El sencillo de este disco fue “Rumours”, la que menos me gusta pero que tiene el video más lindo.


Su nuevo disco saldrá a mediados de enero de 2012, en este lado del charco lo traerá Metropolis Records. Este es el primer sencillo (muy bueno, por cierto), que también pueden descargar gratuitamente en su página oficial.

Lo que me gusta del sonido de esta canción es principalmente la voz, que me parece fascinante. Luego las guitarras psicodélicas, el sonido medio thecuresco y lo oscuro que suena la rola. Creo que en la etapa que estuve de pincha discos me avoqué mucho a los sonidos electrónicos bailables, buscando siempre novedades que pudieran ser un éxito en la pista y descuidé mucho otro tipo de sonidos, más ricos pero menos antreables. Ahora estoy volviendo a estos sonidos, y bueno, me encantó este proyecto.


El otro proyecto que también quiero compartirles es una banda noruega con vocalista orgullosamente mexicana. Todavía recuerdo cuando ella cantaba en la banda de mi hermano. Ensayaban en la casa. Los vimos tocar en diferentes lugares, y de alguna manera puedo decir que fui testiga de este proceso de “crecimiento”, llamémosle así, por algún tiempo. Por eso cuando, muchos años después, me topé con The River Knows, me impresionó escuchar a una Priscila Serrano muy madura, casi irreconocible (estaba acostumbrada a oirla cantar en otro tono) y muy gótica :)
Mi canción favorita de ellos se llama “The void”, pero en realidad las cuatro que les he escuchado son muy buenas. Quizá después de esta la que más me gusta es “Angel” (y “Fallen”. Esta última me parece así como score para una película o serie de vampiros). Las pueden escuchar en su profile de Facebook o de Reverbnation. Todavía no tienen disco, pero Priscila dice que saldrá el próximo año. ¡Esperemos que sí!

Los gatitos y el sol

Conforme nos hemos introducido en el invierno, el sol cada vez entra menos por las ventanas. Ahora son sólo unos cuantos puntos selectos en los que los gatitos pueden tomar su baño de sol. Beny empezó a tener el pelo tieso y un poco opaco, algo que nunca había sucedido, y me preguntaba si tendría algo que ver con una falta de vitaminas o qué sé yo. Le dije al Piantao que deberíamos llamar al veterinario, porque lo veía yo muy ñejito. Así quedó la cosa.

A mi no me gusta dejar salir a los gatos al balcón, porque los pájaros son muy cócoras y los cables están ahí, luego luego al alcance. Lo peor es que luego podrían saltar e irse, cosa que generaría mucho (mucho) drama. Así que siguiendo el tip de Edigator y una idea que ya traíamos en mente pero no quería concretar por lo visualmente poco atractivo que resultaba, cerramos el balcón con tela gallinera. Así es, el balcón se ha convertido en un… ¿gatillinero?
La noticia no pudo ser más feliz para los gatitos, porque el balcón es ciertamente el lugar donde más se concentra el sol a lo largo del día. Es un área pequeña pero creo que les gusta mucho. Beny (y todos) empezaron a tomar sus baños de sol, lo que inmediatamente repercutió en el pelo de Beny, dejándolo blanco y suave, como siempre había sido. Hasta a mí me dan ganas de salirme a tomar el sol, pero como la casa de enfrente sigue en construcción (grr) temo que los albañiles se burlen de mi bata de animal print fiucha. Así que con que salgan los gatitos me doy por bien servida.
He notado también que a veces salen a tomar el sol y luego de un rato se meten al cuarto todos tostaditos y se duermen en la cama (a la que no llega el sol). Luego salen a tomar el sol, regresan a la cama y así, como si se encontraran en un balneario alternando agua y sol.

Qué vida la de los gatos.

knit knit purl purl

Hace ya un buen rato, quizá unos dos años, que Beatriz me enseñó cómo tejer una bufanda. Inicialmente la quería hacer en esa cosa con ganchitos (telar?) donde supuestamente es más sencillo tejerla, pero cuando surgió la oportunidad de aprender a hacerlo con agujas como que se me hizo más reto y decidí entrarle. Entonces empecé a tejer mi primera bufanda por allá de… ni me acuerdo! y hasta la fecha no la había terminado. Pero ayer por fin le bajamos los puntos y le puse las tiritas de las orillas y tarán! Ya hasta la puedo usar.
Me obsesioné un poco y empecé a hacer la del Piantao, la tuve que desbaratar varias veces (not nice) pero ya por fin creo que voy bien encarrilada, será un poquitito más interesante que la mía (ya hago dos puntos diferentes en lugar de sólo uno) y además tengo otra en la fila, por lo que debo de ir a comprar un estambre que sea adecuado para el diseño. Ya hasta cuenta en Ravelry tengo. Espero poder aprender a tejer algo más que bufandas, me encantaría poder hacerme un chal :) y suetercitos para los gatos, aww. Nooo ya sé, una de esas colchas de cuadritos tejidos :O

La novela secreta del maestro Ramón

Nota aparecida en el periódico El Norte, sección Vida!. Diciembre 10 de 2011.
Gracias a Issa por el tip.

