Porque son muchas las cosas que hay que hacer… muchos los detalles que debo tomar en cuenta. Cada tema de mi vida es como algo que no puede ser completado del todo. Tengo muchos planes, que en teoría debí haber iniciado en vacaciones, pero el mes ya lleva 14 días, ¡y todavía no puedo iniciarlos! Me siento todo el tiempo como Sísifo. Sí, esa es la metáfora perfecta: apenas termino una cosa cuando ya está otra enfrente. O en otros temas, avanzo y avanzo pero no logro llegar al final. Desde lo más complicado hasta lo más simple: todo implica detalles, tiempo, dinero y agobio. Hoy por ejemplo, acabo de ir al baño a hacer mi “rutina” de limpieza antes de dormir: lavarme los dientes y la cara. Pero mientras me quito el maquillaje, pienso que debería tener unas toallitas St Ives (que batallo mucho para conseguir) para desmaquillarme pero luego lavarme con el jabón hidra fresh para cutis mixto pero luego la crema vichy de noche pero aparte ¡ya tengo que usar crema para las arrugas! dicen que después de los 25 debes usar tratamientos preventivos… ¿y todo eso a qué horas? Junto con los tres millones de pendientes. Vean mi organización: tengo la agenda del trabajo, la agenda de la casa (donde apunto una idea global del día, en teoría), la libreta de la bolsa con los pendientes, la libreta que se llama “cosas que no debo olvidar”, más pendientes que registro en el iGoogle… y con todo eso, no me puedo organizar. Lo peor del caso es que conforme crezco, más obsesiva me vuelvo y todo lo que involucra mi vida, quiero vivirlo con una precisión y detallismo (sic) que nomás no alcanzo. Es como la vida en internet: blogs, google reader, email, twitter, messenger, fotolog, facebook, myspace… todos los días, a ratitos. Leer varios libros al mismo tiempo. Oír nuevos discos. Mantenerte al tanto. Trabajar 9 horas diarias. Meterte a varias actividades. Ver a gente que te importa. Tratar de comer sano. No sé si me explico. Es hacer todo al mismo tiempo y al final es nada. Así me siento ahorita. Ya son las 12.30 y mañana me levanto temprano… es completamente incompatible querer hacer mil cosas y además dormir saludablemente. Podría decir, qué diablos, y dormirme tardísimo y mantenerme artificialmente despierta. Pero luego me duele la cabeza y me pongo paranóica y en el peor de los casos, me provoco diabetes.
No sé si me explico. Es que hay tantas cosas por hacer, y tan poco tiempo… ¿podríamos tener días más largos? ¿más paciencia? ¿más dinero?
la lonja súbita y el misterio del cabello perdido
Estuve cerca de un mes sin hacer ejercicio. Nada. Comiendo todo el día, durmiendo hasta tarde, chocolates y dulces a morir, todo eso que hacemos en diciembre. El lunes regresé al yoga: me sentí feliz.
Paréntesis para explicar por qué me sentí feliz.
El yoga es un ejercicio bien chido. El lugar donde lo practico es muy lindo, acogedor. Mi maestra es muy buena (siendo maestra), y en su forma de ser. Pero a la hora de dar la clase no tiene piedad, y eso también me encanta. La gente es muy amable, se respira un ambiente de paz, huele rico y la música que ponen de fondo me encanta. El periódico mural tiene notas muy interesantes, y que propician la reflexión. Es una hora completa de tener el celular apagado, de olvidarme de lo que ocurre afuera y dedicarme sólo a mí y a mi cuerpo. Sudar. Usar ropa deportiva nueva (jijiji). Moldear el cuerpo. Todo eso.
En fin. Estaba feliz en mi primera clase de yoga del año, pagué el mes, ya, todo estaba listo. Empecé la clase, que obviamente sentí más pesada que las anteriores, porque como dije, tenía un rato de no hacer nada. Todo iba bien como hasta el minuto 34, en el que NO pude hacer una torsión, que regularmente me resulta muy sencilla. Intenté de nuevo. No pude. Hasta que caí en la cuenta: había en ese preciso lugar de la torsión un depósito de grasa que antes simplemente NO existía.
Paréntesis para quejarme.
Está bien que soy flaca. Estoy flaca anoréxica, flaca bulímica, flaca cadavérica, flaca esquelética, como quieran decirlo. Pero estaba más que claro que, oh sorpresa, había engordado. Cuando me di cuenta de eso, me traumé: nunca había tenido que proponerme disminuir cierta región de mi cuerpo. Antes de que empiecen a decir que eso no es engordar, les contradigo: sí es engordar. Hay partes en mi cuerpo que tienen más grasa (y se agradece) y otras en las que simplemente, no debería haber tanta. Al menos no tanta como para que me impidan realizar algo que hace un mes, hacía sin problema alguno. Y según el Diccionario de la Real Academia Española, engordar es “exceder el grosor corriente en su clase”. Mi clase es “extremadamente flaca”. Así que tengo derecho a decir que engordé :P
Y no conforme con que subí de peso (supongo, porque no me he pesado pero dadas las circunstancias es algo obvio) hace tres cuatro días que se me cae muchísimo el cabello. Regularmente no se me cae tanto, pero estos días la diferencia es para espantarse. Las razones pueden ser muchas: hormonas, exceso de acondicionador, estrés, resequedad, o a lo mejor nada. Y lo peor del caso es que cuando hay un pelo tirado, no puedo decir que no es mío (cuando realmente es mío, es evidennnnte).