La novela secreta del maestro Ramón
por Daniel de la Fuente

Los maestros van y vienen por las universidades y de muchos se desconoce quiénes fueron, qué anhelaban.

Ramón Martínez Sáenz dedicó décadas de su vida a la enseñanza de literatura en el Tec de Monterrey, por lo que forjó a generaciones. Por ello, su muerte la noche del 10 de junio, justo hace seis meses, por problemas cardiacos, fue sentida por alumnos y ex alumnos, quienes rodearon su féretro con arreglos en los que le despedían con el apodo que le gustaba: “El Perro”.

Antes de morir, en Facebook, la escritora, y también profesora del Tec, María de Alva abrió un apartado donde decenas le escribieron simpáticos y sentidos comentarios: desde los apodos que él ponía, su afición por el cigarro y el uso de lociones, las frases lapidarias durante sus clases y cómo nunca olvidaron el amor con el que les inculcó la pasión por “Pedro Páramo” y otros libros.

En el alud de recados durante su internamiento, pocos le advirtieron a Ramón, de 65 años, que lo esperaban para que hiciera realidad algo de lo que casi no se sabía: publicar la novela La Noche de Walpurgis.

EL MAESTRO

Nacido el 11 de julio de 1945 en Monterrey, Ramón fue hijo de una mujer que trabajó en la farmacia de la Clínica 6 del IMSS y de un padre ausente. La mujer se casó con el abogado Álvaro Reyes Aurrecoechea, hermano de Alfonso.

Marcela, su media hermana junto con Álvaro, lo describe como un pequeño formado por su abuela materna, encargada de la farmacia del Hospital Universitario. De tan rebelde, “Monchón” fue enviado a los 11 años a una escuela militar en Guadalajara.

Pensó en estudiar psicología, pero terminó en filosofía y letras en la Universidad de Nuevo León. Gran lector, trabajó en escuelas antes del Tec, donde destacó por sus clases de literatura mexicana. Este empleo fue alternado con el de encargado de bibliotecas en hospitales del Seguro Social.

El primer infarto le llegó el jueves de Semana Santa. Uno nuevo terminó con su vida poco antes de cumplir los 66 años.

Marcela, quien pocas veces escuchó a Ramón hablar de una novela en proceso, le leía en el hospital algunos de los 187 mensajes cariñosos que le escribieron en el apartado en Facebook que administró De Alva.

Él, en tanto, miraba a través de la ventana. No volvería.

En el interior del ataúd, los familiares le colocaron entre sus manos el libro que él dijo tenerle un aprecio incalculable: una edición de El Lugar Sin Límites. Pocos, sin embargo, hablaron en su despedida de La Noche de Walpurgis.

LA OBRA

La ex alumna y estudiante de doctorado Xitlally Rivero, quien revisó la novela por encargo de familiares de Ramón, explicó que es una integración estética de lo que se le conoció como profesor.

“En ella confluyen sus conocimientos y análisis de la literatura mexicana; Juan Rulfo, Ignacio Manuel Altamirano, José Emilio Pacheco, Inés Arredondo, su María Luisa Puga, Cristina Rivera, David Toscana”.

El libro es, dice, en cierto modo, una novela de la literatura mexicana contemporánea desde una visión norestense, en la cual a lo largo de sus 143 cuartillas confluyen tres generaciones de la familia regiomontana.

“A veces cada línea va por cuenta propia, a veces se cruzan o se superponen, siguiendo ese viejo consejo de las historias subterráneas que caracterizan a muchas de las grandes obras de la literatura universal.

“Lo mismo encontramos a los personajes en una hacienda, que en un hotel de lujo o en un burdel de poca monta. Lo mismo asistimos a principios del siglo pasado que a este siglo 21. Pero más que este entramado, lo que salta es el estilo y tono con que Ramón supo caracterizar a cada tiempo”.

De esta manera, explica, a quien se le encontrara leyendo un fragmento de la primera generación bien podría pensar que está frente a una novela de la Revolución. Cuando se asoman los personajes de la segunda generación, ahí están ese tono realista y esas reflexiones sobre la cultura.

“Y si nos encuentran en las aventuras de la tercera generación, no habrá quien dude que leemos una novela mexicana escrita en los últimos años: por su temática, por su lenguaje, por los diferentes puntos de vista ya de uno u otro personaje, por los juegos a veces claros, otros no tanto, con la trama, por historias que se dibujan apenas y dejan al lector con esa sensación de que no se conoce bien lo que está pasando, lo que pasó antes del tiempo narrado, lo que pasará después”.

En la novela, cuyo título alude al de la noche de brujas en Europa Central, están hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales, tanto de Monterrey como los que llegan por diferentes causas.

Xitlally agrega que la novela de Ramón deja deudas: en los pies de página y en las últimas cuartillas promete más novelas.

La novela está concluida y la familia aún no decide cómo podría ser su publicación.