Entonces, supongo, esperaré. A que el yoga haga lo suyo, la resequedad en el ambiente se termine y esperemos que eso sea la solución a mis frivolísimos pero importantísimos problemas.
un poco de juego
El primer post del año. Eeeeeh!
Ok.
Ya tengo Guitar Hero :D
El Piantado y yo lo compramos (bueno, el II no el III pero pss es lo mismo) en la módica cantidad de $400 (cuatrocientos) pesos. Esto porque supuestamente no funcionaba la palanca de la guitarra y por eso lo estaban rematando… pero qué creen. Que sí funcionaba, jojojo así que en vez de pagar $700 pesos cada quien (en el Sam’s el GH III costaba $1,400) cada quien puso $200. Y ya llevamos cuatro días jugando sin parar, jiji.
La nochevieja incluyó un poco de GH, por supuesto, y una deliciosa (y extraña) cena en la que participamos todos en la casa. Digo extraña porque no es como que todos los días cocinamos pavo, por ejemplo. De hecho creo que es la primera vez (bueno, quizá la segunda) en 18 años que tenemos viviendo en este rancho, que la pasamos en casa. Lo cual, por supuesto, fue muy satisfactorio, ya que además de la agradable velada y lo divertido que fue preparar toda la comida (toneladas), mis hermanos y yo tuvimos la posibilidad de salir de casa con los amigos después de las 12. Yo, como ya estoy vieja, había decidido no salir de casa porque me da sueño temprano y frío y cocha pacha. Pero CC, en su infinita sabiduría Jack Danielesca, me dijo “qué no vas a venir”. Y pos que nos lanzamos. Total que dos horas después de eso, ya estaba yo en casa dormidita, completamente sobria. La neta es que ya le tengo miedo a las crudas (quizá haga como CC y empiece a pistear puro whisky, que según él no da cruda).
Contrario a lo que puedan pensar no la pasé mal, ni me arrepiento de no haberme puesto una guarapeta de aquellas. Les digo que ya soy cocha pacha. O mi gato me está poniendo el mal ejemplo.
Pero bueno. El asunto es que este año debe ser más divertido, siento que hay muchas cosas que todavía puedo hacer y no hago, que me siento vieja y atrasada (que no retrasada, eh, no confundir) y ya me ando cuidando de los viruses y las gripas (ya sé que no se dice así, hombre) y los excesos, y mi super ego (en el sentido freudiano) siempre me castiga con el látigo vigilante. Por eso, mi propósito de año nuevo será matar a Freud por enseñarme qué es lo que me pasa. Pero como ya está muerto, mataré entonces a mi super ego (o mi super yo, como le quieran llamar)… lo cual será extremadamente difícil pero haré mi mejor intento. También trataré de ser menos ordenada, porque como sabrán los que saben, soy excesivamente ordenada en mis labores y mis pertenencias, y me encanta planificar todo, contemplar posibles escenarios y elegir las opciones más prudentes. Lo que por supuesto, convierte mi vida en dos cosas: a) un desmadre b) un calvario. La obsesividad no es buena, chavos. Ergo, venga el desmadre. Yo tengo que entrar en un proceso de desmadurización y perder al menos unos 9 años mentales (las encuestas dicen que mentalmente tengo 35). Físicamente… bueno, con decirles que todavía a veces me piden la credencial cuando compro alcohol :D y yo les digo “awww cueris miles”. La tarea de ustedes: ayudarme a desmadurar y convertirme en un adultescente. Jijiji. Todo la anterior es dicho un poco en broma y un poco en serio, saben, los blogs suelen ser buenos divanes pero pierden la eficacia cuando es un sitio público, porque la histeria se multiplica y entonces decimos que somos algo que quién sabe si seamos.
Pero cambiemos de tema porque me pongo a divagar y luego el post sale muy largo y algún psicólogo amateur vendrá a decirme cosas como alguna vez ya sucedió.
Conclusión: añade a la vida un poco de juego. Me lo dijo un amigo marroquí.
Hagan lo mejor de su vida en este año que apenas comienza. Toda mi buena vibra de aquí a los cables de red o modems inalámbricos.
click: Un poco de juego – Enrique Bunbury
Camino hacía la medina
me dijo un amigo marroquí:“¿Qué haces siempre tan serio? Así te vas a aburrir.
Que no te de miedo, te tienes que divertir.
Tengo cierto que lo que te cuento, no lo digo por decir.
Cuando menos lo esperes se acabó el tiempo,
añade a la vida un poco de juego.”Camino hacia la medina
me dijo un amigo marroquí:“¿Qué viene tanto lamento, para qué tanto sufrir?
¿Acaso crees que te miento? Yo llevo ya años así.
Y recuerda lo que te advierto, eso tuyo no es vivir.
Si apenas tenemos un instante, un momento
añade a la vida un poco de juego.Merece la pena el intento
y los regalos hay que agradecerlos
y ahora despierta de este largo letargo
y echa un trago de este remedio
que cuando menos lo esperes, se acabó tu tiempo,
añade a la vida un poco de juego.”
cambio de look
He aquí las tan esperadas (al menos por Marvin) fotos de mi nuevo cabello.
Esta foto es de como tenía el cabello antes del cambio de apariencia.

El blur que le puse en la cara para ocultarla no es más que pura paranoia mía, porque sé que cuatro de mis cinco lectores ya me conocen, pero pss, es la falsa impresión de anonimato, jaja.
Luego, así quedó después del extraño tratamiento que le hicieron el sábado pasado.


Corto y con pedazos de distintos tonos. Lo negro, pues es la raíz que todavía no me he decolorado, pero próximamente lo haré.
Y así se ve por atrás, recién planchado. Aunque por las capas, la planchada no es como que muy efectiva.

Estuvo medio dificil captar el color en una foto, porque si hay mucho sol se ve todo rosa, pero si hay poco sol se ve demasiado oscuro. Lo que no sé es cómo haré para que, después de decolorarme la raíz, me quede un tono así veteado pero que se vea como lo traigo ahorita… quizá deba invertir otro año y cacho haciéndome decoloraciones en distintas estéticas y usando diferentes marcas de tinte, para luego usar el color remover de goldwell :P
envoltura de regalos
A raíz de mi trabajo en el área de servicios educativos, he tenido que volver a las clases de kinder, a las tijeras y el pegamento, a las crayolas y la diamantina. Pensar en actividades creativas para los visitantes y en los respectivos materiales, me ha llevado a descubrir algo en torno a mi creatividad: que soy una completísima jota. Bueno, así me dicen que soy en la oficina para referirse a mis habilidades manuales (ejem) en la creación inmediata de moños, envolturas para regalos, decoraciones para la pared, periódicos murales, tarjetas de cumpleaños y cualquier chuchería que implique empuñar unas tijeras y una pistola de silicón. Yo no pensé que la tuviera, y mucho menos mis compañeras de trabajo que creen que bajo esta apariencia “ruda” y “friki” no existen sentimientos ni emociones (jujuju) que pudieran manifestarse en joterías.
Pues sí.
Entonces hoy anduve de compras porque teníamos que envolver un regalo muy importante (por supuesto que existe tal cosa!) pero en ningún lugar encontré nada de lo que necesitaba, ese es el problema de ir con una idea fija en la cabeza. Así que terminé envolviendo relativamente bien el regalo, con una envoltura que me daba miedo pareciera regalo de bodas. Ush.
Conclusión: aprehensividad y creatividad no deben ir de la mano JAMÁS, o te tardarás dos horas dando vueltas por el centro en busca de la envoltura perfecta que al final distará mucho de ser perfecta a pesar de lo que los demás digan.
magentuosa moradosa
El sábado fui a la estética (por fin), luego de una larga búsqueda. ¿Qué me inspiró a ir precisamente a esa? Pues que la chava se portó buena onda cuando fui a preguntarle cosas, y se ofreció a cumplirme mis caprichos capilares. Así que el sábado a primera hora (o sea como a las 11) ahí estaba yo en la estética.
Martita, la chica en cuestión, procedió a iniciar el largo proceso que iba a sufrir mi cabello. Lo primero era aplicar un removedor de color marca goldwell, que funciona de una manera muy fresa: no es un decolorante, sino un producto que cambia la polaridad del tinte y el cabello (?) haciendo que se repelan (?!) o alguna jalada por el estilo. El punto es que no opera como un peróxido porque no es decolorante, sólo te permite “empezar desde cero” y eliminar el tinte viejo y que ocupa espacio en tu cabello, etc. La idea era reaplicar el magenta para que se viera más brillante.
Luego de que me lavó el removedor de color, procedió a secarme el cabello. Yo estaba extrañada porque veía mi cabello más oscuro… y pensaba que se iba a ver, no sé, amarillo o rosita clarito. Pero no… la secadora lo fue revelando poco a poco… vi unos pedazos magenta y otros… ¡morados! y otros más que se veían… ¿azules? ¡azul casi morado!
Martita y yo estabamos con cara de what?!… el color estaba muuuy chido, in-lograble con cualquier sistema de teñido o tinte. ¿Y si me lo dejas así? y me le das un corte chido.
Resultado: mi cabello es tornasol! Depende de cómo le de la luz, se ve rosa, violeta, morado, magenta, morado azuloso… y además, está bien cortito!! Me hicieron un corte así como en capas… mi cabello estaba casi hasta la cintura, y ahora lo tengo arriba de media espalda. Me siento rara… vi los larguísimos mechones caer… cientos y cientos de pesos en decolorantes, tintes, tratamientos y estéticas resaltaban en el piso. No me dieron ganas de llorar, hasta eso. Lo que sí es que me va a tomar al menos dos años recuperar el largo que traía… me siento bien. Rara. Como más ligera. Luego les enseño unas fotos.
